Francesc Imbernón plantea en la charla “Pedagogía, escuela pública y compromiso social. Una lectura pedagógica y política de Celestin Freinet” una reflexión sobre la vigencia actual de la pedagogía de Célestin Freinet. A partir del legado de Freinet y de la memoria pedagógica de Antonio Benaiges, articula su intervención en las jornadas “Freinet Hoy”, celebradas en Bañuelos de Bureba, en torno a algunas de las preguntas más urgentes que atraviesan hoy el debate educativo y el sentido mismo de la escuela pública democrática:
¿Qué significa mirar hoy la educación desde la pedagogía de Freinet?, ¿Cómo defender la justicia social y la escuela pública frente a la mercantilización, la estandarización y la tecnocracia?, ¿Puede existir una educación neutral?, ¿qué sentido tiene recuperar hoy la pedagogía Freinet?, ¿Qué sentido tiene el currículo cuando se separa de la vida?,, ¿Cómo construir una escuela democrática y cooperativa?, ¿Qué lugar deben ocupar la infancia, la participación y la expresión libre en el aprendizaje?, ¿Por qué cuestionar el currículum prescrito y la cultura de la evaluación punitiva?, ¿Qué papel corresponde al profesorado como intelectual crítico y agente de transformación social?, ¿Cómo resistir las lógicas neoliberales que atraviesan la educación contemporánea?, ¿Qué desafíos plantean el presente digital y las lógicas neoliberales a la educación contemporánea?… y, en definitiva, ¿Qué escuela necesitamos hoy para defender la dignidad de la infancia y construir sociedades más justas y democráticas?
Pedagogía, escuela pública y compromiso social. Una lectura pedagógica y política de la pedagogía Freinet
En tiempos marcados por la estandarización educativa, la obsesión por los resultados y la progresiva mercantilización de la enseñanza, volver a mirar la pedagogía Freinet no significa refugiarse en la nostalgia. Significa preguntarse qué puede aportar hoy una tradición pedagógica nacida del compromiso con la infancia, con la escuela pública y con la transformación social. Esa fue precisamente la invitación planteada por Francesc Imbernón en la charla “Pedagogía, escuela pública y compromiso social. Una lectura pedagógica y política de Celestin Freinet”: recuperar una mirada crítica capaz de interpelar el presente y abrir horizontes de futuro.
La reflexión de Imbernón partió de una idea sencilla pero profundamente política: toda pedagogía implica una manera de mirar el mundo, a la infancia y a la sociedad. Cambiar la mirada sobre la educación transforma también aquello que somos capaces de ver en ella. Como recordaba Marcel Proust, el verdadero viaje de descubrimiento consiste en mirar con otros ojos. Y esa nueva mirada conecta plenamente con la tradición Freinet.
El texto de Antonio Benaiges recuperado durante la charla servía como punto de partida para esta reflexión. En él aparece una concepción de la educación que rechaza la idea de conducir o moldear autoritariamente al alumnado. El niño y la niña poseen valores propios, potencialidades, formas de estar en el mundo que deben ser respetadas y acompañadas. Educar no consiste en domesticar, sino en crear las condiciones para que esas posibilidades se desarrollen mediante la experiencia, la sensibilidad, la reflexión y la libertad.
Desde ahí emergía una pregunta central.
¿Qué mirada pedagógica y política podemos hacer hoy de la pedagogía Freinet?
La pedagogía Freinet no puede entenderse como un legado cerrado ni como un conjunto de técnicas heredadas del pasado. Su vigencia reside precisamente en su capacidad para dialogar con los problemas del presente. Más que una memoria pedagógica, constituye una forma de resistencia frente a modelos educativos que reducen la escuela a eficacia, rendimiento y control.
La actualidad de la pedagogía Freinet aparece allí donde se cuestiona la uniformidad curricular, la racionalidad tecnocrática y la idea de que educar consiste únicamente en producir resultados medibles. Frente a ello, la escuela vuelve a ser concebida como espacio público, democrático y profundamente humano. Enseñar y aprender no son actos neutrales: implican siempre una toma de posición ética, cultural y política.
La pedagogía Freinet continúa recordando que la educación debe estar vinculada a la vida. No se prepara a los niños y niñas para vivir en un futuro abstracto; la vida misma constituye el espacio del aprendizaje. Por eso el conocimiento adquiere sentido cuando nace de la experiencia, del entorno, de los problemas reales y de la investigación compartida.
