Un viaje por los recuerdos tecnológicos en el taller de Tecnología educativa del 51 Congreso del MCEP

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La tecnología no es solo un invento moderno ni un cúmulo de pantallas y algoritmos: es la huella que dejan en nuestra vida aquellas herramientas que nos abrieron mundos nuevos. Un telegrama que llegaba como un latido urgente, un radiocasete que traía voces lejanas, un bolígrafo que liberaba la escritura del tintero o la pequeña imprenta con la que Freinet dio voz a sus alumnos, cada época ha tenido sus artefactos prodigiosos que transformaron tanto la escuela como la vida cotidiana y que cada uno guarda en la memoria con el asombro de su primer encuentro. Al evocar esos recuerdos entendemos que la tecnología no es solo un catálogo de máquinas, sino un viaje íntimo y colectivo: objetos que han cambiado rutinas, ensanchado horizontes y han dejado una marca imborrable en la forma en que pensamos, aprendemos y nos relacionamos. Entre telegramas y móviles, ciclostiles y ordenadores, la historia de la tecnología es, en buena medida, la historia de nuestras propias vidas.

 

Entré en la sala sin tener muy claro a qué íbamos y, de repente, me vi siguiendo una especie de coreografía de dedos y muñecas. Lilian nos guiaba en lo que llamaba “gimnasia cerebral”: juntar pulgar e índice, cambiarlos de mano, volver a empezar… todo al ritmo de una música pegadiza. Un calentamiento insólito, pero perfecto para despertar cuerpo y mente antes de lanzarnos a hablar… ¡de tecnología!

Tras esta introducción, nos invitaron a presentarnos y compartir nombre, procedencia, etapa educativa en la que trabajábamos y, sobre todo, nuestro primer recuerdo ligado a la tecnología, entendido en un sentido amplio, tanto personal como escolar.

1er. contacto con la tecnología (1)Las evocaciones fueron tan variadas como entrañables. Algunos comenzaron recordando la llegada del teléfono a sus pueblos, cuando todavía era necesario caminar hasta una cabina atendida por una operadora que conectaba manualmente las llamadas, un ritual casi mágico para los ojos de la infancia. Otros hablaron del telegrama, ese papel amarillo lleno de abreviaturas y mayúsculas que conseguía transmitir mensajes urgentes de un lugar a otro. Para muchos, la primera cámara fotográfica —a veces un simple cubo de plástico con un botón rudimentario— fue la puerta de entrada a una nueva forma de guardar recuerdos, aunque nunca se supiera con certeza si la foto saldría bien.

En el ámbito escolar, varios docentes recordaron con emoción los primeros ordenadores que llegaron a las aulas: máquinas voluminosas, casi armarios metálicos, que funcionaban con disquetes blandos y sistemas operativos básicos. Algunos se aventuraron a programar en BASIC en los años ochenta, fascinados por la posibilidad de escribir unas pocas líneas de código y ver cómo la máquina respondía. Otros mencionaron el WordStar, mucho antes de que existiera Word, o los comandos del MS-DOS, que había que memorizar casi como fórmulas mágicas. El Spectrum y los cassettes con programas que se cargaban durante largos minutos también aparecieron en la memoria colectiva, así como los proyectores de transparencias o los reproductores de cintas, que transformaron las clases con música y grabaciones.1er. contacto con la tecnología (2)

Hubo quienes se encontraron con la tecnología desde la carencia: un participante recordó cómo a su hijo lo dejaron fuera de un grupo de baloncesto porque no tenía teléfono móvil, los niños ya no se llamaban a casa para salir a jugar, sino que todo se organizaba a través del móvil. Ese recuerdo negativo contrastó con otros llenos de entusiasmo, como la primera vez que se escuchó una voz sintetizada por ordenador o cuando una cámara digital MAVICA permitía guardar fotografías en disquetes como si fuera lo más normal del mundo.

En América Latina, las memorias se entrelazaban con programas educativos pioneros. En México, la Telesecundaria hizo posible que niños de comunidades rurales recibieran clases a través de la televisión, y más tarde Enciclomedia introdujo ordenadores y pizarras digitales interactivas que los estudiantes podían manipular con sus dedos. En otros contextos más humildes, se recordó cómo la llegada de un radiocasete o un sencillo grabador de cinta supuso un antes y un después.

1er. contacto con la tecnología (3)También hubo evocaciones más personales y poéticas. Para algunos, el simple bolígrafo BIC con punta redonda fue en su día la “máxima tecnología” en la escuela, un avance que sustituyó a la pluma y que marcó un antes y un después en la escritura cotidiana. Otros hablaron de las maquinitas electrónicas de los años ochenta, con juegos de Popeye, Donkey Kong o Mickey Mouse, que ya anticipaban la fascinación por las consolas.

Incluso se compartió la anécdota de quienes al principio no entendían qué era aquello de copiar y pegar con “Ctrl+C, Ctrl+V”, y lo veían casi como un acto incomprensible hasta que alguien se lo explicó con infinita paciencia.

Cada recuerdo fue dibujando una especie de línea del tiempo personal y colectiva de la relación con la tecnología. Desde los telegramas hasta el correo electrónico obligatorio para integrarse en un grupo de investigación; desde las primeras tarjetas perforadas que un hermano traía de IBM hasta los juegos educativos en CD-ROM de los noventa; desde el asombro ante un procesador de textos rudimentario hasta la sorpresa de descubrir WhatsApp en un viaje y darse cuenta de que la comunicación estaba cambiando radicalmente.1er. contacto con la tecnología (4)

En conjunto, lo que emergió fue un mosaico de experiencias que mostraba cómo la tecnología, en sus formas más simples o más sofisticadas, había acompañado y transformado la vida de cada persona, ya fuera a través de un aparato humilde, de un recuerdo entrañable en la infancia o de una herramienta que marcó un cambio en su manera de enseñar.

Salí del taller con la sensación de haber recorrido no solo la historia de la tecnología, sino también la biografía de cada persona a través de sus aparatos. Un mosaico entrañable que mostraba cómo, entre telegramas, Spectrum, radiocasetes y smartphones, todos hemos ido aprendiendo a convivir con esas TECNOLOGÍAS que, de una manera u otra, nos han cambiado la vida.