HUELGA DOCENTE? (Juan Carlos Jiménez)

He de reconocer que me encuentro un poco incómodo con la convocatoria de huelga el primer día de clase.

No con los motivos, que son evidentes, ni con los responsables: el gobierno de esta Comunidad Autónoma que lleva mal gobernando la educación madrileña durante los últimos 20 años y hoy le pide al Ministerio de Educación que le saque las castañas del fuego cuando hace solo tres meses estaban como locos vetando al gobierno central y pidiendo la devolución de las competencias.

No sé a qué se habrá dedicado el gobierno madrileño en educación durante los últimos 6 meses. En mi colegio hemos recibido una decena de tablets, dos botes de gel, un paquete de mascarillas y un centenar de cómics de Marvel sobre el acoso escolar.

Estaría bien que, al menos, tomarán nota del protocolo de seguridad e higiene del gobierno de Cantabria que establece la cantidad y el tipo de mascarillas, batas y otros enseres que se suministrarán a cada profesional del centro y con qué frecuencia. Y que ese protocolo de seguridad fuera, también, una de las principales exigencias de los sindicatos.

El último anuncio de inversión presupuestaria educativa de la CAM que se conoce fue hecho en febrero de este año para anunciar que se financiarían plazas de bachillerato en la enseñanza privada concertada (listado).

A día de hoy desconocemos a qué se debe el incumplimiento del acuerdo con los sindicatos de enseñanza por el que tenían que haber aumentado 600 profesores este nuevo curso igual que desconocemos el destino de los 235 millones de euros entregados por el Gobierno estatal a la Comunidad de Madrid.

Y para mí este debería ser el primer punto de una plataforma reivindicativa seria: exigir que se cumpla el acuerdo firmado con los sindicatos y exigir que esos 235 millones nuevos se dediquen a contratación de profesorado que atienda a los sectores más desfavorecidos y necesitados, que se dedique a la compensación de desigualdades.

Para entender y compartir el malestar del profesorado con las condiciones de la vuelta a clase basta con un dato: mientras la Consejería de Sanidad prohíbe que haya más de 10 personas juntas en las terrazas, al aire libre, de un bar, la Consejería de Educación pretendía meter a 25 alumnos en un aula cerrada.

Así pues mi incomodidad no se deriva de los fundamentos ni las razones de la huelga. Es más me parece imprescindible que la población entienda que la causa principal de que la sanidad y la educación no hayan estado en mejores condiciones a la hora responder a la crisis sanitaria hay que buscarla en los destrozos que décadas de recortes, privatizaciones, corrupción y abandono han ocasionado a los servicios públicos en nuestra Comunidad.

Si matizaría algo, sería la plataforma reivindicativa. Ya he ido haciendo sugerencias en los párrafos anteriores. Una plataforma reivindicativa siempre es mejorable desde nuestros subjetivos puntos de vista, y a esta le ocurre igual.

A mí me gustaría que no fuese una plataforma tan clásica, casi intemporal, que parece soslayar la crisis económica en la que nos hemos metido y basa sus demandas en inversiones financieras en lugar de explorar otras soluciones como la reducción del horario lectivo o la colaboración de estudiantes en prácticas como se ha hecho en otros países europeos. O que no incide suficientemente en la necesidad de contar con amplias dotaciones de personal de limpieza durante todo el día.

Pero mí incomodidad tampoco está en la plataforma reivindicativa. Mi incomodidad se centra en la oportunidad de la huelga. Parto de la idea de que la enseñanza es un servicio público esencial y que nos encontramos en medio de una emergencia sanitaria que se ha convertido también en económica. Y que en esa emergencia solo nos queda que arrimar el hombro. Cada quien en lo que pueda.

Y hacer valer el derecho a la educación, el derecho de los niños y niñas a recibir una educación de calidad, que solo puede ser presencial.  No tengo claro que el derecho a la salud sea suficiente, seis meses después, para volver a suspender o menoscabar el derecho a la educación. Ha habido tiempo de hacerlos compatibles.

Por eso me siento incómodo.

Me siento incómodo no yendo a trabajar cuando otros trabajadores y trabajadoras sí que lo han hecho en condiciones tan inseguras, sobre todo al principio, como nosotros. Personal sanitario, farmacéutico, conductores de autobuses, repartidores, recolectores de fruta, trabajadores de supermercados… estuvieron trabajando en la fase más aguda del confinamiento.

Seguramente, incluso, los centros privados comiencen las clases. Y en julio abrieron nuestras compañeras de infantil. Somos tan distintos?

Sé que lo que nos preocupa y diferencia es la salud de los niños y niñas pero esa batalla no la debemos librar solos. Las acciones, necesarias, imprescindibles, de exigencia de un entorno seguro no deberían ser unilaterales sino estar acordadas y realizadas en común con las familias.

A pesar de esta incomodidad, iré a la huelga los dos primeros días convocados por los sindicatos si así lo decide mi claustro. Pero me parecía importante hacer llegar esta reflexión desde dentro, desde las reivindicaciones compartidas y no desde la otra trinchera.

Juan Carlos Jiménez (MCEP-Madrid)

Esta entrada fue publicada en Con Firma, Opinión, REFLEXIONES y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario