En la RIDEF 2026, celebrada en Polonia, Bárbara y Rocío, representantes del MCEP de España, conversan con Anton Strobel, pedagogo, artista y referente de la pedagogía Freinet en Alemania. Su relación con el MCEP viene de lejos: durante años ha visitado encuentros y escuelas españolas para compartir su manera de entender las matemáticas naturales. Pero esta conversación no se queda en el recuerdo. Strobel habla de cómo aprenden los niños, del papel de los materiales, de la relación entre matemáticas y lenguaje, de la inteligencia artificial y del miedo a que se pierdan los saberes construidos por generaciones de docentes. Al final, deja una propuesta tan sencilla como sugerente para llevar al aula.

Una conversación con Anton Strobel desde la RIDEF
La conversación con Anton Strobel tiene lugar durante la RIDEF 2026, el Encuentro Internacional de Educadores Freinet celebrado en Polonia. Bárbara y Rocío, representantes del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (MCEP) de España, aprovechan el encuentro para conversar con un pedagogo cuya relación con el movimiento Freinet español viene de muchos años atrás.
Anton Strobel es pedagogo, artista y formador alemán, y uno de los referentes de la pedagogía Freinet en Alemania (Kooperative für Freinet-Pädagogik) . Su trayectoria une dos ámbitos que atraviesan buena parte de su trabajo: la renovación pedagógica y la creación artística. Desde esta doble perspectiva ha desarrollado una manera de entender la educación basada en la experimentación, la creatividad y la posibilidad de que niños y niñas descubran por sí mismos las relaciones que existen en el mundo que les rodea.
Su trabajo pedagógico está especialmente vinculado a las matemáticas naturales y al aprendizaje por descubrimiento. Strobel conoció las propuestas del pedagogo francés Paul Le Bohec, vinculado a la tradición del método natural de Célestin Freinet, y continuó experimentando con ellas hasta desarrollar nuevas posibilidades de trabajo a partir de los materiales. Junto a la pedagoga de educación primaria Kerensa Lee Hülswitt, desarrolló el enfoque GMGM, Gleiches Material in großer Menge, «Mismo material en gran cantidad»: una propuesta que pone a disposición del alumnado grandes cantidades de un mismo objeto para que pueda manipularlo, construir, experimentar, establecer relaciones y descubrir estructuras matemáticas. Este planteamiento conecta las matemáticas con el arte, la arquitectura, el lenguaje y la experiencia, y cuestiona el aprendizaje basado exclusivamente en libros de texto.
Esta trayectoria también se ha construido en el intercambio con otros docentes. Strobel ha participado en encuentros pedagógicos internacionales y ha visitado numerosas ciudades y regiones españolas para encontrarse con maestras y maestros, compartir técnicas y trabajar directamente con docentes y niños. Entre esos encuentros se encuentra el XXXIII Congreso del MCEP celebrado en Salamanca en 2005, donde participó en el taller de 0 a 8 años con la propuesta «Aprender descubriendo». En ella planteaba una enseñanza de las matemáticas en la que el alumnado pudiera observar relaciones, formular hipótesis y descubrir otras nuevas, situando al profesor y al alumno en un proceso compartido de investigación.
Desde ese recorrido, la conversación en la RIDEF permite comprobar que muchas de aquellas preguntas siguen plenamente abiertas.

