MCEP-IMAGEN POÉTICA-50

Son muchos los pensadores que nos enseñan que la identidad humana fundamental está básicamente en el cuidado, porque todos “somos cuidado”. Freire nos decía que nadie educa a nadie, que todos nos educamos entre todos. Nosotros podemos decir, desde la perspectiva que aquí quiero plantear, que todos nos cuidamos a todos y que hemos de prestar más atención a quien más lo necesita. El cuidado mutuo es una constante de nuestras vidas basadas en el reconocimiento de la dignidad humana. De distinta manera según el momento, es verdad, pero siempre y todos necesitamos cuidar y ser cuidados porque es la plasmación de amar y ser amados. Julio Rogero
“El cuidado es lo que permite la revolución de la ternura(…) , hace que surja un ser humano complejo, sensible, solidario, amable y conectado con todo y con todos en el universo. El cuidado ha dejado su huella en cada partícula, en cada dimensión y en cada recoveco del ser humano”. (L. Boff).

Sonidos de amor
Sonidos de dolor

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.
En los días de confinamiento, en el silencio de esta casa acostumbrada a las múltiples presencias, de las tantas y diversas familias que coincidimos a través de cocidos, visitas, juegos y otras excusas para encontrarnos… en aquellos momentos del silencio y confinamiento recién estrenado, un día, casi por sorpresa, descubrí los sonidos del amor.
Había cogido una bolsa llena de telas y lanas para guardar y, según subía las escaleras, empezó a sonar una música que llenó mis huesos de nostalgia, y mi piel de caricias.
Era uno de esos muñecos pequeñitos, casi sin forma definida, (podría ser un payaso de mirada fija, un cabezudo del país de Liliput, una muñeca hecha con un rollo de papel y miles de colores…)
Cuando llegué al cuarto donde suelo ponerme a escribir, lo saqué de la bolsa y lo coloqué en un lugar privilegiado: colgado de la puerta de la habitación, así cada vez que entraba a ella, me acariciaba el sonido del amor… y cuando sintiera nostalgia o deseos de ojos curiosos, solo tendría que acercarme, cerrar los ojos, y moverlo.

Supongo que éstas semanas de encierro, recuerdos, realidades y perspectivas, habrán sido tantas y tan distintas como personas y situaciones han existido: conozco miradas de tristeza de algunas abuelas de las de verdad (esas que tienen más de 80 años y han repartido besos y cuidados toda su vida) que han llorado muchas noches en la soledad de sus casas acostumbradas a ruidos, palabras, pasillos con carreras… Con esas cien croquetas guardadas en el congelador y asombradas de su larga vida… O esos lavavajillas que dejaron de usarse porque nadie los llenaba nunca… O esos jerséis a medio hacer a la espera de poder encontrar el hilo que se quedó sin comprar, o en la casa de su hermana…
Ha habido otras muchas otras casas que se han encogido en este confinamiento, porque nunca habían recibido a la vez a todas las personas que vivían allí… Esas casas de las camas calientes que de repente se han quedado estrechas, pequeñas, y preguntándose qué pasaba y cómo iban a ser capaces de acoger con cuidados a tantas personas…

O pienso en uno de mis últimos alumnos… Vivían 3 en un cuarto de menos de 4 metros cuadrados, donde se cocinaba, se estudiaba, se cosía, se jugaba…
O quienes dormían en aquel garaje, escondidos, mientras criaban al último de sus cuatro hijos recién llegado.

Yo hablo del sonido del amor, y lo hablo desde el lugar de privilegio en el que vivo… Pero según voy escribiendo me van llegando al corazón los sonidos del dolor, del hambre, de la pobreza, de la soledad de los bolsillos vacíos, y de las cabezas llenas de angustias, de miedo, de fracaso, de sueños rotos, de heridas incurables.
A esos niños y niñas que han sabido resistir las ausencias de alimento, de afecto, de cuidados necesarios, la escuela, cuando vuelva, habrá de saberles escuchar y atender la parte amorosa y afectiva y, en lo que sepa y pueda, intentar curar las brechas emocionales, de hambres y descuidos.
Es una labor de todos y todas… Acompañar el regreso a los caminos del amor que, a veces, también están en las escuelas. Aportar cobijo a nuestra infancia. Aportar confianza, escucha, presencia.

Desde Huelva, pas(e)ando por Vallecas, Getafe,  y volviendo a ti.
Gracias por tu bella imagen, M. Jesús Feria.
Gracias por tus reflexiones y tu presencia, Julio Rogero.
Gracias por los cuidados a las mentes y la naturaleza L. Boff
Gracias a todas las criaturas que nos invitan a buscar soluciones colectivas y justas.

Buenas tardes, buenos días, buenas noches

LupeMcepMadrid

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Una respuesta a MCEP-IMAGEN POÉTICA-50

  1. PacOsorio dijo:

    Es un regalazo leerte. Espero cada nueva entrega de “#imágenes poéticas” sabiendo que recibiré una caricia, un beso, un abrazo… siempre un golpe emocional que remueve conciencias y quehaceres… y en todas ellas lecciones de las que te atraviesan de parte a parte sin dejar tejidos en su sitio, de las que no se olvidarán jamás porque son vivencias auténticas de una buena maestra, maestra de maestras. Gracias Lupe por incidir cada día en los aspectos más importantes de la educación que, sin embargo, las más de las veces, se quedan fuera de las actividades escolares.

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