CARTAS A UN MAESTRO ( y III ) – Paco Olvera

Publicado originalmente en «en clase ideal.es»

Llegué a Coín en el curso 1977 como maestro definitivo. A lo largo de los siguientes cinco cursos, se conformaría la experiencia pedagógica que me hizo crecer como persona y maestro. Aquella clase fue bautizada por los niños y niñas como la “Casa de la Pradera”.

Un día revisando algunos de sus trabajos que aún conservo, sentí la necesidad de escribirles una carta. Al hacerlo me planteé dos objetivos, por un lado compartir mis recuerdos con ellos y ellas y por otro, el que esta carta pudiera servir como un documento pedagógico del devenir cotidiano de una clase seguidora de la pedagogía de Celestin y Elisse Freinet.

Al final de mi carta les animé a que escribieran sobre aquella experiencia. La respuesta ha sido bastante numerosa, pero como quiera que se repiten recuerdos y reflexiones muy parecidos, he preferido para no cansar mucho a los lectores y lectoras, agrupar las cuestiones más interesantes en varios apartados.

Ver:
Carta de un maestro a sus antiguos alumnos y alumnas»
Cartas a un maestro (I)
Cartas a un maestro (II)

 

De la escuela al instituto, al trabajo, a la vida

“Creo que en aquella nueva escuela aprendimos a pensar de un modo algo diferente, más abierto, más libre, más crítico. Luego, el paso del tiempo y otras experiencias y aprendizajes, como pienso que debe ser, han ido configurando nuestras personalidades, ideologías, fes…, convirtiéndonos a aquellos niños y niñas en personas con variados intereses, distintos niveles de participación social y política, diferentes adscripciones religiosas, vinculaciones políticas…, etc. Pero creo también que todos y todas conservamos la capacidad de hacer un análisis crítico de la realidad“.

Francisco José Enríquez ( Es psicólogo )

“ Siempre he pensado que aquella forma de educar, me hizo ser una persona con criterio. Aunque estudiamos de otra manera, salimos con las herramientas para enfrentarnos a la vida“.

Ana María Cordero ( Tiene una peluquería )

“ Cuando terminamos octavo, cada uno tiró para un lado. Yo me fui al instituto, aunque sabía que no iba a llegar muy lejos. Mi padre me dijo: “José, eres muy joven para trabajar. He hablado con Paco y me ha dicho que vayas al instituto, que lo intentes. Yo no podré pagarte una carrera, pero estudia y llega hasta donde puedas”.

En el instituto el comportamiento de la mayoría de los profesores era muy distinto a como habíamos estado en la escuela. Cada uno daba su hora de clase y se marchaba. Algunos no se llegaron a aprender ni siquiera nuestros nombres. Tan sólo había uno que si se preocupaba. Se notaba que le gustaba lo que hacía y nosotros con él nos esforzábamos más.

A nivel de preparación no noté diferencia con los niños de otros colegios. No era tan difícil, pero para aprobar con desahogo había que querer y tener convicción. Pero estar allí sabiendo que ibas a estar dos años, no animaba mucho.

Me salí en segundo de BUP y me fui a trabajar. Siempre he tenido mucha prisa para hacer lo que quería hacer, no para lo que debería de haber hecho, estudiar y haberme formado, no ya para médico, abogado, economista o cualquier otra cosa, sino para haber podido elegir, que creo que es lo más importante. Llegar hasta el final y una vez allí, poder elegir lo que quieres ser. “

José Solís ( Trabaja en la construcción)

El maestro con un grupo de alumnos y alumnas en 8ª de EGB (1982)

“ Sobre los alumnos que seguimos estudiando en el Instituto o en FP hay una cosa a la que Paco tenía que haber buscado otra alternativa. No sé si era su cometido o era del centro, pero nadie nos dio inglés. Creo que eso nos hubiera abierto otras puertas para nuestro futuro. Como digo, no sé quien sería el responsable de tomar esa decisión, pero el francés en mi caso me ha servido de muy poco. Muchos de la clase se fueron a trabajar a los hoteles de la Costa y cuando nos veíamos lamentábamos no saber inglés. “

Juan Pedro Guzmán ( Tiene un negocio de distribución de bebidas )

“Al final de los estudios de E.G.B, cada uno cogió su camino. Algunos han hecho carrera en la sanidad, otros en la hostelería, y otras como yo, somos amas de casa. Cada uno hizo lo que pudo ser. Cuando nos despedimos ese curso, todos llorábamos sin consuelo porque se iba nuestro profe y porque se terminaban aquellos cinco años maravillosos. De aquellas vivencias nos ha quedado una gran amistad y cariño para siempre entre todos los niños y niñas de la clase“.

