Contexto
La experiencia se desarrolla en la Escuela Primaria Rural Federal Progreso, ubicada en la comunidad de San Juan Chilateca, en los Valles Centrales de Oaxaca. Se trata de una escuela pequeña, de un solo nivel, donde la mayoría de las familias se dedican al trabajo en el campo.
Origen de la experiencia
La iniciativa surge en 1993, cuando los docentes Amaury Fernando Martínez Lázaro y Dominga María Elena Hernández Vásquez deciden poner en práctica las técnicas Freinet, tras participar en un taller del Movimiento Mexicano para la Escuela Moderna. En aquel encuentro, impartido por la maestra Graciela González, esposa del pedagogo español José de Tapia (quien al llegar a México fundó una reconocida escuela Freinet en la Ciudad), los docentes conocieron de cerca experiencias Freinet que inspiraron la transformación de su escuela.
Poco a poco, se comenzaron a aplicar distintas técnicas Freinet logrando interesar e integrar a los seis docentes del colectivo, de esta forma la asamblea escolar se consolidó como un espacio de participación activa. Inicialmente se realizaba en cada grupo, pero con el tiempo evolucionó hacia asambleas generales con la participación de toda la comunidad escolar.
Un aspecto significativo fue que los estudiantes empezaron a proponer actividades colectivas en las que participaban niños y niñas de todos los grados, sin distinción de edad. Esto supuso una experiencia muy interesante y representó un reto para los docentes, pues algunas actividades parecían poco adecuadas para ciertos niveles. Sin embargo, esto no fue problema pues el apoyo y el espíritu de cooperación permitieron que todos se integraran sin distinción de edad, grado a alguna otra diferencia, favoreciendo un trabajo verdaderamente colaborativo.
Con la experiencia el papel de la asamblea se volvió cada vez más propositivo: los estudiantes comenzaron a sugerir actividades que podían formar parte del proyecto anual de la escuela. Estas propuestas se discutían en la asamblea general y, posteriormente, el consejo técnico docente analizaba su viabilidad para incorporarlas al proyecto escolar. Este proceso de participación de los estudiantes a través de la asamblea general se fue enriqueciendo cada ciclo escolar de tal manera que se generó un proceso de gestión

“
La asamblea escolar coronó en nuestra experiencia todos los poquitos que íbamos haciendo de las otras técnicas. Cuando amarramos esto nos dimos cuenta que la asamblea realmente fue el espacio, fue la voz, fue la apertura para que los niños se involucraran al 100% en su propia educación.
”
Organización del proceso
La dinámica de participación se estructura de la siguiente manera:
- Durante la primera semana del ciclo escolar se celebra una asamblea general, en la que los estudiantes presentan propuestas de actividades.
- Dichas propuestas son analizadas y acordadas en la propia asamblea, quedando integradas en un anteproyecto escolar.
- El colectivo docente revisa este anteproyecto para organizar recursos, tiempos, pertinencia y propósitos, y lo presenta en la asamblea de padres de familia, donde se solicita su análisis, valoración, apoyo, colaboración y cooperación.
- Finalmente, en una reunión del colectivo docente se integra el proyecto escolar definitivo, que incluye las propuestas estudiantiles y contempla la participación de toda la comunidad.

Impacto
Las asambleas, presididas en turnos por estudiantes de todos los grados (del primero al sexto), se han convertido en un motor de organización de la vida escolar. Algunas actividades propuestas se mantienen de manera permanente, mientras que otras cambian cada año según las decisiones de la asamblea.
Algunas de las propuestas más significativas a través del tiempo han sido las siguientes:
- Talleres generales de Lectura, de Matemáticas, de Ciencias
- Conferencias grupales
- Asamblea general
- La radio escolar
- Campamento científico
- Visitas a espacios culturales, museos, zonas arqueológicas, edificios históricos
- Mejoras materiales del edificio escolar
- Campañas de reforestación en los jardines de la escuela y en el entorno comunitario
- Publicaciones de la revista escolar
- Integración de la banda de música “Aires del Yagüin”
- Actividades para el día de muertos, “Chintibules”
- Estampa revolucionaria
- Manualidades y festivales navideños
- Festejo a las madres y elaboración de manualidades
- Festejo a los padres y elaboración de manualidades
- Celebración de la Guelaguetza en San Juan Chilateca
- Lectura en las calles
- Campañas de limpieza en la comunidad
Este proceso ha favorecido la gestión compartida del proyecto escolar, la cooperación entre alumnos de diferentes edades y el fortalecimiento del vínculo entre docentes, familias y comunidad, haciendo de la asamblea un pilar de la organización y la participación democrática en la escuela.