¿Puede existir una educación neutral?
La respuesta que atraviesa toda la reflexión es clara: no existe pedagogía neutra. Toda práctica educativa transmite valores, visiones del mundo y determinadas formas de entender las relaciones humanas.
Defender una escuela pública, democrática y cooperativa implica asumir conscientemente un posicionamiento. Significa entender la educación como práctica social situada y como herramienta de emancipación. La democracia no se enseña únicamente mediante discursos; se construye cotidianamente en las relaciones escolares, en la participación, en la posibilidad de expresar la propia voz y en el aprendizaje colectivo.
Eso no significa adoctrinar. Al contrario. La educación crítica necesita fomentar la duda, la pregunta y la reflexión permanente. No se trata de imponer verdades cerradas, sino de formar personas capaces de pensar, comprender el mundo y actuar sobre él. La conciencia crítica aparece cuando el alumnado puede cuestionar aquello que se presenta como inevitable y comenzar a imaginar alternativas.
Desde esta perspectiva, la pedagogía Freinet se vincula directamente con la defensa histórica de las libertades sociales y políticas, con la escuela pública, laica y obligatoria y con la dignidad de la infancia.
¿Por qué cuestionar el currículum prescrito?
Uno de los ejes fundamentales de la reflexión fue la crítica al currículum cerrado y homogéneo. La escuela tradicional, organizada mediante programas impuestos y alejados de la experiencia infantil, prepara fundamentalmente para la obediencia. Frente a ello, la pedagogía Freinet reivindica un currículum vivido, contextualizado y conectado con la realidad.
El conocimiento no se construye desde la repetición mecánica de contenidos, sino desde el trabajo cooperativo, el tanteo experimental, la investigación y la relación con la vida cotidiana. Aprender implica explorar, equivocarse, contrastar, dialogar y descubrir.
Por eso la pedagogía Freinet rechaza las reformas educativas impuestas verticalmente, sin participación del profesorado ni reflexión colectiva. La escuela necesita autonomía pedagógica para responder a las necesidades reales de su contexto y construir sentido compartido.
¿Qué lugar ocupa el alumnado en esta mirada educativa?
El alumnado deja de ser un receptor pasivo para convertirse en sujeto activo de la vida escolar. La cooperación sustituye a la competencia como principio organizador del aprendizaje. Aprender con otros y para otros transforma profundamente el sentido de la escuela.
La expresión libre —oral, escrita, artística o corporal— adquiere aquí una importancia central. La palabra infantil deja de ser un mero ejercicio académico para convertirse en una forma legítima de interpretar el mundo y participar en él.
La escuela aparece entonces como un auténtico laboratorio de democracia. Participar, decidir, investigar y construir colectivamente forman parte del propio proceso educativo. No se trata únicamente de enseñar contenidos, sino de generar experiencias de ciudadanía democrática.
Escuchar intereses, reconocer contextos y conectar currículo y vida supone reconocer al alumnado como sujeto situado, no como abstracción homogénea. Educar implica cuidar, acompañar y abrir caminos de autonomía.
¿Qué significa defender la escuela pública hoy?
La reflexión sobre la escuela pública atravesó toda la charla como una cuestión profundamente política. La escuela no puede funcionar como empresa ni reducirse a criterios de mercado. Constituye un bien común y un espacio fundamental para la construcción de sociedades democráticas.
Defender la escuela pública significa también luchar contra las desigualdades estructurales que atraviesan la educación: las brechas socioeconómicas, las desigualdades de género, la invisibilización de las diferencias culturales y lingüísticas o las dificultades específicas de los territorios rurales.
En este contexto aparecía con fuerza la idea de justicia social en educación. La escuela puede convertirse en uno de los pocos espacios donde articular de manera concreta tres dimensiones fundamentales: la tres “erres” Redistribución, Reconocimiento y Responsabilidad y participación.
Redistribuir implica garantizar acceso equitativo a recursos y oportunidades de aprendizaje. Reconocer supone valorar identidades, culturas, lenguas y trayectorias diversas. Y responsabilidad y participación significa construir comunidades educativas donde profesorado, alumnado y familias puedan intervenir activamente en las decisiones colectivas.
¿Qué papel debe asumir el profesorado?
La pedagogía Freinet rechaza la figura del docente como mero ejecutor de programas o reformas diseñadas desde fuera. El profesorado aparece como intelectual crítico, investigador de su propia práctica y profesional éticamente comprometido.
