Enrique Pérez Simón repasa sus primeros pasos como maestro y su vinculación al grupo de la Escuela Moderna. Recuerda el encuentro fundacional en Santander, sus inicios con las técnicas Freinet, y su participación en los congresos en los que se debatieron la legalización del movimiento y el cambio de nombre a Movimiento Cooperativo de Escuela Popular. Una memoria viva que inspira hoy a la escuela cooperativa y popular
Enrique Pérez Simón nos abre la puerta de su memoria para contarnos cómo vivió los orígenes del movimiento Freinet en España. Sus recuerdos comienzan en Santander, en un colegio fundado por mujeres que habían conocido en Francia las técnicas de Célestin Freinet. Allí, en un verano decisivo, se reunió con medio centenar de personas llegadas de distintos lugares del país, en un encuentro que marcó el inicio de su trayectoria en la Escuela Moderna.
Entre anécdotas personales y reflexiones, Enrique recuerda sus primeras prácticas como maestro, los tropiezos iniciales y el descubrimiento de los libros de Freinet, que le mostraron un camino pedagógico distinto al que él buscaba reinventar por su cuenta. Desde entonces, se fue incorporando a los congresos y reuniones que marcaron la historia del grupo: Santander, Mislata, Oviedo, Salamanca y Granada.
En sus palabras resuenan los intensos debates de aquellos años: la discusión sobre la legalización a través de la llamada “ventanilla de Fraga”, que dio lugar a la creación de ACIES, y la decisión de cambiar el nombre de Movimiento de Escuela Moderna a Movimiento Cooperativo de Escuela Popular, subrayando su carácter cooperativo y popular.
Su relato no es solo una cronología de congresos, sino una mirada viva a la historia del MCEP, tejida entre encuentros, lecturas, dudas y decisiones compartidas que todavía hoy inspiran a quienes creen en una escuela democrática, creativa y transformadora.
-> Libro «Conversando con Enrique Pérez Simón»
–> «DE ACIES AL MCEP» –Conferencia de Enrique Pérez en el Congreso de Huelva -04/07/2019-

Los orígenes del MCEP en España: memoria de Enrique Pérez Simón
Cuando hablamos de los orígenes del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (MCEP) en España, no lo hacemos desde una teoría abstracta, sino desde la memoria viva de quienes lo vieron nacer en condiciones difíciles. Enrique Pérez Simón, participó en aquel proceso que se fue forjando paso a paso, entre congresos, reuniones clandestinas y debates apasionados que marcaron nuestro destino colectivo.
Los primeros contactos (finales de los años 60 – inicios de los 70)
En plena dictadura franquista, un pequeño grupo de maestros y maestras buscában formas de renovar la escuela desde la práctica. Llegaban noticias fragmentadas del movimiento Freinet en Francia, y empezaron a experimentar con técnicas como el texto libre, la imprenta escolar o la correspondencia interescolar. Estas experiencias les dieron un aire de libertad dentro de un sistema rígido y autoritario.
Las primeras reuniones fueron semiclandestinas: encuentros en casas particulares, viajes a Francia para conocer a los compañeros de ICEM (Institut Coopératif de l’École Moderne), y un incesante intercambio epistolar. Allí germinó la idea de construir en España un movimiento organizado, capaz de sostener la práctica cooperativa.
El primer congreso en España (1971, Manises – Valencia)
El congreso de Santander en 1969 fue un primer hito colectivo. Fue un encuentro valiente, aún semiclandestino, en el que se debatió cómo trasladar a la realidad española las técnicas Freinet. Allí se tomó la decisión de organizarse como un grupo estable, y de iniciar una estructura cooperativa de producción de materiales.
Ese congreso también mostró tensiones internas: algunos pensaban en mantener una relación estrecha con el ICEM francés, mientras otros defendían que se debía construir un camino autónomo, adaptado a la situación política y social española.
Consolidación y debates (1973–1975)
En los años siguientes se celebraron nuevos congresos que fueron dando forma a nuestra identidad. Se discutió intensamente sobre la función de las técnicas: ¿eran simples herramientas pedagógicas, o debían ser parte de un compromiso político de transformación social?
En estas discusiones emergió la idea de que el movimiento debía ser popular y no solo escolar. No bastaba con mejorar la escuela por dentro: había que vincularla a las luchas sociales, al contexto de barrios obreros y al deseo de democratización que recorría España.
La decisión de autonomía (1975–1976)
Con la muerte de Franco y la apertura política, el debate sobre la relación con el ICEM se resolvió en favor de la autonomía. En los congresos de mediados de los 70 se tomó la decisión de constituirse como Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (MCEP), ya no como simple “grupo Freinet” en España.
Ese cambio de nombre no fue un detalle menor: reflejaba la voluntad de enraizar nuestras prácticas en el suelo social español, de vincularlas con la pedagogía crítica y con el compromiso democrático.
Expansión y consolidación (finales de los 70 – inicios de los 80)
A partir de entonces, los congresos se multiplicaron y con ellos las experiencias compartidas: cada congreso era una mezcla de taller pedagógico, asamblea política y fiesta cooperativa.
Los debates internos continuaban:
- unos defendían una línea más pedagógica, centrada en la didáctica y en la formación docente;
- otros insistían en el carácter político del movimiento, como parte de la lucha por una escuela pública y popular.
Pese a las tensiones, el MCEP ha sabido mantener su unidad a través de una práctica común: el trabajo cooperativo, la difusión de técnicas Freinet y la organización democrática de los encuentros.
Una memoria compartida
El MCEP nació de la confluencia entre pedagogía y compromiso social. Los congresos fueron los lugares donde se ha ido construyendo nuestra identidad, donde se discute y se toman decisiones colectivamente. La fuerza del movimiento está en esa combinación: la memoria de los debates, las decisiones compartidas, las pequeñas victorias y también los desencuentros que nos hicieron crecer.
El MCEP no es solo una asociación de docentes, sino un espacio de resistencia y de creación, en el que aprendemos a hacer de la pedagogía un acto de libertad.