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La parentela
Somos familia de todo lo que brota, crece, madura, se cansa, muere y renace.
Cada niño tiene muchos padres,
madres, tíos, tías, hermanos, hermanas, abuelos, abuelas. Abuelos son los muertos y los cerros. Hijos de la tierra y del sol, regados por las lluvias hembras y las lluvias machos, somos todos parientes de las semillas, de los maíces, de los ríos y de los zorros que aúllan anunciando como viene el año. Las piedras son parientes de las culebras y de las lagartijas. El maíz y el frijol, hermanos entre sí, crecen juntos sin pegarse. Las papas son hijas y madres de quien las planta, porque quien crea es creado.
Todo es sagrado, y nosotros también. A veces nosotros somos dioses y los dioses son, a veces, personitas nomás.
Así dicen, así saben, los indígenas de los Andes.
Eduardo Galeano

 

¿Se puede?
Contigo aprendí.

Las familias de nuestra vida y de nuestra escuela

Tengo un amigo con el que aprendí a disfrutar de la Historia. Lo conocí estudiando segundo de Magisterio. Me enseñaba las revoluciones y las barricadas volcando la mesa del comedor donde convivíamos, haciendo tercero. Me situaba los tiempos pasados y los tiempos presentes.
Pasaron los años y nos seguimos encontrando.

Una vez nos fuimos un grupo de amigos y amigas a pasar un fin de semana a un maravilloso lugar, en la Sierra de Albacete, En aquella época la vida se me estaba atropellando y no me encontraba en un momento en que viera posibilidades de seguir para mi Norte, ni siquiera sabía si existía, porque la estrella polar se había escondido detrás de las nubes. No me sentía ni valiosa ni capaz. Mi mundo necesitaba demasiadas cosas para que me diera tiempo a ocuparme de mí.
Una noche, o una tarde, o una mañana, mientras charlábamos el primoroso grupo de amistades, no sé lo que yo diría, pero sí recuerdo lo que él me contestó. “ Lupe, sabes que soy republicano desde el corazón hasta la médula, pasando (o paseando) por la cabeza. Pero quiero contarte una historia: todos somos reyes y reinas, todos y todas tenemos un territorio a nuestro alrededor que es nuestro, sólo nuestro. En unas personas mide 30 cm. en otras, medio metro, en otras 2m …Cada una decide lo que quiere tener suyo, alrededor suyo. Cuando alguien quiere llegar a ti tiene que llamar a la puerta, y preguntar si puede pasar. Tú eres la que le tiene que abrir el paso, dar el permiso, y decidir hasta dónde quieres que entre esa persona. Que no se te olvide que, aunque los reyes no existen, tú eres una reina.”
De aquel encuentro hace ya más de 25 años. Cuántas veces lo he recordado y me ha acompañado en mi vida, dentro y fuera de la escuela.

Esta reflexión ha estado a mi lado en las relaciones con los niños y niñas, en las relaciones con las familias, en cada rincón de las escuelas.

A lo largo de estas  «titantas» imágenes poéticas, he tocado, directamente, muy poquito el tema de las familias, aunque cada vez que hablaba de un niño o una niña, siempre estaban las familias a su lado, dentro y fuera de las criaturas.
Y hoy, podréis decirme que qué tienen que ver las familias con “el reino personal de cada uno». Son las impresiones que me llegan, y atrapan por dentro, al pensar en escribir sobre ellas.

¿Cómo consideramos a las familias? ¿Qué lugares “les dejamos ocupar en la escuela”, hasta dónde las “invadimos”, “¿Qué papel les asignamos? Cuánto las consideramos y escuchamos? ¿Cuánto y cómo les preguntamos? ¿A qué las obligamos? ¿Hasta dónde aireamos y culpabilizamos sus vidas?
A veces he sentido, en los coles por los que he transitado, que era “como si” las familias estuvieran a nuestra disposición, «como si» las familias tuvieran que hacer lo que les dijéramos.
Cuántas sesiones de evaluación donde “la nota” del hijo (sobre todo cuando es entre cero y cuatro) va derecha a las familias… “Con la familia que tiene, si la familia actuase, ni se preocupan.»

Siento por dentro  un inmenso peso recordando  toda esa ristra de “deberes” que le ponemos a las familias, sin contar con ellas y, en muchas ocasiones, situándolas al otro lado.

Al otro lado ¿de qué?
De aquí no pases, reuniones de curso a la hora del recreo, reuniones individuales de 13 a 4 los jueves… Sin huecos de flexibilidad, adaptación, atención a las distintas realidades.

En este covid, las situación empezó sin muchas variaciones: Las familias no saben usar la aplicación y ya le he mandado tres tutoriales… (leo en un whatApp de profes), por no hablar de otras descalificaciones, desprecios, mandatos. He sentido dolor  en algunas lecturas, en algunas intervenciones de maestros y maestras, de administraciones… En estos últimos meses, he vivido las realidades de antiguos alumnos y alumnas, o de familiares, dónde la familia no ha sido preguntada, ni se ha llamado a su puerta, ni se le ha preguntado qué tal estás, hasta dónde puedo “pedir”, qué necesitas… Se llega a ellas, muchas veces, sin su permiso ni su consentimiento.

Pero en algunos coles, donde ya existía relación, o donde existía menos, han sabido compaginar y cuidar la actividad con las familias.En ocasiones, han descubierto historias que desde el aula no se ven, porque quedan ocultas, porque las familias no se atreven a contarlo, porque el profesorado no lo consifera necesario ni útil y, a veces, tampoco estimaque esa sea su función.

Me gusta sentir a las familias como parte de la escuela. Las familias son y están ahí, con cada niño y cada niña, con el cole, con el barrio.
En la escuela acoger a las familias, preguntarles, llamar a sus puertas, escucharles hablar sin juzgarlas, acercarnos hasta donde quieran o necesiten, ofertarles lo que tenemos con comprensión y dulzura, recoger lo que nos dan llenas de emociones.

El viaje por las familias en la escuela no precisa de rayas rojas, ni de puertas cerradas, ni están solo para hacer los disfraces, o la hoguera de la castañada. La familia, las miles de familias diversas (cuántas veces se nos olvidan las diversidades de personas, de situaciones, de vidas, de dolores, de sueños, de visiones…) son imprescindibles en la escuela, son la escuela junto con el alumnado, y todas las personas que de alguna manera aportan, intervienen…
Cuando una recibe a las familias, se sienta su lado, se miran, se acompañan, conectan, mira  lo que deseen mostrar » Solo quiero acercarme a tí, cooperar, estar contigo, trabajar contigo».

Entonces, el niño o la niña que está en nuestra aula, adquiere otra dimensión.
En mi vida profesional que he cambiado tanto de colegios …me era imprescindible siempre que podía, mirar a los ojos de las familias lo más pronto posible.
La escuela en la que la familia, las familias son parte tan esencial como los maestros y maestras, en la que las familias comparten, participan, toman decisiones, tienen iniciativas, actúan… la escuela que camina. Es la escuela que soñamos, y que  sabemos que existe.

Buenas tardes, buenos días, buenas noches

LupeMcepMadrid

Desde Huelva, pas(e)ando porUruguay, Getafe, Uruguay ..y volviendo a ti.

Gracias por tu bella imagen, M. Jesús Feria.

Gracias la Comunidad Educativa del CEIP Núñez de Arenas por su permanente apuesta por la vida, la educación, el buen trato, la inclusión…

Gracias a todas las personas que construyen día a día la escuela que soñamos.

Buenos días, buenas noches, buenas tardes.

LupeMcepMadrid

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