El huerto escolar se convierte en un espacio para aprender ciencias, recuperar saberes, fortalecer vínculos y descubrir capacidades que a veces permanecen ocultas dentro del aula.
En el Taller de 12 y más años del 52 Congreso del MCEP, celebrado en Xàtiva, Rosella Antolí Santolària y Cristina Vicente Almazán compartieron el proyecto de huerto escolar que desarrollan en el IES Tavernes Blanques. El trabajo con los grupos de 2.º y 3.º de ESO de Diversificación Curricular combina actividades propias del huerto con aprendizajes científicos, alimentación, investigación, radio y participación en iniciativas del entorno. Pero la experiencia va más allá de los contenidos: el huerto ofrece otro tiempo y otro espacio para conocer al alumnado, fortalecer vínculos y descubrir capacidades.
El huerto escolar, mucho más que alimentos saludables
En el IES Tavernes Blanques existe un huerto desde la creación del centro, pero desde hace tres cursos se ha convertido progresivamente en un proyecto integrado en el trabajo con los grupos de 2.º y 3.º de ESO de Diversificación Curricular. Rosella Antolí Santolària y Cristina Vicente Almazán, profesoras del ámbito científico y tutoras de estos grupos, comparten esta experiencia en el Taller de 12 y más años del 52 Congreso del MCEP, celebrado en Xàtiva.

La propuesta parte de una convicción compartida: el huerto tiene una gran potencialidad pedagógica. Cristina, además de profesora de Biología y Geología, es agrónoma, y ambas forman el equipo que impulsa el proyecto. Durante una o dos horas semanales se combina el trabajo directo en el huerto con momentos posteriores para recoger los aprendizajes y vincularlos con el currículo.
El proyecto cuenta también con el apoyo de una persona contratada con financiación del AFA del centro. Su colaboración facilita tareas materiales como conseguir compost o plantas y permite dividir los grupos y organizar actividades diferentes simultáneamente.
Aprender al ritmo de las estaciones
El huerto introduce en Secundaria una dimensión temporal muy vinculada a los ciclos naturales. La recogida de membrillos, aceitunas, granadas o limones, la plantación de verduras de invierno y primavera, la poda de los árboles frutales o la observación de las plantas permiten trabajar desde la experiencia directa.
Aparecen también saberes relacionados con la transformación de los alimentos, como la elaboración de dulce de membrillo, la conservación de aceitunas, las mermeladas o las ensaladas. Son actividades que conectan conocimientos científicos con prácticas y saberes tradicionales.
El cuaderno del huerto permite después recoger y organizar parte de esos aprendizajes. Si en Biología se está trabajando la reproducción de las plantas, por ejemplo, el trabajo realizado en el huerto puede trasladarse al cuaderno mediante dibujos y contenidos sobre las flores, el polen o los órganos reproductores.

Un espacio para descubrir otras capacidades
Uno de los aspectos más significativos de la experiencia aparece en la relación con el alumnado. Los grupos con los que se trabaja presentan dificultades de aprendizaje y, en muchos casos, una autoestima baja. El huerto ofrece situaciones diferentes a las habituales del aula y permite que cada persona encuentre tareas en las que puede desenvolverse de otra manera.
Hay quien disfruta podando y subiéndose a los árboles, quien se concentra observando insectos o quien encuentra satisfacción en regar y trabajar de forma más autónoma. La incorporación de lupas electrónicas permitió observar pequeños animales directamente en el huerto y generó momentos de gran concentración.
Ese espacio diferente también favorece el conocimiento mutuo. Durante tareas aparentemente sencillas, como recoger o preparar aceitunas, aparecen conversaciones y experiencias personales que difícilmente surgirían en una clase convencional. El contacto con el huerto permite conocer mejor al alumnado y establecer vínculos que después ayudan a acompañar los procesos de aprendizaje.
También aparecen aprendizajes relacionados con la propia percepción de las capacidades. Subirse por primera vez a un árbol, atreverse a probar una verdura o descubrir que una ensalada puede gustar son pequeñas experiencias que pueden modificar la imagen que cada alumno o alumna tiene de sí mismo.

Del huerto a la alimentación, la radio y el entorno
El proyecto se conecta con otros aprendizajes. En 3.º de ESO, el trabajo sobre alimentación y nutrición encuentra en el huerto un contexto especialmente adecuado. Se han realizado actividades para acercar progresivamente al alumnado a las frutas y verduras, desde observarlas y tocarlas hasta probarlas, elaborar ensaladas, llevar un diario de alimentación o plantear pequeños retos relacionados con la alimentación.
La radio permite trasladar fuera del aula aquello que se ha hecho y aprendido. Durante el curso se grabaron programas relacionados con el huerto y se habían planteado nuevas emisiones vinculadas a las actividades de primavera. La experiencia incorpora así otra forma de comunicar el proceso.
También se han realizado visitas y participado en iniciativas relacionadas con la agroecología y la defensa de la huerta, como la visita a un espacio agroecológico y la Marxa Escolar per l’Horta. Estas experiencias permiten conocer proyectos que conectan centros educativos, administraciones, asociaciones y agricultores.

Un proyecto que todavía está creciendo
La experiencia incluye también intentos que no han funcionado como se esperaba. La compostera con lombrices no tuvo éxito y algunas actividades previstas quedaron pendientes. Entre ellas estaba una exposición final para mostrar al resto del instituto el trabajo realizado, acompañada de visitas guiadas al huerto. La huelga educativa interrumpió el proyecto y esta parte quedó para el curso siguiente.
También aparecen retos organizativos. La coordinación entre las dos profesoras ha sido fundamental, pero disponer de tiempo específico para coordinar el proyecto no siempre está garantizado. El año anterior contaron con una hora de coordinación que posteriormente se perdió.
Otro objetivo pendiente es conseguir una mayor participación de las familias, especialmente durante las vacaciones, cuando el huerto necesita cuidados. También se plantea que haya más iniciativas surgidas del propio alumnado, más decisiones tomadas en asamblea y la posibilidad de realizar un pequeño mercado con los productos del huerto.
Después de dos cursos completos, la experiencia muestra que el huerto puede convertirse en un espacio educativo donde los contenidos científicos se encuentran con la experiencia, la alimentación, los saberes del entorno y las relaciones personales. Y, sobre todo, en un lugar donde algunos alumnos y alumnas encuentran posibilidades para hacer cosas que dentro del aula quizá todavía no habían descubierto que podían hacer.


Esta experiencia fue compartida por Rosella Antolí Santolària y Cristina Vicente Almazán, del IES Tavernes Blanques, en el Taller de 12 y más años del 52 Congreso del MCEP, celebrado en Xàtiva (Valencia), dentro del espacio de intercambio de experiencias del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular.