MCEP -IMAGEN POÉTICA-17

 “Granada  forma parte de mi piel, de mis ojos, de mi pelo, de mi cante, de mi comida, de mis hijos, de mis padres… yo siempre volveré a Granada”. Estrella Morente

Mi abuela
Mi abuela se  llamaba Consuelo Vargas Sánchez. Era granadina. Cuidaba su patio de rosas y jazmines. Y tenía un cajón. Nació en el pueblo de Cañar, en la sierra alpujarreña, cuando se inauguraba el siglo XX.  Y tenía un cajón.
Mi abuelita era la mayor de 11 hermanos, era maestra y tenía historias, y un cajón.
Según crecía,  fue viendo desaparecer a  algunos de sus hermanos y a su padre. A unos se los llevó la guerra, a otros los sueños en busca de un lugar mejor.
Fue despidiendo a todos sus hermanos y hermanas, con abrazo de brazos, con abrazo de carta o con abrazo silencioso.
Yo conocí a 3 de sus hermanos y a una hermana. Eran la risa, la carcajada, el humor, el baile y el cante. Eran los ojos azules o negros, y siempre brillantes.
La abuelita cambió su cajón de pueblo. Lo llevó de Cañar a Granada y acabó, tras un recorrido, en Navas de San Juan, con el amor de su vida: nuestro abuelo Nicolás.
El cajón de mi abuelita se fue llenando: de hijas (3) de hijos (2), de nietos (7) de nietas (4), de biznietos (coincidió con 3).
Cuando llegábamos  a su casa  de Navas, tras el beso y el achuche apretado, apresurado y delicioso, íbamos corriendo  al cajón. Allí había más besos con sabor a galletas, a dulces naveros, a patatillas, a tortas de aceite. Algún día descubrí una bolsita de lágrimas escondidas. (Pero esa es otra historia).
Mi hermano Paco y yo íbamos mucho a las Navas. Así mi padre, mi madre y tía Juli respiraban un poco con los otros 6.
Nunca supe del todo por qué me tocó irme con ellos a menudo. Pero en cuanto pude o supe elegir, elegí irme a su casa: en esos septiembres vacíos antes del instituto, en esas semanas santas que entonces eran distintas, en esos puentes de Mayo a celebrar “los Mayos”, o en  cualquier fin de semana a dormir mientras contaba cuentos y movía la boca con sus juegos a mi hija y a mi hijo.
Yo empezaba  a tener un cajón propio. Soñaba con una habitación pero eso tardó en llegar. Tardó casi toda mi vida; está empezando a llegar ahora.
Y en él fui guardando sus historias, su mirar el mundo, su coquetería, sus guiños y muecas a los peques, su acogerme cuando no sabía dónde ir, sus relatos de vida “sin importancia”, sus “arréglate y no salgas así”, sus cuentos, sus coplas cantadas cada cena navideña mientras viajaba en busca de sus hermanas y hermanos: Fue en Nueva York una Nochebuena… . Su añoranza por Granada, Granada, tierra soñada por mi en su voz cada vez más quebrada, pero igual de humana.

Su mesa camilla, su brasero, sus manos pelando habas, limpiando lentejas, tejiendo ganchillo, sus bolillos musicales, su colonia, sus rizos, sus  juegos  con la boca y con las manos,  que iba haciendo a quienes fuimos ampliando su familia; sus fotos…
Le gustaba, hacerse una foto en la Avenida, la calle donde vivía en Navas, con cada uno y cada una   cuando empezaban a andar. Se ponía detrás y caminaban, quizás para que supiéramos que pasara lo que pasara, nos iba a sujetar.
Un día llegué con un nuevo pequeño, mi hijo. Tenía siete meses y ella quería hacerse la foto. “Abuelita, en el siguiente viaje”- le dije. Pero ya no hubo. Al día siguiente se cayó. La ingresaron. Yo volví a Madrid. Y a los 4 meses, me llamaron al cole.  La vida, por aquel entonces, se me había atragantado y no pude ir a verla para decirle adiós.
Fuimos mi padre y varias hermanas a despedirla. Cantábamos a gritos  “Pasa la vida” . Fue nuestro viaje a la primera despedida familiar, como adultas. En la de mi tío Pepe éramos más pequeñas. La risa y  el llanto con mis hermanas siempre vuelven revueltos en los momentos difíciles.

Meses después supe que entre sus últimas palabras nos dedicó alguna a los tres.
”Dile a Lupe que sé que se ha quedado sola con sus peques, y que el abuelito y yo habíamos pensado irnos a Madrid con ella, a cuidarlos, a cuidarla y a ayudarla. Y que la quiero.”
Gracias abuelita. Sigo yéndome a tu cajón, tú ya sabes cuándo y cuánto. Te quiero.

Dedicado a todas las abuelas. Hoy y siempre.

Cuéntanos alguna historia de tus abuelas de sangre, de oficio, de vida. En estos días que, a ratos y  a retazos, las estamos pasando y paseando por nuestros corazones.

Desde Huelva, pas(e)ando por algún lugar de Granada, Jaén y Madrid.
Y volviendo  a ti.

Gracias por tu bella imagen, M.Jesús Feria.
Gracias Estrella Morente por tus palabras.

Gracias  a Concha Piquer,  Joselito  y a los Romeros de las Alpujarras por vuestras canciones.
Gracias a todas las abuelas y todos los abuelos que nos rondan o rondaron en los corazones o/y  en los cajones.

LupeMcepMadrid

 

 

6 thoughts on “MCEP -IMAGEN POÉTICA-17”
  1. Yo tenía una abuela que se levantaba a las 6 de la mñn para hacer la mejor de las empanadas … Mi abuela era coraje , voluntad , fortaleza , simpatía , generosidad … Mi abuela era hogar, era familia, era AMOR … Mi abuela es un recuerdo constante en mi vida … se llamaba LOLA …
    Mis hijas tienen una abuela que se llama LUPE , sí lupe , vuestra lupe … y nuestra Lupe … esa maestra de vocación y corazón , esa mujer guapa a rabiar , generosa, divertida , entregada , justa , leal , esa mujer especial que toda persona quisiera tener en sus vidas . ELLA es la abuela de mis hijas , un ejemplo para mi , la mejor abuela , la más BUENA , la más LISTA y la más IMPORTANTE… Paula – Celia y Sara ❤️

  2. La mente guarda memorias. La piel las teje, en la piel palpitan. Cuando nos damos cuenta, y cuando no. Está fuera de nuestro alcance saber cómo seremos recordados en la piel de nuestros hijos, de «vuestros chavales», esos que educáis con vocación y amor. Pero ojalá sepamos, día a día, momento a momento, ser un palpitar que les ayude a ser bondadosos y risueños dentro y fuera de sí mismos; ojalá tejamos seres muy humanos, seguros de sí y ocupados en los demás; seres muy humanos que sepan que el bien ha de ser común; seres muy humanos que entiendan el planeta como un ser vivo, como un placer asombroso que nos acoge pero que no nos pertenece.
    Gracias Lupe por amar. Por revolvernos. Gracias a cada familiar y a cada maestro, a cada vecino y a cada ser muy humano que hace de este mundo un lugar mejor. Ahora y mañana.

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