EN PRIMERA LÍNEA.Testimonios de docentes a pie de aula en el comienzo del curso más anómalo de cuantos se recuerden.

Algo más de una quincena de docentes, de todas las etapas educativas, pertenecientes al MCEP (Movimiento Cooperativo de Escuela Popular) hacen el relato de su primer mes de curso de forma conjunta, cuando el COVID19 sigue golpeando a la población de toda Europa. Incertidumbres, aciertos, frustraciones y sentimientos que se entremezclan para ofrecer la foto fija de cómo han vivido y viven una realidad compleja y diversa en estos momentos.

“De locura”, definen muchos y muchas de ellas el mes de septiembre. La mayoría han estado trabajando los meses de junio y julio intensamente para preparar espacios y organizar recursos, atendiendo a los múltiples protocolos de las Administraciones autonómicas para el comienzo de este anómalo curso. En su mayor parte, con quejas sobre la inacción de algunas de ellas, como Galicia o Madrid, con críticas a las improvisaciones de los últimos días, con la llegada de directrices que les tiraban por tierra las previsiones hechas con tanto esfuerzo. Las muchas reuniones hechas con las familias para darles su natural participación en las decisiones del Centro se veía que habían sido inútiles. Había que improvisar, encajar las directrices que llegaban de un día para otro.

La mayoría se han sentido poco respaldadas por las autoridades educativas. Una vez más,  las escuelas infantiles de 0-3 años siguen en el más absoluto olvido por parte de las Consejerías. Únicamente, las compañeras de la Comunidad Valenciana reconocen que se han sentido apoyadas y seguras con su Administración Autonómica. La cosa cambia cuando hablan de algunos Ayuntamientos o entidades vecinales.

Las primeras semanas antes de empezar las clases fueron para los y las docentes muy estresantes, con jornadas interminables donde había mucho que inventar, coordinar y preparar. Lo recuerdan aún como una verdadera pesadilla. Pero enseguida mencionan la compensación de poder abrir las aulas, de recibir a su alumnado, de organizar los espacios y dar tranquilidad y seguridad tanto a los escolares como a sus familias. Aún resonaban los ecos del confinamiento, meses atrás, con todas sus frustraciones. Son unánimes y se les abre la sonrisa cuando reconocen que a los niños y niñas  se les ve felices de haber vuelto, de estar con sus compañeros y compañeras, de aprender juntos. Bastante más relajados, conforme han avanzado las semanas.

Esto se debe a que, este septiembre más que nunca, hay centros que han cuidado especialmente la acogida de su alumnado, ocupando el tiempo suficiente en escuchar, restablecer vínculos tras el confinamiento y dinamizar las relaciones emocionales y de convivencia. Señas de identidad que no han querido perder.

El uso de la mascarilla causa estragos en algunos Centros que lo han hecho obligatorio en Infantil. Una barbaridad no justificada, toda vez que funcionan como grupos burbuja. Especialmente sangrante es el relato de una maestra de un grupo de 3 años que ha sido requerida por la Inspección por cambiar la ropa a las criaturas cuando han tenido alguna incontinencia, aduciendo la incompatibilidad de su actuación con las medidas higiénicas de obligado cumplimiento. Interpretaciones como ésa, llevadas al absurdo, menoscaban el derecho al bienestar, el cuidado y la salud de los niños y niñas.

En los grupos burbuja, en Infantil y Primaria, hay muchas variantes, dependiendo de en qué territorio y de qué Centros se trate. Más o menos abiertos estos grupos, algunas maestras han optado por situaciones creativas para normalizar la situación e incorporar las nuevas rutinas. Trabajar por proyectos, realizar las asambleas de aula, la asunción cooperativa de las tareas de mantenimiento del aula y compartir los materiales sigue siendo viable en gran medida. Pero es verdad que algunas formas nuevas han tenido que inventarse: mesas dispuestas en forma de flor, para trabajar en grupo pero manteniendo distancias; el “rincón verde” en el aula, a donde cualquiera puede ir individualmente y quitarse la mascarilla durante un rato; lotes de materiales y cuentos para cada día de la semana para guardar la cuarentena necesaria; “la enfermería de los juguetes”, para no utilizar en un tiempo; dinámicas y juegos divertidos sin contacto…

Cuentan con pena, eso sí, cómo han tenido que asumir ciertas renuncias que formaban parte de la línea del Centro. Por ejemplo, la jornada partida, las aulas materia o la participación presencial de las familias.