La tarea docente requiere reflexión constante sobre las propias creencias, análisis crítico de las políticas educativas y trabajo cooperativo con otros compañeros y compañeras. La cooperación entre docentes deja de ser solo una estrategia organizativa para convertirse en un principio ético y político.
La formación docente tampoco puede reducirse a la aplicación técnica de metodologías. Formar maestros y maestras implica aprender a pensar la escuela, a cuestionarla y a transformarla colectivamente.
En ese sentido, la profesionalidad docente se vincula inseparablemente con la autonomía, la responsabilidad ética y el compromiso social.
¿Qué crítica hace Freinet a la cultura de la evaluación?
Otro de los núcleos de la reflexión fue la crítica a la evaluación punitiva y clasificatoria. La obsesión contemporánea por rankings, indicadores y resultados medibles responde a una lógica tecnocrática que termina reduciendo la complejidad educativa a cifras comparables.
La pedagogía Freinet propone otra mirada: evaluar para comprender y mejorar, no para excluir ni seleccionar. El error deja de entenderse como fracaso castigable y pasa a convertirse en oportunidad de aprendizaje.
La autoevaluación, la reflexión sobre los propios procesos y el reconocimiento de ritmos diversos permiten construir una relación más humana y formativa con el aprendizaje.
¿Por qué hablar hoy de resistencia pedagógica?
La palabra “resistencia” apareció repetidamente a lo largo de la charla porque el contexto actual obliga a defender la educación frente a múltiples procesos de deshumanización.
La expansión del neoliberalismo educativo, la privatización progresiva de la enseñanza, la estandarización curricular y la conversión de ciertas pedagogías activas en simples modas metodológicas vaciadas de contenido crítico representan desafíos profundos para la escuela pública.
Existe el riesgo de conservar únicamente las técnicas Freinet mientras se pierde su dimensión ética, política y transformadora. Cuando el “cómo” eclipsa el “por qué” y el “para qué”, la pedagogía se banaliza y pierde su capacidad emancipadora.
Por eso recuperar hoy la pedagogía Freinet significa sostener prácticas educativas con sentido, capaces de cuestionar la desigualdad, la lógica competitiva y las formas contemporáneas de dominación cultural y económica.
¿Qué diría Freinet ante la era digital?
La reflexión sobre la tecnología evitó tanto el rechazo simplista como el entusiasmo acrítico. La tecnología no es neutra: incorpora valores, intereses y modelos de relación con el conocimiento.
Puede favorecer la cooperación, ampliar la expresión del alumnado y democratizar el acceso a la información. Pero también puede convertirse en herramienta de vigilancia, control y estandarización.
La cuestión central no es la herramienta en sí misma, sino el proyecto educativo que la orienta. Toda tecnología debería estar al servicio de la vida, de la cooperación y de la expresión libre, nunca de la domesticación pedagógica.
¿Qué significa actualizar hoy la pedagogía Freinet?
Actualizar la pedagogía Freinet no consiste en repetir fórmulas del pasado. Significa continuar investigando, abriéndose a nuevas preguntas y construyendo colectivamente respuestas para un mundo complejo e incierto.
Implica perder el miedo a los cambios sin aceptar ciegamente cualquier innovación presentada como inevitable. Significa desarrollar pensamiento propio, ampliar horizontes y mantener viva la capacidad crítica.
La pedagogía Freinet continúa recordando que la educación necesita autonomía, ética, justicia social y compromiso democrático. No es un conjunto de reliquias pedagógicas, sino una invitación permanente a construir escuelas más humanas, cooperativas y emancipadoras.
Porque, en última instancia, la educación sigue siendo una tarea profundamente política: una forma de pensar y construir sociedades más justas y equitativas.
Y quizá ahí resida la vigencia más profunda de Freinet. No en la repetición literal de técnicas históricas, sino en la persistencia de una pregunta que continúa interpelando el presente: ¿qué escuela necesitamos para defender la dignidad de la infancia y el derecho colectivo a una vida democrática?
Jornadas «Freinet Hoy»: “Ayer y Hoy de la Pedagogía Freinet. Trascendencia de lo histórico. Vigencia de la Pedagogía Freinet hoy”, organizadas por e Grupo «Freinet Hoy» del MCEP y la Asociación Escuela Antonio Benaiges los días 15 y 16 de mayo de 2026 en Bañuelos de Bureba – Burgos