Una matemática relacionada con la vida
Cuando Bárbara y Rocío le preguntan por su trabajo en España, Strobel recuerda sus visitas a diferentes lugares y los encuentros con maestros y maestras. En aquellos espacios compartía sus técnicas y trabajaba también directamente con niños de distintas edades.
Su experiencia le ha llevado a defender una idea sencilla pero profunda: las matemáticas no deberían presentarse como un conocimiento separado de la vida. Frente a determinados libros que considera poco adecuados, reivindica una metodología natural que permita aprender a partir de la experiencia y del mundo que rodea al alumnado.
Los materiales tienen aquí un papel fundamental. Las piñas, los cubos y otros objetos sencillos pueden convertirse en elementos para trabajar matemáticas, pero también para relacionarlas con el arte y la arquitectura. Una construcción puede ser al mismo tiempo una experiencia estética, espacial y matemática.
Por eso, antes de contar hay que jugar, construir, hablar y trabajar juntos. Strobel pone el ejemplo de varios niños que construyen una ciudad con cubos. Mientras construyen aparecen las cantidades, las formas, las relaciones y las estructuras, pero también la conversación y la necesidad de explicar lo que están haciendo.
Las matemáticas y el lenguaje dejan así de ser territorios separados. Lo que ocurre en una construcción puede llevar a contar, pero también a hablar, escribir, comparar o explicar. Para Strobel, esa continuidad refleja mejor la forma en que funciona la vida que una escuela en la que cada conocimiento aparece encerrado en una materia diferente.
El mismo material, muchas posibilidades
Una de las ideas que aparece en la conversación es la utilización de un mismo material en grandes cantidades. No se trata de ofrecer al alumnado un objeto concreto para realizar una actividad cerrada, sino de poner a su alcance suficiente material para que pueda explorar sus posibilidades.
Miles de cubos, por ejemplo, permiten construir, destruir, reorganizar, comparar y volver a empezar. La cantidad de material abre posibilidades que no existirían si cada niño tuviera únicamente unas pocas piezas.
La experiencia comienza muchas veces sin una consigna matemática explícita. Los niños juegan y construyen, trabajan juntos y hablan sobre lo que están haciendo. A partir de ahí aparecen las preguntas matemáticas.
Este planteamiento conecta con la propuesta de «Aprender descubriendo» que Strobel ya había presentado en el MCEP. En aquella experiencia, el alumnado podía observar relaciones entre números, formular sus propias hipótesis y descubrir relaciones diferentes de las que inicialmente había previsto el profesor.
El papel docente cambia entonces de manera importante. No se trata de proporcionar de antemano todas las respuestas, sino de crear las condiciones para que puedan aparecer preguntas y descubrimientos.

Escuchar para construir el conocimiento
Uno de los momentos más interesantes de la entrevista llega cuando Strobel explica cómo ha trabajado el método natural de las matemáticas.
Durante una hora cada semana comenzaba con una pregunta. A partir de ahí escuchaba las respuestas de los niños y recogía lo que iban diciendo. Al terminar la jornada se llevaba aquellas aportaciones y las escribía.
La semana siguiente volvía a preguntar si tenían algo más que decir. Y el proceso continuaba.
Después de un año, el resultado era un libro de matemáticas que podía parecerse al del profesor, pero que no era exactamente igual. Allí aparecían la suma, la resta, la multiplicación y la división, pero construidas a partir de las aportaciones del alumnado.
La experiencia muestra con claridad qué entiende Strobel por método natural: el conocimiento no parte únicamente de una explicación exterior que después debe ser aplicada. Se construye escuchando, probando, observando y dando valor a aquello que los niños descubren.
También cambia la posición del profesor. En la propuesta de «Aprender descubriendo», Strobel planteaba que el alumnado podía llegar a obtener mejores resultados que el propio docente y que ambos podían situarse en un plano de igualdad como personas que descubren juntas el mundo de los números.
Formar a docentes para una matemática global
La conversación lleva también a una cuestión importante: si queremos transformar la manera de enseñar matemáticas, ¿cómo debemos formar a los futuros docentes?
Strobel defiende una visión más global, en la que las matemáticas no aparezcan aisladas del resto de los aprendizajes. La experiencia de las estrellas que construyeron durante la RIDEF sirve como ejemplo. Una propuesta sencilla que, además, permitía introducir las matemáticas a partir de algo tan cercano como su propio nombre (a los asistentes al Taller de la RIDEF que realizó Anton les gustó mucho recibir como regalo su propio nombre convertido en una estrella. Cada letra ocupaba una de las puntas y la figura estaba elaborada con material reciclado y guardada en una pequeña caja)
No se trata de añadir contenidos de diferentes materias a una actividad para hacerla más completa. La cuestión es partir de una experiencia que ya contiene diferentes dimensiones y permitir que el alumnado las explore.
La matemática aparece entonces en una construcción, en un nombre, en una forma, en una cantidad o en una relación que se descubre mientras se trabaja.

