
El pasado 24 de octubre, la librería asociativa La Libre de Barrio, en Leganés, se llenó de voces, afecto e intercambio de ideas durante la presentación del libro Conversaciones – Hablamos de infancia, una obra colectiva nacida en el seno del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (MCEP). El encuentro tuvo lugar en este espacio cultural comprometido con la transformación social, donde la palabra y la acción se entrelazan para sostener proyectos críticos y comunitarios. Desde el inicio, se respiró un ambiente cálido, de reencuentro y emoción. En una mesa, los libros; en el aire, la sensación de estar participando en algo más que una presentación: una conversación abierta sobre lo que significa educar hoy.
La bienvenida corrió a cargo de Zoraya, integrante de La Libre, quien recordó que esta librería nació para acompañar voces que promueven la cooperación, la justicia y la reflexión colectiva. “Aquí damos cobijo a quienes piensan que la cultura puede cambiar la vida”, dijo. No era casual, entonces, que ese día la protagonista fuera una obra que habla de infancia, escuela y comunidad desde una pedagogía viva y cooperativa.

Una obra nacida de la escucha y la cooperación
La presentación, conducida con complicidad y cariño por María Jesús y Carmen, puso de relieve el sentido intergeneracional que atraviesa tanto el libro como el movimiento del que surge. A través de un diálogo lleno de calidez y emoción, ambas fueron desgranando las claves del proyecto.
Conversaciones – Hablemos de infancia nació del deseo de reflexionar sobre la práctica educativa desde la experiencia. Toño, ajeno al mundo educativo, propuso a Pepi, Olga y Martín —educadoras de infantil y miembros del MCEP— mantener una serie de encuentros en distintos lugares de España. Durante más de dos años se registraron cerca de cincuenta horas de conversación, de las cuales fue emergiendo, poco a poco, un texto tejido con palabras, silencios y vivencias compartidas.
El proceso fue profundamente freinetiano: experimental, cooperativo y artesanal. No hubo un guion cerrado, sino una escucha atenta, la del escuchante Toño, que permitió que las ideas surgieran desde la práctica y el sentir de Pepi, Olga y Martín. Como explicó Toño, “el libro no pretende teorizar sobre educación, sino contarla desde dentro, desde la escuela que se vive cada día”.
La infancia en el centro
En el corazón del libro late una convicción clara: la infancia tiene derecho a ser escuchada. Pepi, Olga y Martín reivindican la mirada freinetiana que considera a los niños y niñas como sujetos plenos, con voz propia y capacidad de decisión. No se trata de prepararles para el futuro, sino de reconocer el valor de su presente.
El texto aborda temas como el juego, el tiempo, la participación, la autonomía y los cuidados, siempre desde una perspectiva que une pedagogía y vida. Pepi, Olga y Martín comparten experiencias concretas de aula que muestran cómo se aprende desde el cuerpo, la emoción y la relación con los demás.
“Educar —dicen— es crear las condiciones para que la infancia pueda desplegarse con libertad, seguridad y alegría. Es cuidar, acompañar y confiar”.
Esta pedagogía viva, inspirada en Freinet, se sostiene en la cooperación. La escuela se concibe como una comunidad de aprendizaje donde todos —niños, niñas y adultos— aprenden juntos. El libro invita a recuperar esa dimensión colectiva de la educación, donde la palabra compartida, la asamblea, el texto libre o el periódico escolar siguen siendo herramientas de expresión y democracia.

Escuela, sociedad y compromiso
Conversaciones – Hablamos de infancia también aborda la dimensión social y política de la escuela. Pepi, Olga y Martín insisten en la necesidad de mantener una educación pública comprometida con su entorno, abierta a las familias y al barrio, que fomente la participación y la responsabilidad colectiva.
“El aula no puede ser una burbuja”, señalan. “Debe estar en diálogo con la vida, con la comunidad, con los problemas y esperanzas del mundo que habitamos”.
Este enfoque freinetiano, que entiende la escuela como una práctica de ciudadanía, recorre todo el libro. Cada conversación es una invitación a repensar qué tipo de sociedad se construye desde las aulas, cómo cultivamos la empatía, la cooperación y la justicia desde la infancia.
Una presentación que fue también una conversación
Durante el acto, las intervenciones de Toño. Pepi, Olga y Martín combinaron la emoción del reencuentro con la profundidad del pensamiento. Se habló de la alegría y también de las dificultades de mantener una práctica educativa coherente en tiempos de burocracia y prisa. “El libro no idealiza”, recordaron. “Reconoce las tensiones, las dudas, los tropiezos… porque de eso también está hecha la escuela”.
El numeroso público, formado por personas de distintas generaciones, participó con preguntas, recuerdos y reflexiones. En una de las intervenciones se subrayó el valor del libro como herramienta de formación y autoanálisis: una lectura que invita a mirarse, a repensarse y a seguir aprendiendo como educadores y educadoras.
Una escuela que sigue soñando
El encuentro terminó con un aplauso largo y sentido. En sus palabras finales, Toño recordó que Conversaciones – Hablamos de infancia no es solo un libro sobre educación, sino sobre la vida en común. “La infancia es el punto de partida —dijo—, pero lo que está en juego es el modo en que habitamos el mundo, la manera en que nos relacionamos, escuchamos y cuidamos”.
La tarde en La Libre de Barrio fue una muestra de que el espíritu freinetiano sigue vivo: un movimiento que se renueva, que aprende del diálogo y que sigue soñando con una escuela pública cooperativa, crítica y profundamente humana.