Maricarmen Guerrero ( Ama de casa )

“ Aquella escuela ayudaba a los niños a decidir por sí mismos, fomentaba su sentido crítico y sus valores, decidiendo por nosotros mismos los temas de interés y los trabajos de investigación del medio, nos comprometían y nos responsabilizaba con los contratos de clase y la asamblea.

Aquellas enseñanzas me ayudaron a elegir un camino y una profesión. Estudié Empresariales y desde hace 30 años trabajo como técnica en una Administración Local. Sin embargo, lo que más valoro a mis 52 años, es que aquella educación, me enseñó a empatizar, a comprender sin perder el sentido crítico las razones de los demás, eso lo aprendimos desde muy jóvenes en las asambleas de clase.

Hoy tengo dos hijos y me encantaría que se educaran en una escuela que les transmita curiosidad y valores como lo hizo conmigo la Casa de la Pradera“.

Pilar Briales ( Técnica en la Administración Local )

“Nadie de fuera de nuestra clase, tenía confianza en que con aquel método de estudios, pudiéramos salir personas con grandes valores y profesionales para diversos trabajos, como administración, peluquería, esteticistas, enfermería, chefs y en algunos casos hasta creando algunas empresas“.

Santi Solano ( Auxiliar de ayuda a domicilio )

“Aquellos años en la clase los considero como una transición o puente hacia la persona que hoy soy. Lo mismo pienso de la trayectoria de mis compañeros, que se han formado como albañiles, mecánicos, enfermeros, dependientes, e incluso algún político. Sin embargo creo que todos sacamos de aquella clase, ciertos valores morales positivos, a pesar ser que seamos diferentes“.

 

El viaje de fin de curso, la primera salida del pueblo

Juan Pedro Guzmán.

“Uno de mis mejores recuerdos fue nuestro viaje de estudios a Granada que, aunque corto, fue muy intenso. Era mi primera salida sola del pueblo. Me acuerdo que había padres que querían venir con nosotros, porque no se fiaban de que fuéramos los niños solos. Mi madre era una de ellas. Pero los niños dijimos que no, que el viaje era para nosotros solos.

Además de estar en Granada capital, visitamos las Alpujarras y luego estuvimos dos días en un hotel en la playa. Por las noches cuando nos íbamos a nuestras habitaciones, Paco y Matilde vigilaban en los pasillos, pero a pesar de todo, algunos niños se pasaban de unas habitaciones a otras ya que los balcones estaban pegados unos a otros“.

Maricarmen Guerrero.

Viaje de estudios (1982)

 

Las evaluaciones de las tareas escolares

“Todos los trabajos que hacíamos en clase se valoraban colectivamente en la asamblea. A veces la clase no era justa poniendo las notas, ya que siempre le poníamos mejor nota a los niños más populares y menos a los que no lo eran tanto. A veces Paco intervenía para que las cosas fueran más justas.

Recuerdo una vez un trabajo que presentó Santos. Era un niño que casi siempre sacaba malas notas, pero ese día expuso un trabajo muy bien preparado. A mí me dejó sorprendido, pero la nota que le dieron los niños de la clase fue un simple nivel “normal“, (las notas en clase eran “alto”, “normal” y “bajo”). Recuerdo que ese día Paco intervino y dijo que Santos había hecho un trabajo magnífico y que él proponía ponerle mejor nota. Todos estuvimos de acuerdo“.

José Solís

 

Seguimos reuniéndonos

“Aunque han pasado los años, la mayoría aún seguimos en contacto. Nos hemos reunido en varias ocasiones para recordar aquellos increíbles y maravillosos años. Cada uno tenemos nuestras familias y amigos e incluso vivimos en lugares diferentes, pero siempre nos seguirá uniendo aquella experiencia de nuestra infancia en la “Casa de la Pradera “.

Santi Solano.

“Los encuentros que venimos teniendo son para mí una enorme satisfacción. He descubierto que a pesar del paso del tiempo, nosotros te llegamos a ti muy hondo, igual que tú a nosotros. Sé que no fui un alumno de los que más se implicara en la clase y que mi forma de escribir y las faltas de ortografía no eran mi fuerte pero aunque hace más de veinte años que no redacto nada, he querido responder a tu carta. Espero que no haya sido ni un aburrimiento, ni una pérdida de tiempo para ti  haber leído estas hojas. Por mi parte he intentado expresarlas lo mejor que he podido“.

José Solís.

Uno de los últimos encuentros de la clase (2019)

 

( Fin de la serie “Cartas a un maestro”)

 

Paco Olvera, licenciado en Historia, ha sido maestro  e Inspector de Educación. Escribe artículos, realiza vídeos y es autor de libros sobre temas de Educación, entre los que destacaría “La investigación del medio en la escuela

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