La inteligencia artificial: una preocupación de nuestro tiempo
En medio de una conversación centrada en materiales sencillos, experiencia y contacto con la realidad, aparece una cuestión plenamente contemporánea: la inteligencia artificial.
La respuesta de Strobel es inmediata: tiene miedo.
Su preocupación no se limita a la tecnología. Le inquieta especialmente la posibilidad de que la inteligencia artificial pueda quedar vinculada a formas de poder capaces de influir sobre la democracia. Habla de las instituciones, de las empresas y de quienes gobiernan y controlan estas tecnologías.
Es una preocupación que introduce otra dimensión en la conversación. La educación no puede limitarse a preguntarse qué nuevas herramientas tecnológicas puede utilizar. También necesita preguntarse quién las controla, qué efectos pueden tener sobre la sociedad y qué papel queremos que desempeñen en nuestras vidas.
Cuando la conversación vuelve a la escuela, Strobel insiste en una idea que atraviesa también su concepción de las matemáticas: la escuela no puede perder el contacto con la vida. Frente a una posible «vida digital», reivindica la experiencia directa, la relación con los demás y aquello que ocurre cuando las personas se encuentran, construyen, hablan y experimentan juntas.
El miedo a que se pierda lo aprendido
Hacia el final de la entrevista, Bárbara y Rocío le preguntan cuál cree que es la huella que deja en otros maestros después de tantos años de experiencia.
Strobel habla de sus artículos y de todo lo que ha continuado compartiendo con docentes. Pero enseguida aparece una preocupación más personal. Tiene 85 años y recuerda a un compañero de escuela con el que trabajó durante muchos años y que ya ha fallecido.
Le preocupa que, cuando él también muera, pueda perderse algo de aquello que ha aprendido y desarrollado junto a otros.
Ese temor da un sentido especial a la entrevista. Las ideas pedagógicas no viven únicamente en los libros o en los materiales que se conservan. También viven en las personas que las experimentan, las transforman y las comparten con otros docentes.
Por eso encuentros como la RIDEF tienen una importancia que va más allá de la celebración de un congreso. Son espacios en los que experiencias acumuladas durante años pueden volver a ponerse en común, ser discutidas y continuar viajando entre escuelas, grupos y generaciones.

Una propuesta sencilla para los maestros españoles
Antes de terminar, Bárbara y Rocío le piden un mensaje para los maestros españoles que fueron alumnos suyos en encuentros del MCEP.
Strobel responde con una propuesta concreta. Cada semana, entregar a cada niño un pequeño papel y pedirle que haga algo con él. Sin decirle qué debe hacer y sin permitir que pregunte al profesor.
Después, los papeles se colocan en la pared. La semana siguiente se incorporan otros. Poco a poco, ese conjunto de producciones se convierte en un material sobre el que hablar, observar y contar.
Cada niño puede explicar lo que ha hecho. El grupo puede mirar las producciones y descubrir nuevas posibilidades. No hace falta una actividad compleja ni un material sofisticado.
La propuesta contiene, en realidad, buena parte de las ideas que Strobel ha defendido a lo largo de su trayectoria: dejar espacio a la iniciativa, confiar en la capacidad de los niños para descubrir, observar lo que sucede, escuchar sus palabras y convertir sus producciones en materia de aprendizaje.
Y hay además otra preocupación: reducir el estrés y la frustración del profesorado. Una propuesta sencilla puede abrir un espacio de trabajo sin necesidad de convertir cada aprendizaje en una actividad cerrada y previamente planificada.
Seguir compartiendo para que la experiencia continúe
La entrevista termina regresando a la cuestión de la edad. Strobel recuerda de nuevo que tiene 85 años y vuelve a hablar de su compañero fallecido y del miedo a que se olvide algo tan sencillo como aquello que han aprendido juntos.
Su agradecimiento final a Bárbara y Rocío por llevar esta conversación a España adquiere así un significado especial.
Durante décadas, Anton Strobel ha participado en encuentros, talleres y experiencias con docentes de diferentes lugares. Su aportación a las matemáticas naturales continúa desarrollándose en espacios internacionales como la RIDEF, donde las ideas pedagógicas no se presentan como recetas terminadas, sino que vuelven a encontrarse con otras experiencias y otras preguntas.
Esta entrevista es también una forma de mantener abierto ese intercambio. Una conversación sobre matemáticas, pero también sobre cómo aprendemos, cómo enseñamos, qué escuela queremos construir y qué merece la pena transmitir.
Porque, en el fondo, la propuesta de Strobel es sencilla: experimentar, observar, escuchar, construir y compartir. Y volver a hacerlo la semana siguiente.