SI ESTO VA A SER LA ESCUELA, NO ME GUSTA

Nos encontramos en videoconferencia hasta 16 personas del Taller de Tecnología Educativa del MCEP. Nos alegramos de vernos y saludarnos aunque sea a través de las pantallas.

Comentamos las distintas realidades con que nos hemos topado estos meses, como docentes y/o como familiares de estudiantes. Realmente son muy variadas. Se pone de manifiesto que poco ha tenido que ver por ejemplo el trabajo con alumnado de infantil y primeros años de primaria que con alumnado mayor de FP. Con alumnado pequeño uno de los problemas que se planteaba era la falta de competencias digitales, no ya de los niños y niñas sino de sus familiares, que deben hacer de intermediarios; y, sobre todo, con criaturas que echan de menos su cole, sus amigas/os y su maestra/o, que tienen necesidad de más contacto físico y/o miedos. Alguien nos contó que una de sus alumnas le dijo: «Si esto va a ser la escuela, no me gusta«, y es que, ciertamente, muchas de las cosas que se están haciendo están muy lejos de nuestro modelo de escuela, sobre todo para edades tempranas. Con ellas/os especialmente no cabía más que usar los medios que se tuviesen a mano para poder estar en contacto para que estuviesen animadas/os, para que fuesen felices; lo de menos eran las tareas escolares; se aprende de otras manera, en otros espacios cercanos y compartidos con las familias. Para ello había que usar los medios que fuesen más accesibles a la mayoría de las familias, aunque también estaba el criterio de la protección de la privacidad y la protección de los menores.

En el otro extremo están las/os mayores que han ido resolviendo las dificultades digitales que podían tener y se han llegado a construir aulas virtuales por videoconferencia en las que incluso se han potenciado las relaciones afectivas (si estas ya estaban construidas), además de servir hasta para incorporar a quienes no podían participar en clases en el aula por problemas laborales por ejemplo, lo mismo que ha podido ocurrir con alumnado que por razones de enfermedad no podía acudir a un aula real, lo que le hacía estar desconectado del grupo.

Pero, por encima de todo, detectamos esa gran brecha, y que gran parte de la misma realmente es una brecha social, de clase, económica, de género…, que se da en todo el mundo. Nos encontramos con familias que no responden a las demandas desde la escuela de que sus hijas/os se conecten y manden tareas porque no saben hacerlas, porque les es incompatible con teletrabajar, porque no están emocionalmente como para ocuparse de eso, con problemas económicos o de enfermedad, porque su situación les impide contar con los medios informáticos, porque no tienen las competencias digitales necesarias para ese tipo de uso de las redes, sino, también, porque viven en una situación social para las que la enseñanza que provee la escuela no es relevante…. Como no lo es para adolescentes desmotivados. No es, pues, solo una brecha digital, aunque lo digital incrementa la brecha. Esto en algunos ambientes está llevando a un abandono escolar enorme, que puede que sea difícilmente recuperable

Por otra parte nos damos cuenta de que como profesoras/es hemos hecho lo que hemos podido con lo que teníamos. Una parte del profesorado se está desviviendo, personalizando el aprendizaje, improvisando con los medios a su disposición y sufriendo, en ocasiones, un estrés tan nocivo como inútil (quizá no debemos hacer tanto, porque estamos cayendo en la autoexplotación y el agotamiento). Nuestro mensaje debe llamar a la tranquilidad, a no agobiarse, intentar relajar el ambiente que la obsesión por las notas y las tareas han creado, y animar en lo que se pueda a toda la comunidad educativa a intentar hacer solo hasta donde buenamente se pueda.

Consideramos que esta forma de trabajo que hemos tenido que afrontar ha desvelado muchas cosas relacionadas con el sentido y la forma de entender la educación que estaban ocultas, que esta limitaciones de ahora han puesto de manifiesto que se estaban haciendo muchas cosas muy mal, desde el seguir entendiendo que la docencia era el discurso en el aula, a la falta de competencia digital del profesorado y la inexistencia por parte de las administraciones educativas de una buena infraestructura de medios y redes informáticos con software propio que no ponga en riesgo la privacidad. Hemos constatado que las plataformas existentes en algunas comunidades son muy deficientes tanto desde el punto de vista técnico como de diseño y nada adecuadas para una práctica educativa ilusionante y eficaz; no son más que un soporte bastante deficiente para una fría enseñanza a distancia, que ahora hemos visto claramente que no tiene siquiera las características necesarias para una educación fuera de las aulas pero humanizada, unas tecnologías que no están bien implementadas para el sistema educativo en general y, desde luego, en ningún caso para niveles por debajo de bachillerato.

Aun así, compartimos experiencias muy positivas que nos tiene contentas: aulas donde se han seguido haciendo por videoconferencia asambleas semanales que funcionaban muy bien, en las que el alumnado respeta el turno la palabra, reparte roles de moderación o actas, se comparten sentimientos, se organiza el trabajo y se toman decisiones; periódico escolar, con textos, imágenes y vídeos libres del alumnado; publicaciones de los materiales elaborados por el alumnado en formato dibujo, texto, video… que es distribuido y compartido por ellas/os y su familia; o comprobar cómo aunque no nos toquemos también podemos tener relaciones afectivas.

Pero consideramos que tenemos que avanzar en hacer propuestas desde el MCEP, al profesorado, a las autoridades educativas y a la sociedad, propuestas y alternativas que debemos aprovechar para publicar en la web (que está recibiendo miles de visitas). Porque entendemos que en esta crisis, quizá muy preocupados por lo sanitario y lo económico, no se ha dado importancia a la educación, sino que simplemente se han intentado improvisar medidas para tener al alumnado y las familias con cierta ocupación y para justificar el salario del profesorado.

Pero ¿qué va a pasar después de todo esto? En septiembre la escuela no será igual que hasta ahora y tenemos que repensar nuestro modelo de escuela con los condicionantes sanitarios que se van a imponer. Esa vivencia de grupo, tan importante para el MCEP porque es donde el alumnado aprende, en la interacción con sus iguales, se va a ver limitada; esas clases donde no se va a poder compartir material, libros, donde la personas no van a poder tocarse… Todo eso va a plantear retos grandes para la escuela que queremos. Pero es más, posiblemente la escuela nunca vuelva a ser lo que era. No sólo van a cambiar las herramientas, sino la forma de hacer las cosas y de entender la educación. Ante la falta de una verdadera preocupación por la educación en la sociedad y en ausencia de una respuesta clara de la administración, nosotros/as tenemos que tomar la iniciativa y plantear una alternativa que sea una guía para la educación del mañana, para que ese cambio sea a favor de la educación en la que creemos, para una sociedad que es la que queremos.

Taller de Tecnología Educativa- MCEP

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Una respuesta a SI ESTO VA A SER LA ESCUELA, NO ME GUSTA

  1. MGarciaH dijo:

    Cuánta razón tenéis en ese análisis de la situación actual y de la nada importancia que las Administraciones le dan a la escuela. Bien venidas sean esas aportaciones de propuestas alternativas que tan necesarias son para la Escuela que necesitamos.

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