MCEP-IMAGEN POÉTICA-39

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A veces los amigos me preguntan cómo me las arreglo para trabajar en la escuela y para tenerla llena. Insisten para que les escriba un método, que les indique con precisión los programas, las asignaturas, las técnicas didácticas. Se equivocan al formular la pregunta, no deberían preocuparse por cómo debe enseñarse en la escuela, sino por cómo debe ser uno para poder enseñar. Con estas palabras presentes en mi mente esta mañana he hecho mi elección. Te adjunto el informe del «primer día como una semilla», que he escrito al volver de la escuela..
Buen trabajo y un abrazo
. Mario Lodi- Carta a Katia-1964

¡Porque tú no me mandas…!
Yo tenía 24 años.
Yo tenía mi segundo embarazo.
Yo tenía una tutoría.
Yo tenía que ir tres tardes a la semana, de 17 a 21,  para hacer la especialidad  de E.I.
Era el curso 1982/1983. Yo tenía todo eso y  tenía la vida por delante…
El “cole”, por llamarlo de alguna manera, eran 13 aulas prefabricadas que habían hecho en el pueblo de Coslada de Madrid. Mucho boom infantil que era necesario escolarizar, como fuera.
En este contexto, la inspección vino al cole el primer día de septiembre con  la lista de las 13 maestras allí destinadas: Te ha tocado ser la directora, tú número de registro es el más antiguo– me dijo sin darme opciones. Le dio igual mi situación, las tardes ocupadas, la lejanía a casa.
No teníamos persona conserje
No teníamos ninguna hora libre para hacerlo.
No teníamos máquina de escribir, ni de fotocopiar.
Yo, con 24 años, tampoco tenía una brújula como Meryl Streep en Memorias de África, y estaba a punto de perder a Robert Redford. (Pero esto aún no lo sabía y, además para esta historia no es significativo).
Teníamos las ganas suficientes, otra compañera y yo, de tirar con la historia. Yo me cogí el aula que estaba más cerca de la puerta de entrada, con 28 niños y niñas de E.I. de 5 años.
Fueron pasando los días, con el estar y ser  habitual de las personas que vamos aprendiendo mientras hacemos cole y escuela. El trabajo era enorme, y disfrutábamos.
El lunes de cada semana faltaba una compañera, la mayor de todas, que tenía de aquella 42 años. Todos los lunes faltaba. Algunos viernes también. Repartíamos  al alumnado entre las otras clases.
En diciembre, después del puente de la constitución faltó dos días más. Cuando llegó al cole, entró corriendo como siempre, como de puntillas. Ese día sus niños y niñas ya estaban repartidos y cuando la oí pasar de puntillas (yo tenía la puerta abierta, porque era también la conserje).
La llamé muerta de nervios y vergüenza. Quienes me conocéis a lo mejor sabéis que ni me gusta mandar, ni dirigir, ni estar en púlpitos ni tarimas. Pero sentía la necesidad de que había que resolverlo.
Sin brújula que me orientara, de aquella, el conflicto me producía mucho temor.
-Buenos días. ¿Por qué estás faltando tanto?- le pregunté.
-Porque no me mandas, ni me obligas- respondió, como diciendo “Lo bueno si breve, dos veces bueno.”
Yo miré hacia atrás, pensando que había alguien que le tenía que mandar venir al cole, a estar con sus niños y niñas, pero no encontré a nadie. Me lo debía estar diciendo a mí. En ese momento tuve montones de sensaciones  e de ideas por la cabeza, pero solo solté dos con el tono respetuoso y regado de nervios:
-Soy maestra, no elegí ser tu policía. En el recreo nos vemos y escribimos una carta.

Cuando llegó el recreo, cogimos el folio y el boli.  Le pregunté si quería escribir ella la carta contando lo que pasaba. No quiso, y yo la escribí.
En la carta, dirigida a la inspección, tras los saludos y presentaciones , le puse la relación de días que había estado sin venir, y la causa que ella me dio:”Porque me he echado un novio y tengo derecho a disfrutar la vida”
Al final añadí que ella necesitaba que la obligaran para venir al cole, y que yo no sentía con esa obligación, ni lo consideraba mi función.
La carta fue firmada por las dos. En el caso de que faltara más días la enviaría.

Ella no volvió a faltar. Yo me quedé con sabor amarguísimo en la boca. Desconocía esa realidad de las personas donde si no te mandan, no haces.

Esta historia pasó. Pasó así como os la cuento. En ocasiones la he recordado, en más de una y de dos.

La escuela como transformadora de la conciencia individual, que colabore en la construcción de seres humanos capaces de asumir las responsabilidades, los compromisos, que nos hagan caminar hacia una vida más sana, solidaria, justa.

En estos días de coronavirus me he vuelto a acordar. ¿De verdad nos tienen que mandar y castigar?
Un beso.
Buenas tardes, buenos, días, buenas noches

LupeMcepMadrid

PD:  a lo mejor es que hoy me he acordado, porque mi hijo cumple 37 años y muchas veces le he preguntado si se enteró de todo lo que vivimos ese curso. Recorrió muchos caminos y situaciones mientras crecía mi barriga. Alguna más os contaré otro día. ¡Felicidades Carlos! Tú no necesitas que te manden. Bss

Desde Huelva, pas(e)ando por Italia, Madrid y volviendo a ti.
Gracias por tu bella imagen, M. Jesús Feria.
Gracias por tus reflexiones,  Mario Lodi.
Gracias escuela, por enseñarme tanto.
LupeMcepMadrid.

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3 respuestas a MCEP-IMAGEN POÉTICA-39

  1. MGarciaH dijo:

    ¡Impresionante! y emoción

  2. Regina dijo:

    Me ha gustado mucho el texto. Creo qué está lleno de sabiduría y humanidad. Algo que solo se consigue cuando se está libre de de envistifuad externas de poder y autoridad. La sencillez que surge de la empatía y la inteligencia emocional, es la que ayuda a resolver las situaciones de conflicto. Una vez más nos das una lección de buen hacer

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