ELISE Freinet acaba de apagarse a los 84 años (enero 1983). Para los más su nombre es ante todo una firma debajo de «Nacimiento de una pedagogía popular», el libro que refiere los orígenes del movimiento de la Escuela Moderna. Fundadora de la revista «Art Enfantin», iniciadora de la creación artística de los niños, de la «parte del maestro», se hablaba de ella muchas más veces que ocasiones se tenían de estar a su lado, no porque se haya acantonado tímidamente a la sombra de su compañero sino porque se sentía muy poco atraída por el lado público del militantismo.
Sin embargo todos los que conocieron a Freinet de cerca, saben hasta qué punto Elise era indisociable de su pensamiento y de su acción, diferente pero siempre complementaria de él. Ella era de esos educadores intuitivos y talentosos de los cuales decía Freinet que no necesitaban su pedagogía. Ella inspiraba la admiración con la cual se mezclaba a veces un cierto sentimiento de inferioridad, mientras que Freinet sabía comunicar al más humilde la fuerza y la capacidad de superarse a sí mismo. Pero estas dos personalidades estaban unidas por una relación dialéctica que evitaba al materialismo deslizarse en la banalidad o el sistematismo y a la sutileza ceder a la magia de las palabras de las cuales decía Freinet, retomando una frase de Barbusse: » Las palabras que no son más que eso, no están lejos de ser mentiras».
Todo un movimiento ha nacido de esta dialéctica fecunda. De la misma manera que uno se sorprende al descubrir, en una familia, los rasgos de uno de los padres, se podrían descubrir en la mayoría de los militantes de la escuela Moderna la parte que deben a Freinet y a Elise.
El drama de la dialéctica es que tiene necesidad de los dos términos. Desaparecido Freinet su movimiento ha perdido también a Elise. Una vez sola, hizo callar desde entonces lo que había sido su línea de fuerza esencial. Por fidelidad a su compañero desaparecido, quiso ser únicamente portavoz del pensamiento de Freinet. Este cambio de papel no podía hacerse sin malentendidos.
En el clima que siguió al mayo del 68, ¿Cómo podía reconocerse la multitud militante en una persona lejana y secreta que únicamente se comunicaba a través de mensajes secretos y llenos de solemnidad?.
Ese fue el origen de una incomprensión que sería mezquino ocultar o minimizar.
Se desarrollaron dos fidelidades divergentes; La de Elise aspiraba, en un tratamiento justo, a valorar a Freinet, gustosamente descrito como un profeta, un poco solitario, que sigue de lejos un pueblo innumerable pero informal. Por el contrario, éramos bastantes a los que nos unía, por encima de las palabras y los escritos de Freinet «lo que sabíamos haber sido su obra más importante, preservándola: un movimiento que sea lugar de encuentros y de acciones colectivas y una cooperativa a la cual había consagrado tantas energías. Nada en las diferencias de nuestras apreciaciones y nuestras elecciones permite alterar el respeto y el afecto que tenemos por Elise Freinet.
Cualquiera que haya podido ver su voluntad en el último período de u vida, su pensamiento y su obra no pueden reducirse exclusivamente al hecho de haber sido la compañera y más tarde la viuda de Freinet. Sin negar que ella se haya puesto a menudo a su servicio y al servicio del movimiento, debemos rehusar el limitarla a eso.
El más sincero homenaje que podemos rendirle es el de velar por mantener viva su aportación original como una de las primeras características del pensamiento dialéctico de la pedagogía Freinet y como una de las dimensiones de nuestra acción cotidiana.
Elisa Freinet acaba de apagarse a los 84 años (Pdf con la publicación original)