De la atomización a la organización colectiva: la huelga educativa en el País Valencià

Durante el 52 Congreso del MCEP, celebrado en Xàtiva, varias docentes de L’Horta Nord compartieron la experiencia de una huelga indefinida que fue mucho más allá de las jornadas de paro. Esther y María, maestras de primer ciclo de primaria de la Escuela Pública de Albuixech, junto a Rosella, Rafa y otras personas participantes, explicaron cómo, desde las primeras asambleas hasta la huelga indefinida, las acciones en los centros, las columnas comarcales, las votaciones al profesorado, la acampada educativa y las iniciativas creativas fueron configurando una forma diferente de organizarse. Nos hablan de movilización, pero también de organización colectiva, participación directa y recuperación de una conciencia común. El relato pone el foco en un proceso que permitió pasar de un colectivo docente atomizado a recuperar espacios de participación, decisión y acción colectiva para defender y fortalecer la escuela pública.

 

Cuando la movilización empieza a organizarse desde los centros

En el 52 Congreso del MCEP, celebrado en Xàtiva, una de las experiencias compartidas puso el foco en la movilización docente desarrollada en el País Valencià. Las protagonistas procedían de L’Horta Nord y querían contar no solo qué reivindicaciones habían llevado a la calle, sino, sobre todo, cómo se había construido el movimiento.

Esther y María, maestras de primer ciclo de primaria de la Escuela Pública de Albuixech, fueron las encargadas de explicar buena parte del proceso. La propuesta inicial era sencilla: compartir lo vivido y abrir después un turno de preguntas y conversación.

Las reivindicaciones eran amplias y afectaban a las distintas etapas educativas: reducción de ratios, incremento del profesorado, mejora de las infraestructuras, sustitución rápida de las bajas, reducción de la burocracia, más profesionales para atender al alumnado con necesidades educativas especiales y recuperación de la capacidad adquisitiva del profesorado. También ocupaba un lugar importante la defensa de la enseñanza en valenciano frente a la posibilidad de que las familias pudieran elegir la lengua de escolarización.

Pero el aspecto que las participantes consideran decisivo no aparece tanto en la lista de reivindicaciones como en la manera de organizarse.

La primera huelga, el 11 de diciembre, tuvo poco seguimiento. Después comenzaron a aparecer asambleas en los centros y en las comarcas. En febrero se fueron articulando concentraciones y acciones, hasta que entre marzo y abril empezó a consolidarse un movimiento asambleario que, según explicaron, fue el que terminó dando fuerza a las movilizaciones.

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De las asambleas de centro a la coordinación comarcal

En L’Horta Nord nació MOVEM, una asamblea comarcal que fue adquiriendo fuerza a través de distintas acciones. Al mismo tiempo, las diferentes asambleas se fueron integrando en la Coordinadora d’Assemblees Docents del País Valencià (CADPV).

La dimensión alcanzada por esta estructura resulta significativa: en el momento al que se refiere la intervención se hablaba de 432 asambleas de centro, seis municipales y 21 comarcales.

El 31 de marzo llegó la primera gran manifestación con un seguimiento multitudinario. Poco después, el 7 de mayo, tuvo lugar una primera asamblea presencial de comarca abierta también a las familias. Hasta entonces se habían realizado muchas reuniones en línea, con representantes de los centros. Aquella jornada combinó información, actuaciones y merienda, y permitió dedicar varias horas a hablar colectivamente sobre qué hacer. De allí surgieron, entre otras iniciativas, las primeras ideas para organizar columnas hacia las movilizaciones.

La participación directa del profesorado fue convirtiéndose en uno de los elementos centrales. Antes del inicio de la huelga indefinida se realizó una consulta para decidir cómo articularla. Y una de las conquistas que las participantes consideran más importantes fue precisamente esa: «un docente, un voto». La coordinadora no formaba parte de la mesa negociadora, pero sí participaba en reuniones con los sindicatos y había puesto en marcha la infraestructura necesaria para realizar las votaciones del profesorado.

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Una huelga que también se construyó en la calle

La movilización fue incorporando formas muy diversas de participación: columnas desde las comarcas, bicicletadas, carteles, cadenas humanas, pancartas, acciones en centros y municipios y presencia en actos públicos del president, la consellera y el secretario  autonómico de Educación.

