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“Pero una cosa le agradezco, y es el haberme enseñado a aprender por mí misma, leyendo y estudiando, y a escribir con letra clara. Y el haber mantenido vivo el deseo de saber”.

«Y yo no sé pelear. Lo único que sé es ir viviendo.»

«¿Quién te ha abierto los ojos?
Nadie. La experiencia. Más tarde o más temprano, todos acabamos por tenerla. Para eso, lo único que hay que hacer es ir viviendo»

«Bueno, llega un momento en que todos hemos de empezar a cambiar si queremos mejorar. Y nuestra propia persona es lo que tenemos más a mano».

«— En fin, ya sabes lo que pasa. Empiezas haciéndote una pregunta y luego te salen quince. Me preguntaba por qué necesitamos amor. Por qué sufrimos. Por qué somos negros. Por qué somos hombres y mujeres. De dónde vienen realmente los hijos. No tardé en darme cuenta de que no sabía nada. Y, si te preguntas por qué eres negro, hombre o mujer o planta, a fuerza has de preguntarte por qué estás aquí, sencillamente.

— ¿Qué crees tú?
— Yo creo que estamos aquí para cavilar. Y qué, preguntándonos por las cosas grandes, encontramos respuesta para las pequeñas, casi por casualidad. Pero sobre las grandes te quedas como al principio. Y cuanto más cavilo y me pregunto, más amor siento-“El color púrpura” ALICE WALKER

Nuestro Mcep *
Mce(p)dora

Hace muchos años, una Semana Santa de las que me quedaba sola por Madrid, aproveché, como tantas otras veces, para ir al cine y escaparme un poquito de la realidad que, a ratos, me dolía.
Uno de los días entré a ver “El Color Púrpura”. Recuerdo  alguna escena. Recuerdo la historia y la emoción. Recuerdo cuánto me gustó. Recuerdo la mecedora.
Estos días en que el confinamiento y el Covid me han llevado a una habitación propia, me vienen momentos de las vidas que he vivido. Las que compartí con el Mcep, las que no. Me venís muchas caras y abrazos, corazones, miradas y, casi sin querer, me he visto sentada en una mecedora y contándoles a mis nietas y nieto, o a mi hijo e hija, las historias que me van pasando por el corazón, por el cuerpo, por la mente.

Y las historias del y con el Mcep me recorren con frecuencia.

A veces estoy sola, sentada en la mecedora, cuando vuelvo de un Congreso y pienso en los buenos ratos, los aprendizajes y la maravillosa escuela que sentimos cerca;  y siento en el cobijo que me dio el Mcep desde el primer Congreso al que pude ir, el de Hernani.
A veces hay dos mecedoras, o tres, y estamos hablando en intimidad sobre estares propios, o sueños de adentro, o risas silenciosas que nos unen, o estamos calladas escuchando nuestro corazón latir.
A veces estamos en 10, 12 o 15 mecedoras, hablando de la lectura y la escritura, de las emociones, de cómo calcular el área del Mcep, del lugar de las mujeres, o la medida de los afectos en el aula. Son nuestros talleres en los que intercambiamos experiencias y debates de las prácticas.
A veces la sala se llena de mecedoras para debatir sobre nuestro presente y nuestro futuro como Mcep, nuestro papel en las escuelas, barrios, pueblos, ciudades; la presencia pública, la necesidad de difusión, o de reflexión. A veces las mecedoras resuenan y están deseando que terminemos y, en ocasiones, más de uno nos dormimos, con o sin ronquido.
A veces dejamos las mecedoras porque estamos moviendo el cuerpo, haciendo teatro, danzando, respirando, y juntamos nuestros cuerpos enteros creando historias.
A veces dejamos la mecedora vacía, escondida en el zaguán, porque nos vamos hasta las tantas a sentarnos por los bordillos de las aceras, las mesas de los bares, o apoyarnos en la barra, mientras solucionamos el mundo y, de paso, el Mcep.
En las mecedoras del Mcep hay mujeres, hombres, niños, niñas, jóvenes. Hay hijos, hijas, madres, padres, y cada vez más abuelos y abuelas (je, je). Hay acentos de cualquiera de los lugares de nuestra geografía humana. Hay colores y mezclas de todo tipo.
Hay mecedoras que se quedan vacías por unos meses, unos años, y luego vuelven.
Hay mecedoras que vinieron, estuvieron, lo dieron todo, y fueron volando a otros haceres y caminos. Están pintando un mundo mejor desde otros lugares.
Hay mecedoras que recorren todos los talleres y las hay de taller fijo.
Hay mecedoras que han ido restaurándose, cambiando el cojín, el asiento, el pañito que decora el respaldo.
Hay mecedoras que van y vienen, aunque siempre están.
Hay mecedoras que se han ido quedando vacías, y resultan imposibles de ocupar. Algunas nos dejaron sin preguntas, otras sin respuestas.
Yo he aprendido al lado de cada una de las mecedoras con las que he compartido taller, o cerveza, o paseo por las nubes, o encuentros, o risas, o dudas pedagógicas, o sueños de escuela, o llantos de impotencia, o poemas enteros, o versos sueltos, o experiencias de aula, o quejidos, o jeroglíficos vitales, o silencios reflexivos.
Se me ha olvidado contar que la gozo cuando visito las mecedoras de las escuelas de nuestros  meceperos y meceperas que están llenas de emoción, corazón, cuidado, sorpresa, apertura, disfrutes, entusiasmo, descubrimiento, investigaciones, conocimiento…
Y también la gozo cuando me siento en las mecedoras de los hogares de nuestras meceperas y meceperos. Cerca de sus chimeneas, de sus panes con manteca colorá, de sus pimientos en conservas, de sus cocidos montañeses, de sus amigos y amigas, de sus mayonesas hechas a mano, de las margaritas de sus jardines, de las patatas aliñas, de su música y sus libros, de sus árboles, de sus mares, de sus boquerones en vinagre, de su jamón de pata de colores, de su bacalao con patatas, de su mermelada de pimientos.

Gracias meceperos y meceperas. Desde esta mecedora / mecepera, hoy os traigo  por el corazón mientras me mece el Mcep.

Un beso mientras seguimos haciendo y meciendo nuestra escuela.
Mece(p)dora.

PD: durante esta última temporada me han preguntado qué era el Mcep. Hoy he querido explicar una parte de lo que es para mí. Bsss

*Movimiento Cooperativo de Escuela Popular

Desde Huelva, pas(e)ando por Georgia, Holanda, Ohio, Getafe, y volviendo a ti.
Gracias por tu bella imagen, M. Jesús Feria.
Gracias por tus reflexiones , tus libros, tus reflexiones sobre cómo cambian las personas y quñe les hace cambiar: Alice Malsenior Walker.
Gracias por maravilloso guión: Menno Meyjes
Gracias por esta película: Steven Spielberg

Gracias a todos los meceperos y meceperas con quienes aprendo y vivo.

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