BEM 19. El método natural de lectura. Célestin Freinet

Los errores de los métodos falsamente científicos de la escolástica
Hacia caminos de adquisición más naturales y eficientes Si usted pregunta a una madre -aunque sea adjunta o incluso profesora de gramática y  fonética con  qué método ha enseñado a hablar a su hijo, lo mirará extrañada. ¡Como si pudiera haber dos maneras de enseñar el lenguaje a su hijo!  Para el niño sólo hay una forma de aprender a hablar, y ésta es siguiendo el único proceso natural y general de ir tanteando experimentalmente,  proceso que hemos descrito en nuestro libro: Essai de Psychologie Sensible Appliquée a l’Education.
El niño lanza un grito más o menos accidental, más o menos diferenciado. Y se da cuenta -cierto que de una manera más intuitiva e inconsciente que  formal- de que ese grito tiene un cierto poder en su ambiente, de que posee una analogía con los gritos que oye a su alrededor. Es este grito, modulado
con lentitud y después articulado, lo que se convertirá en lenguaje.
¿Qué norma seguirá esta evolución? ¿Qué móviles la guiarán? ¿Cómo se llegará a esta conquista?
Resumiremos este proceso, que por otra parte no es exclusivo de la adquisición del lenguaje:
a) El ser humano es impulsado en todos los campos por un misterioso principio de vida que lo lleva a ascender constantemente, a crecer, a  perfeccionarse, a adueñarse de mecanismos y útiles que lo llevan a adquirir potencia y a aumentarla. Si no existiera esta necesidad, todas nuestras  solicitaciones y nuestros inventos pedagógicos serían inútiles, como lo son en las tentativas, metódicas y pacientes, de educación de los monos.
b) El individuo experimenta una especie de necesidad fisiológica más que psicológica, funcional, de acomodar sus actos, sus gestos, sus gritos a los de  los individuos que lo rodean; quiere ponerse al unísono. Todo desacuerdo, toda falta de armonía, se siente como una desintegración, y es motivo de  sufrimiento. No se trata únicamente de imitación: es más profundo, más orgánico y más imperativo: es un gesto que suscita un gesto parecido, un ritmo que impulsa los músculos de una manera uniforme, un grito que pide un grito idéntico.
Debido a esta ley, es natural que el niño que quiere crecer en potencia, se esfuerce en que sus gestos y sus gritos vayan al unísono con los gestos y los  gritos de su ambiente.
c) ¿Cómo se realizará esta conquista? No existe otro proceso que el de ir tanteando experimentalmente; la misma ciencia se basa en ese tanteo y es su resultado.
En su esfuerzo por sintonizar sus gritos con los gritos ambientales, el niño intenta sucesivamente todas las combinaciones y posibilidades que le ofrece su organismo: movimiento de la lengua y  los labios, acción de los dientes, inspiración o espiración. Retiene, para repetirlos y utilizarlos, los intentos que le han salido bien y que quedan fijados como regla de vida más o menos indelebles.
De esta forma y en un tiempo récord, el niño llega a la imitación perfecta de los gritos que oye. Cierto que lo consigue después de infinidad de experiencias, pero cuando es toda la vida la que está  en juego, el individuo no se queja. Es lo mismo que el jugador de petanca, que durante días e incluso años se ejercita en el lanzamiento de las bolas a fin de conseguir la perfección de sus  movimientos.
Y la prueba de que la base estriba en ir tanteando experimentalmente y no en el razonamiento, es que:
el niño no llegará a imitar de modo perfecto si oye imperfectamente; si, debido a alguna deformación orgánica, su oído deficiente no percibe algunas inflexiones; si, aun oyendo a la perfección, la  gama de las experiencias posibles se ve dificultada por una debilidad congénita o accidental; y en el hecho de que tanto imita los defectos como las cualidades del lenguaje.
Simplemente se pone al unísono perfecto del lenguaje ambiental. De aquí la persistencia de los acentos, de los lenguajes locales, así como de ciertas pronunciaciones defectuosas comunes a una  familia o a un grupo.
d) Otro principio más, esencial, que da todo su valor a la acción educativa: el proceso de este ir tanteando experimentalmente puede ser perfeccionado y acelerado. Un ambiente «que ayude», que  le presente los modelos más perfectos posibles, que le facilite su experiencia personal, que le dirija en la sistematización de las conquistas disminuyendo los peligros de error, es sin duda alguna  decisivo en esta aceleración.
El hombre cometería un error siempre fatal si pretendiera alterar este proceso, fundamentar sus prácticas educativas en otros principios, servirse, por ejemplo, del razonamiento, de la lógica, de  la memoria, de la inteligencia, o de una ciencia falsamente idealizada que en algunas ocasiones llevaría, en efecto, a quemar etapas, pero en detrimento de los individuos, que se verían desequilibrados en lo más profundo de sus aspiraciones vitales.