Una de las acciones que recuerdan con especial cariño fue la cadena humana. Se organizó desde dos puntos y las personas participantes avanzaban hasta encontrarse en el centro: por un lado, el lápiz; por otro, la pizarra. Cuando ambos se juntaron, dicen, fue «súper bonito».

En tierra de músicos no podía faltar la Manifa’s band. Una banda de música formada por un centenar o más de docentes que amenizaban las eternas concentraciones y manifestaciones. De la que salieron auténticos hit’s como el «Que no, que no, que no, que no volem més retallades en sanitat i educació!» que cantamos todos y todas al concluir la actividad.

También la creatividad se convirtió en una forma de mantener la movilización. Chalecos pintados a mano, camisetas, mensajes, pancartas y humor acompañaron una huelga que llegó a prolongarse durante 32 días para muchas de las personas participantes. El humor huelguista, contaron, servía también para soportar el cansancio y el calor: el equipo necesario para acudir a la Conselleria fue creciendo desde la camiseta y el silbato hasta las gafas de sol, la comida, la crema solar, el megáfono, las pancartas y, finalmente, el paraguas «no por si llueve, sino porque el sol te asa».

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La acampada y la búsqueda de nuevas formas de presión

Después de semanas de movilización, las participantes percibían que la presión social no estaba consiguiendo sentar a la Conselleria a negociar. La agresión sufrida por una maestra jubilada durante una jornada de protesta marcó un punto de inflexión. De ahí surgieron nuevas iniciativas, entre ellas la acampada educativa.

La acampada terminó convirtiéndose no solo en una forma de presión, sino también en un espacio para hacer visibles las reivindicaciones de la huelga indefinida. Incluso el conflicto surgido alrededor de la celebración del Corpus acabó generando una respuesta que, según relataron, permitió mostrar que la protesta no pretendía impedir la fiesta. Las personas participantes en la acampada se incorporaron finalmente a la procesión y recibieron aplausos por las calles de Valencia.

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«No nos va a venir de arriba nada»

Quizá una de las ideas más significativas apareció durante el turno de preguntas. Al recordar el escaso seguimiento de la huelga de diciembre y todo lo sucedido hasta marzo, una de las participantes resumió así el aprendizaje: «No nos va a venir de arriba nada. Hemos aprendido que es de abajo».

Ese aprendizaje tiene que ver con la organización. Cada centro contaba con representantes en la asamblea comarcal y las asambleas participaban en la coordinadora del País Valencià. Las consultas al profesorado se diseñaban desde esa estructura y llegaron a movilizar decenas de miles de docentes.

Por encima del resultado concreto de las negociaciones, las participantes destacaron otra consecuencia: «Hemos pasado de ser un colectivo atomizado a reactivarnos, organizarnos y a pensar colectivamente en la escuela pública». La huelga, dijeron, permitió recuperar una conciencia colectiva entre docentes de la enseñanza pública y también una conciencia de clase.

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Defender aquello que hizo posible ser docentes

La intervención terminó recuperando una idea que atravesaba toda la experiencia: la defensa de la educación pública como algo que pertenece al conjunto de la sociedad.

En el vídeo realizado por la asamblea de la comarca, la vuelta a las aulas después de la suspensión de la huelga se presenta no como una derrota, sino desde el orgullo de lo construido. El mensaje recuerda que muchas de las personas que hoy trabajan en la educación pudieron estudiar gracias a la educación pública y que, por ello, también sienten la responsabilidad de defenderla.

La frase que cierra ese mensaje resume bien el sentido que las participantes quisieron transmitir en Xàtiva: «Somos hijos de la clase trabajadora. Somos hijos de la escuela pública». Y quizá ahí se encuentre una de las aportaciones más interesantes de esta experiencia para quienes forman parte del MCEP: más allá de una huelga concreta, queda el aprendizaje de que la organización desde los centros, la participación directa, la coordinación y la construcción colectiva pueden devolver al profesorado una voz compartida.

La experiencia presentada en el Congreso conecta así con una preocupación profundamente ligada a la escuela popular: no limitarse a reclamar cambios, sino aprender a organizarse colectivamente para hacerlos posibles.

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