
La Librería Gil de Santander se llenó el sábado pasado, 29 de noviembre de 2025, de voces, miradas y ganas de comprender mejor la infancia. Allí se presentó «Conversaciones, hablamos de infancia«, un libro que recoge dos años de charlas entre tres referentes del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (MCEP) —Pepi Díaz Villaverde, Martín García Hernán y Olga Meng González del Río— y Toño Pelayo Macho, impulsor y “escuchante” del proyecto.
Julia Cacho abrió la sesión agradeciendo a la familia Gil y a su equipo el cariño con el que siempre acompañan estos encuentros, creando un ambiente cercano en el que resultaba fácil sentirse parte de la conversación.
Quiénes son las voces que conversan
Los tres autores provienen de escuelas infantiles de distintos territorios, pero comparten una raíz pedagógica común: la pedagogía Freinet y la convicción de que la escuela debe ser un espacio vivo, abierto al entorno y profundamente humano.
Durante dos años, viajando por pueblos, congresos y entornos rurales, fueron construyendo un diálogo pausado y honesto. Toño Pelayo lo transformó después en un relato que invita a las lectoras y lectores a sentirse sentados a la mesa con ellos.
“Reivindicamos la conversación: un modo de comprender, contrastar y descubrir la infancia sin buscar recetas, sino sentido compartido.” —Toño Pelayo Macho
La infancia como ciudadanía desde el nacimiento
Una de las ideas centrales del libro es firme y luminosa: la infancia es ciudadanía plena desde el primer día. No son “futuros adultos”, sino personas capaces, con derechos y necesidades propias que deben ser respetadas. “La infancia es ciudadanía desde el nacimiento: acompañarla exige delicadeza, tiempo y una escuela que no limite, sino que posibilite.” —Pepi Díaz Villaverde
El libro recorre cuestiones esenciales:
• el valor del juego como lenguaje natural,
• la vida cotidiana como espacio de aprendizaje,
• la importancia del cuerpo, la afectividad y la relación con el entorno.
La escuela: un espacio que educa desde la vida cotidiana
Pepi, Martín y Olga defienden una escuela abierta al barrio, a la comunidad, a la cultura y a la naturaleza. Una escuela donde la participación de las criaturas tiene sentido real, donde cooperar significa aprender a convivir, y donde los cuidados no son un añadido, sino un lenguaje pedagógico imprescindible.
En estas páginas, la escuela se entiende como un espacio donde lo cotidiano —saludar, escucharse, cuidarse, decidir juntas y juntos— se convierte en el corazón de la vida educativa.

Contradicciones necesarias: lo que decimos y lo que hacemos
Los autores no rehúyen la autocrítica. Reconocen que, a pesar de los avances, muchas escuelas siguen atrapadas en inercias que priorizan las fichas, la prisa o la transmisión de contenidos descontextualizados.
Esta honestidad es una de las contribuciones más valiosas del libro: mostrar que la reflexión pedagógica nace precisamente de las tensiones entre lo que deseamos y lo que realmente hacemos.
“Si dejamos de creer en la capacidad transformadora de la escuela, perdemos la utopía que nos hace seguir intentando cambiar las cosas.” —Martín García Hernán
Familias y escuela: una alianza que requiere presencia
El libro subraya con fuerza el papel imprescindible de las familias. Las criaturas viven rodeadas de múltiples influencias, y la escuela no puede educar de espaldas a quienes acompañan día a día a los niños y niñas.
Los autores señalan la necesidad de cultivar una alianza basada en la escucha, el diálogo sin prisas y el acompañamiento compartido de los procesos infantiles.
“Educar no es anticiparse: es escuchar, ponerse a su altura y crear espacios donde las criaturas puedan decidir y ser.” —Olga Meng González del Río
Nuevos desafíos: tecnología, tiempos y condiciones de crianza
En la presentación también se plantearon cuestiones muy actuales: la presencia silenciosa de grandes empresas tecnológicas en las escuelas, la complejidad de la crianza contemporánea, la dificultad de conciliar tiempos familiares y escolares o la capacidad real de la escuela para transformarlo todo.
El libro no ofrece recetas, pero sí una invitación a la mirada crítica, consciente y comunitaria. A detenerse. A pensar. A conversar.
Un cierre que recuerda lo esencial
La lectura de la contraportada del libro sirvió como síntesis clara del espíritu que lo atraviesa:
Educar no es imponer. Proteger no es impedir. Acompañar no es dirigir. Participar no es estar, sino decidir.
La infancia aprende continuamente del entorno, incluso de aquello que no vemos.
Una aportación del MCEP para seguir pensando juntas y juntos
Con Conversaciones, hablamos de infancia, el Movimiento Cooperativo de Escuela Popular reafirma su compromiso con una escuela que escucha, que reflexiona y que pone a la infancia en el centro.
Este libro es una invitación cálida y profunda a repensar cómo acompañamos a los niños y niñas en sus primeros años de vida. Un recordatorio de que la educación —como la conversación— es siempre un acto compartido y comunitario.
