MCEP-IMAGEN POÉTICA-44

 

Todos los niños y niñas están potencialmente preparados, tienen curiosidad e interés para construir su aprendizaje. Loris Malaguzzi

El pais con el des delante Gianni Rodari
Juanito Pierdedía era un gran viajero. Viaja que te viaja, llegó al país con el «des» delante.
-Pero, ¿qué clase de país es éste?- preguntó a un ciudadano que tomaba el fresco bajo un árbol.
El ciudadano, por toda respuesta, sacó del bolsillo una navaja y se la enseñó bien abierta sobre la palma de la mano.
– ¿Ve esto?
– Es una navaja.
– Se equivoca. Esto es una “desnavaja”, es decir, una navaja con el “des” delante. Sirve para hacer crecer los lápices cuando están desgastados, y es muy útil en los colegios.
– Magnífico -dijo Juanito-. ¿Qué más?
– Luego tenemos el “desperchero”.
– Querrá decir el perchero.
– De poco sirve un perchero si no se tiene un abrigo que colgarle. Con nuestro “desperchero” todo es distinto. No es necesario colgarle nada, ya está todo colgado. Si tiene necesidad de un abrigo, va allí y lo descuelga. El que necesita una chaqueta no tiene por qué ir a comprarla: va al desperchero y la descuelga. Hay el desperchero de verano y el de invierno, el de hombre y el de mujer. Así nos ahorramos mucho dinero.
– Una auténtica maravilla. ¿Qué más?
– Luego tenemos la máquina “desfotográfica”, que en lugar de hacer fotografías, hace caricaturas, y así nos reímos. Luego tenemos el “descañón”.
– ¡Brrrrr, qué miedo!
– ¡Qué va! El “descañón” es lo contrario al cañón, y sirve para deshacer la guerra.
– ¿Y cómo funciona?
– Es sencillísimo; puede manejarlo incluso un niño. Si hay guerra, tocamos la destrompeta, disparamos el descañón y la guerra queda deshecha rápidamente.
– Qué maravilla el país con el “des” delante.

Desescuela 1

Llámame por mi nombre

He trabajado en más de 20 colegios. He empezado el curso en casi todos ellos. Cada persona tenemos una trayectoria profesional. Casi siempre la elegimos. Otras nos elige ella y la dejamos porque nos gusta.
Aprobé la oposición en ese momento en que a ciertas especialidades nos tenían muchos años sin destino definitivo, al menos en Madrid. Mi primer curso fue en el 78/79. Ahí estuve de interina, con ojos grandes y experiencia pequeña, aprendiendo lo que pude. Pase por un centro de Menores en Hortaleza, una escuela Infantil en Bravo Murillo, y un cole de Canillas donde dí Matemáticas a 8º curso (yo tenía 20 años. Ellos y ellas entre 14 y 16).
Después estuve entre provisional y suprimida. No os voy a contar los 15 primeros cursos porque os aburriría con las casuísticas que me sucedieron. Un día, antes del Concurso de Traslados me llamaron de la D.A.T. para preguntarme si sabía cuántos puntos tenía para concursar porque ellos no se aclaraban. Así que imaginaros.
Os cuento esto para contaros que he empezado el curso en muchos coles distintos. Pero, curiosamente, le fui cogiendo el gustillo, el “tronquillo”, como dice mi nieta, a eso de empezar de nuevo y de ver y vivir tantos coles.
Lo que hoy me trae la memoria es que cada vez que llegaba al cole me tocaba ese curso “que casi nadie quería” y, enseguida, me contaban cómo eran todos esos alumnos y alumnas, con esa “etiqueta”, a veces bien puesta, desde mi punto de vista, porque solo nombraba y no encasillaba, y a veces muy mal puesta por cómo te hablaban de esos niños y niñas “Que ya desde los 5 años sabíamos que no iba a llegar a nada”. Me podría desparramar por ahí, por la idea de que somos el espejo, uno de los espejos, de ese niño y de esa niña, y que ven lo que les reflejemos. Pero ese camino lo dejo para otro día.
Hoy me voy por otro.
Un año, de repente, al llegar, elegir curso y decirme que si me hablaban del grupo, o que si cogía sus expedientes y tal y tal, les dije que prefería esperar a conocerles.
Había aprendido a mirar a los niños y niñas con mi mente y corazón vacío de palabras y lleno de posibilidades.
Esperaba una o dos semanas, según fuera el grupo. Después escribía, normalmente en un cuaderno o folio, mis emociones con cada uno, mis percepciones, los tesoros que les había sentido, las dudas que me provocaban… y entonces ya miraba lo que había escrito de otros cursos anteriores.
Si os lo cuento es porque me abrió interiormente un mundo de posibilidades. Sin querer las palabras que oía o leía se me quedaban en la manera de mirar al niño o a la niña.
Aprendí a desetiquetar, y siento que nuestra escuela, o nuestra des escuela (con Rodari) tendría que ir desetiquetando a cada persona y abrirle un campo de posibilidades a todas ellas.
En el último grupo que tuve más tiempo (5 cursos), eran 29 niños y niñas. Fue en ese primer cole de Getafe al que vine, después de muchos años en Vallecas.
A los 10 días de empezar escribí cinco o seis líneas de cada criatura ( salvo una, que fueron dos folios). Al  cabo de cinco años, cuando me despedí porque me iba a otro cole, les escribí una carta personal que empezaba con lo que había escrito 5 años atrás.
Fue muy emocionante. Esos niños y niñas me siguen acompañando de distintas formas. Hicimos un recorrido bello y hermoso de aprendizaje.
La escuela que desetiqueta y amplia mundos y posibilidades acogiendo las diversidades de nuestras criaturas y sus formas de caminar y aprender, es nuestra escuela.
Gracias a todas esas personas por el trozo de vida que nos tocó estar muy cerca.

Desde Huelva, pas(e)ando por Italia y volviendo a ti.
Gracias por tu bella imagen, M. Jesús Feria.
Gracias Gianni Rodari por tus cuentos, tus libros, tus gramáticas de las Fantasías.
Gracias Loris Malaguzzi por tu hacer y tu Reggio Emilia.
Gracias a todas las criaturas que te enseñan a mirar las escuelas y sus ojos.
LupeMcepMadrid

 

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Una respuesta a MCEP-IMAGEN POÉTICA-44

  1. Regina dijo:

    Como siempre, disfruto y aprendo con tus formas de mirar y expresar. Hoy nos vuelves a abrir una ventana para mirar sin prejuicios y con la perspectiva de un futuro prometedor y abierto al descubrimiento.

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