Conversaciones. Hablamos de infancia. Toño Pelayo, Pepi Díaz , Olga Meng y Martín García

He tenido la oportunidad de estar presente, casi desde el principio, en la gestación y elaboración de este libro. Nace de encuentros personales en los que se habla de todo y, por supuesto, también de educación. Toño, ajeno al mundo de la educación infantil, se ve sorprendido por las reflexiones sobre el modelo de escuela que las personas «dialogantes» analizan y defienden. Le parecen tan interesantes que se asombra de que el público no las conozca ¿Por qué no recoger por escrito todo eso algo más estructurado?

Desde el inicio tiene claro el formato, será como él lo ha vivido, oyendo y participando en esas conversaciones que surgen de las relaciones de amistad y de la profesión compartida. Y con fe y mucho empeño por parte de todo el grupo, se inicia en el verano de 2023.

Es un libro que hila muy, muy fino. No es un libro complaciente con las prácticas educativas al uso. Plantea enfoques sobre la Educación Infantil que, en mi opinión, una gran mayoría de docentes no sabríamos llevar a cabo o, incluso, no apoyaríamos, dada la intensidad del compromiso con la infancia que manifiestan: los derechos de niñas y niños; las finalidades de la Educación Infantil; el Método Natural de aprendizaje; la estructura de los espacios del aula y el respeto a los tiempos infantiles; los cuidados; el escuchar; las especialidades en infantil integradas en un proyecto de clase, no como algo añadido…

Estamos ante un libro que recoge tres experiencias vitales y profesionales que comparten el disfrute de acompañar a niños y niñas en esos primeros años tan esenciales en el desarrollo, y un modelo de escuela abierta al entorno, que además de transformar la realidad y el contexto social en el que está inserta, asume el propósito fundamental de «participar y colaborar con las familias en la educación y la crianza de las criaturas».

Gracias por enseñarme tanto.

Nicolás González Barranco

 

De las intenciones:

Siendo cierto que quien esto escribe no es maestro ni especialista en ninguna disciplina que tenga que ver específicamente con la infancia, también es verdad que conoce algunos extremos, pues comparte la vida con una maestra y se asoma con determinada frecuencia al mundo de la educación infantil desde hace un tiempo suficientemente amplio, para poder atisbar realidades que son reveladoras y estimulantes de cara a emprender este trabajo. Paradójica tesitura que no debe llevarle a usted a precipitar conjeturas, pues servidor será un mero narrador de lo que escucha y de lo que ve. Hablaba de realidades estimulantes, la primera y posiblemente más importante, es el gran desconocimiento que existe de forma transversal en la sociedad sobre las cuestiones educativas y de desarrollo temprano, aquellas que condicionan directamente, para bien o para mal, el presente y el futuro de los niños y las niñas. Esta circunstancia enciende la mecha en su momento y va engordando una necesidad, la de trasladar o comunicar conocimiento sobre el universo infantil.

Así pues, un buen día les propuse a Pepi Díaz Villaverde, Olga Meng González del Río y Martín García Hernán grabar conversaciones sobre esta materia para más tarde pasarlo al papel, intentando que el cambio de estado y soporte de las palabras: del hablado al escrito o, si se prefiere, del escuchado al leído, no variase sus densidades y sus potencias.

Estas tres personas saben bien de lo que hablan, ya que atesoran una dilatada experiencia y sus trabajos en el mundo de la Escuela están reconocidos por su compromiso e integridad, así como por romper los moldes de una escuela convencional anclada en estereotipos.

Toño Pelayo Macho

 

Educar no es imponer; aprender no es repetir de memoria; proteger no es impedir que las criaturas actúen de forma autónoma; motivar no es infundir miedo a fallar; que ningún juguete sustituye al afecto; que aburrirse casi nunca es una pérdida de tiempo; que poseer muchos bienes materiales no es sinónimo de felicidad; acompañar no es coaccionar; estimular no es llenar el día con actividades; participar no es simplemente estar allí, sino tomar decisiones; que los ritmos de aprendizaje y desarrollo son muy personales y no siempre coinciden con lo que esperamos las personas adultas, y que, de imponerse nuestras prisas, no se obtendrán consecuencias positivas; que los niños y niñas, en su relación con otras personas, entienden desde bien temprano el respeto hacia su persona o la ausencia de este, de forma similar a las personas adultas; que la infancia aprende desde el comienzo todo aquello que emana de su entorno más cercano, lo bueno y lo malo, por mucho que nuestra intención sea que aprendan solo una parte de aquella realidad.

De la contraportada