Especialmente doloroso y frustrante para el profesorado está siendo la enseñanza semipresencial en algunos cursos de la ESO y Bachillerato. Impotencia, desánimo y sobrecarga de trabajo para el profesor o profesora que tiene que desdoblarse para atender, presencialmente y “on line”, a los cientos de alumnos y alumnas que tiene. Algunas fórmulas se están experimentando, como la de establecer dos franjas horarias de tres horas a lo largo de las mañanas, a las que el alumnado asiste, una semana a la primera franja y la siguiente a la segunda. Esto permite en algunos institutos mantener contacto presencial diario con el alumnado, cosa que agradecen.

En los cursos de 1º y 2º de ESO ha sido posible en algunos casos trabajar por ámbitos de conocimientos, de forma que se reduce sustancialmente el equipo docente que le da clase al mismo grupo.

La acomodación de espacios ha dependido mucho de cada Centro. Cada cual ha sacado mayor o menor partido de sus posibilidades. Desde impartir Química encima de una tarima, en un salón de actos, con treinta alumnos respetando distancias, de forma que es difícil ver la cara a los del final, hasta aprovechar los jardines para las siestas de los más pequeñines, pasando por acondicionar patios para dar clase. Ejemplo de esta elasticidad y adecuación de los espacios a las nuevas circunstancias es una escuela infantil de Cantabria, que ha incorporado a su normalidad un “kit” formado por chubasquero y katiuskas para su alumnado.

Paradójicamente, algunos inconvenientes se han convertido en bondades. Desde un centro de Vallecas nos cuentan que, al no poder usar balones, el uso del patio está siendo mucho más polivalente y enriquecedor. Los grupos burbuja rotan por los diferentes espacios, de forma que en tres semanas han pasado por todos los ambientes, descubriendo posibilidades nuevas del lugar de recreo que antes no experimentaban. Fórmulas que han nacido para quedarse.

Pero no sólo ésta. Los grupos mixtos, formados por alumnado de distinto nivel educativo están siendo un éxito en los colegios que se han puesto a ello. Ya se hacía en grupos mezclados de edad en Infantil, pero ahora han organizado de esta manera algunos grupos de Primaria. Así, aparecen los “Pri-gundos”. Trabajando con técnicas Freinet y con un currículum inclusivo la heterogeneidad de edades, en grupos reducidos, no solo no importa, sino que es enriquecedora. Puede ser un buen momento para aprender de las escuelas rurales.

Ojalá venga para quedarse también la reducción de ratios. Permite un clima más distendido, menos estresante en el grupo, más calidad en las relaciones de aprendizaje que se establecen y disfrutar de tiempos desacelerados de calidad. Por primera vez, muchos y muchas docentes pueden aproximarse a la propuesta de Carl Honoré de la ”Educación lenta”, donde “menos es más”.

Aunque no en todas las Escuelas -y menos en los Institutos- se han desdoblado los grupos necesarios. En Galicia, por ejemplo, se encuentran, en algunos casos, hasta con aulas más sobrecargadas que antes del COVID. El profesorado prometido no ha llegado a todos los sitios. No se cubren a veces las bajas largas -o menos largas- de los y las docentes, hasta faltar nueve profesores en un solo centro. En Madrid, al menos, los contratos COVID cubren hasta diciembre. Es inimaginable lo que avecina en enero, si no se prorrogan.

Las comisiones de padres y madres en algunos colegios funcionan a medio gas, “”buscando fórmulas imaginativas como la de reunirse los sábados, cuando el centro está vacío, realizar reuniones telemáticas, contar con espacios exclusivos, etc.  Esta relación, que para muchas escuelas era muy estrecha, se está viendo muy perjudicada. Aún así, hay familias participando en organizar “Jornadas virtuales”, acondicionar patios o cuidar el huerto. Puntadas que permiten ciertas alegrías y una mínima sensación de que algo sobrevive en estos momentos de incertidumbre.

Lo que parece es que el profesorado, como el resto de la ciudadanía, valora más que nunca en estos momentos los aspectos más fundamentales de la vida. A pesar de la indignación por lo descarnado de las desigualdades y de los grandes frentes abiertos que tienen los docentes ahora, la educación toma un valor esencial como servicio público y en eso están muchos.docentes que luchan día a día por no retroceder en los derechos de la infancia, ni en los principios innovadores de la pedagogía que defienden.

MCEP- 23-10-2020

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2 respuestas a EN PRIMERA LÍNEA.Testimonios de docentes a pie de aula en el comienzo del curso más anómalo de cuantos se recuerden.

  1. M G -Madrid dijo:

    ¡Bravo! Porque en estos malos tiempos no perdamos en norte de la Escuela de que queremos.
    A seguir con esa fuerza.

  2. Daniel Ribao Docampo dijo:

    Incombustibles meceperos (MCEP) al pie del cañón educativo innovador (siempre experimental y cooperativo por definición) desde hace más de tres cuarto de siglo en España y siguiendo, contra todas las ventoleras y mareas, los pasos del secular Celestín Freinet

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