Proyecto de escuela a partir de la Asamblea Escolar
En una pequeña comunidad rural de Oaxaca, la palabra de los niños y las niñas se ha convertido en el eje de toda la vida escolar. La Escuela Primaria “Progreso”, guiada por los maestros María Elena y Amaury, maestros y miembros del Movimiento Mexicano por la Escuela Moderna, ha construido su proyecto educativo desde la asamblea, ese espacio donde se dialoga, se sueña y se organiza cooperativamente la escuela. Su experiencia, nacida del espíritu Freinet, demuestra que cuando la infancia toma la palabra, la escuela se transforma en una verdadera comunidad de aprendizaje.
La presentación de su experiencia en el Taller de 8 a 12 años del 51 Congreso del MCEP comenzó, como no podía ser de otro modo, con el cuerpo en movimiento y una canción compartida. María Elena entonó un alegre “Choco, choco, la, la…” y con sus brazos marcó el ritmo de las sílabas, invitando a todos a despertar cuerpo y mente antes de narrar una historia que, más que un proyecto, es una forma de vida. Con sencillez explicó cómo la asamblea fue, primero, un ejercicio en cada grupo: un espacio para escucharse, expresarse, resolver conflictos y acordar cómo trabajar juntos. Poco a poco, lo que comenzó en el aula se extendió a toda la escuela, hasta convertirse en una práctica colectiva que regula la convivencia, organiza la jornada, planifica actividades y da sentido a cada ciclo escolar. “Tomamos en primer lugar la palabra de las niñas y los niños —decía María Elena— y desde ahí construimos nuestro proyecto de escuela.”

Amaury, su compañero, completó la narración situando la experiencia en su contexto. La escuela “Progreso” es una escuela pública rural, pequeña, con un grupo por grado y entre 150 y 180 alumnos. Allí, las familias alternan entre el trabajo del campo y la ciudad, y la escuela se convierte en un punto de encuentro donde comunidad y aprendizaje se entrelazan. Desde 1993, cuando comenzaron a introducir las técnicas Freinet, descubrieron que la asamblea podía ser mucho más que una herramienta: era un verdadero motor de autogestión, una forma de construir colectivamente la vida escolar.
Con el paso de los años, las asambleas de grupo dieron paso a asambleas generales de toda la escuela. En ellas, los niños elaboran propuestas, debaten y votan los proyectos que quieren desarrollar durante el ciclo. Las ideas recogidas se revisan luego en el colectivo docente, y más tarde se presentan a la asamblea de padres y madres, donde se decide en común qué actividades realizar y cómo organizarlas. Así, el proyecto de escuela surge literalmente de la voz de todos: alumnos, docentes y familias.
De esa práctica nacieron actividades que hoy son ya tradición: los talleres de los miércoles —de lectura, matemáticas, ciencias o dibujo—, las conferencias grupales en el patio bajo los árboles, la radio escolar que cada semana coordina un grupo distinto durante el recreo, y el campamento científico, donde los niños acampan durante varios días para convivir con investigadores y explorar el mundo de la ciencia desde la curiosidad y la experiencia directa. Cada actividad tiene su origen en un acuerdo de asamblea, cada idea se discute, se modifica, se comparte y finalmente se hace realidad.
Amaury relataba con emoción cómo los propios niños propusieron el nombre de la biblioteca escolar: Julieta Fierro, en honor a la reconocida científica mexicana que, invitada por los alumnos, acudió personalmente a inaugurarla. También contaron cómo las conferencias grupales se convierten en auténticos actos de expresión y cooperación: los niños de primero, por ejemplo, organizan el espacio, eligen el tema, preparan los materiales y presentan ante toda la escuela, demostrando una confianza y una autonomía que solo pueden nacer de la práctica constante de la palabra.
En una de esas asambleas, una niña de primer grado presidía la sesión. Frente a toda la escuela, pidió la palabra una maestra para intervenir. Al terminar, la pequeña la miró con serenidad y le dijo: “¿Ya terminó, maestra? Siéntese, por favor.” En esa escena, contada entre risas y orgullo, se condensaba el sentido profundo de la experiencia: la palabra infantil, reconocida y respetada, ejerciendo su poder legítimo dentro de una comunidad que aprende a escucharse.
Las asambleas, explican los maestros, fueron el hilo que unió todas las técnicas Freinet que habían ido practicando: el texto libre, los talleres, la correspondencia, la investigación cooperativa, la apertura a la comunidad. Todo cobró coherencia cuando comprendieron que la asamblea no era solo una técnica, sino una forma de vivir la escuela, un espacio de autogestión que pone en el centro la voz de los niños y la participación activa de todos.
No todo fue fácil. Cuando comenzaron, hubo resistencias y miradas escépticas. Algunos docentes prefirieron marcharse; otros se acercaron por curiosidad y terminaron contagiados por el entusiasmo de los niños. Con el tiempo, los resultados hablaron por sí mismos: alumnos capaces de investigar, dialogar, crear y participar con una libertad responsable; familias implicadas en la vida escolar; y una comunidad orgullosa de su escuela. Incluso cuando María Elena y Amaury se jubilaron, los alumnos continuaron impulsando la práctica. “Nos dijeron —cuenta Amaury con emoción—: maestro, si tú no sabes, nosotros te enseñamos.”

La Escuela “Progreso” es hoy un ejemplo luminoso de cómo la pedagogía Freinet puede florecer en cualquier rincón donde se confíe en la palabra infantil. Su experiencia nos recuerda que la escuela no se transforma desde los decretos, sino desde la práctica viva del diálogo, la cooperación y el respeto mutuo. Allí, bajo el sol de Oaxaca, la asamblea sigue reuniendo voces, sigue tejiendo acuerdos, sigue siendo el corazón de una escuela verdaderamente moderna: una escuela donde se aprende haciendo, se enseña compartiendo y se construye comunidad día a día.