
En el marco del 51º Congreso del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (MCEP), maestras y maestros de diferentes territorios compartieron experiencias pedagógicas vivas y profundamente comprometidas con el respeto al medio ambiente, el contacto directo con la naturaleza y la conciencia ecológica. Las propuestas expuestas no solo integran contenidos curriculares, sino que transforman el entorno escolar en un espacio de aprendizaje vivo, significativo y sostenible. No solo promueven el respeto por el medio ambiente, sino que colocan a niñas y niños como protagonistas activos en el cuidado de su entorno, a través de proyectos de investigación, ecoauditorías, huertos escolares y vínculos afectivos con árboles, animales e insectos. Este enfoque no solo enseña contenidos curriculares, sino que cultiva una sensibilidad ecológica necesaria y urgente en el mundo actual.
Cuidar lo cercano: árboles, agua y papel



Una de las experiencias fue presentada por el Colegio Ángel González de Leganés. En el marco de un proyecto de Ecoescuelas centrado en la biodiversidad urbana, cada clase apadrinó (o amadrinó, como propusieron algunas alumnas) un árbol del patio escolar y elaboró una investigación específica sobre él. Las niñas y niños identificaron sus árboles, investigaron sus características y produjeron fichas técnicas que serán colgadas físicamente en cada ejemplar al inicio del próximo curso. Además, organizaron una “Feria de los Árboles” en la que representantes de cada grupo compartieron con sus compañeras y compañeros los descubrimientos realizados. Este proyecto se complementó con ecoauditorías participativas: el alumnado analizó el consumo de papel higiénico y agua en el centro, y propuso mejoras reales como la instalación de dosificadores o la reducción del caudal en los grifos. Todo ello, desde una perspectiva crítica, participativa y orientada a la acción, evidencia un enfoque pedagógico donde la ecología no es un contenido aislado, sino una cultura escolar integrada en la vida cotidiana.

Aprender con abejas, aves y gusanos de seda
En el Colegio Palomeras Bajas, en Madrid, el año escolar giró en torno a la temática de los animales, el alumnado participó en una actividad de observación de aves urbanas mediante una gincana organizada por clases. A raíz de esta experiencia, cada grupo amadrinó un ave para investigar sus características y aprender a observarla en su entorno cercano. Pero sin duda, una de las vivencias más emocionantes fue la visita de una apicultora a primero de primaria. Equipada con su traje, un panal real y material didáctico, la experta despertó una fascinación colectiva entre los más pequeños, quienes elaboraron un panal simbólico en clase y comenzaron a investigar la vida de las abejas. Las preguntas sobre metamorfosis, jerarquías en la colmena o el papel de la abeja reina se convirtieron en motores de aprendizaje significativo y afectivo. . Los gusanos de seda, por su parte, sirvieron para estudiar la metamorfosis y establecer comparaciones con otros insectos.

El huerto escolar como aula al aire libre
Desde el grupo del País Valencià, varias escuelas compartieron experiencias vinculadas al huerto escolar como espacio de aprendizaje transversal.
En el CRA L´Encantada de Benimarfull, una escuela rural de solo diez alumnos de 6 a 8 años, Rafa desarrolla experiencias de huerto escolar. Estos trabajos conviven con cuadernos de investigación sobre apicultura y naturaleza y con prácticas tradicionales como la impresión con coca de gelatina o la imprenta que convierten cada trabajo en un objeto valioso y compartible.
También en el País Valencià, el huerto escolar del IES Tabernes Blanquese en el que trabaja Rosella, ha dado lugar a cuadernos de trabajo elaborados por el alumnado, como El quadern del hort, donde el alumnado registra sus observaciones, procesos y aprendizajes vinculados al cultivo, la alimentación y el entorno natural. En la correspondencia escolar internivelar que mantienen con alumnado del CRA de Benimarfull (de 6 a 8 años) intercambian conocimientos sobre productos locales, cultivos como la chufa, o el funcionamiento del propio huerto escolar.
El huerto se convierte así en un recurso educativo permanente que conecta ciencias, lenguaje, convivencia y respeto por la tierra, y que además favorece la cooperación entre etapas educativas.

Proyectos globales con raíz local
En el Colegio Núñez de Arenas de Vallecas, la educación ambiental se entrelaza con un proyecto de centro titulado “Nuestro Norte es el Sur” que propone una mirada crítica al mapa del mundo y a las relaciones globales. Inspirado en el mapa invertido de Peters y en las pedagogías críticas del Sur global, cada clase eligió un enfoque de investigación. Algunas se centraron en la alimentación sostenible y elaboraron recetarios con productos de Europa y África, montaron mapas con semillas reales y experimentaron con la cocina tradicional, conectando así cultura, geografía y conciencia ecológica desde una perspectiva intercultural. Otras clases exploraron las escuelas del mundo y las diferencias en el acceso a la educación, a menudo a partir de los testimonios de madres y padres del alumnado, lo que dio lugar a textos, entrevistas y presentaciones compartidas en el calendario escolar del centro. Todo esto se realiza desde un enfoque cooperativo y colectivo, donde aprender sobre el mundo también significa aprender a transformarlo.


Nuestro norte es el sur

Todas estas experiencias muestran cómo la educación ambiental, enmarcada en la pedagogía Freinet, va mucho más allá del contenido curricular o una efeméride: es una manera de estar en el mundo. Se trata de construir una relación ética y activa con el entorno, donde el cuidado del planeta empieza por el conocimiento, la acción colectiva y el amor por lo que nos rodea.
Una escuela que planta árboles, investiga sobre abejas, cultiva su huerto y se pregunta por el uso del agua, es una escuela que educa para el presente y el futuro. En las aulas Freinet, la naturaleza no se enseña desde la distancia, sino que se vive, se nombra, se cuida y se transforma en fuente de conocimiento, expresión y compromiso
Desde el MCEP consideramos estas iniciativas como ejemplo de una pedagogía viva, enraizada en el entorno y comprometida con el presente y el futuro del planeta y animamos a otras escuelas a conocerlas, replicarlas, adaptarlas y compartir sus propias experiencias, porque la construcción de una escuela sostenible, crítica y cooperativa es una tarea colectiva y necesaria.
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