Las Técnicas Freinet de la Escuela Moderna han franqueado hoy la larga etapa de treinta y cinco años de experimentación, para alcanzar a introducirse efectiva y metódicamente en un número creciente de escuelas francesas y del extranjero.
Un cambio tan radical de método en educación constituye una verdadera revolución, que requiere una formación especial de los nuevos educadores y la reeducación de aquéllos que durante largo tiempo han estado esclavizados por la escolástica.
En espera de que los organismos oficiales tomen a su cargo esta reeducación indispensable, nos sentimos obligados a responder con medios improvisados a la demanda creciente de los educadores de todos los grados que desean encuadrarse en nuestras técnicas.
Habíamos comenzado a escribir con esa intención una guía sucinta: ¿Cómo iniciar? que, según creíamos, podría bastar para los primeros ensayos.
Nos hemos dado cuenta entonces de que los consejos técnicos que aportábamos no sólo corrían el riesgo de ser insuficientes, sino el de desorientar y descorazonar a los recién llegados si no los completábamos con instrucciones más precisas en lo que concierne a la utilización pedagógica de estas técnicas y al espíritu de nuestra enseñanza.
En este caso, nos hacía falta incitar a nuestros lectores a reconsiderar un cierto número de nociones y de prácticas psicológicas, pedagógicas, técnicas y sociales que corrientemente están admitidas en los medios escolares y que la tradición prohíbe tener por dudosas, puesto que son las bases mismas de todo el edificio escolástico.
Quisiéramos establecer aquí una nueva gama de valores escolares, sin otra preocupación que la búsqueda de la verdad, a la luz de la experiencia y de la sensatez.
Sobre la base de estos principios que nosotros tendremos como invariantes, por consiguiente incontestables y seguros, quisiéramos llevar a cabo una especie de Código pedagógico con:
– luz verde para las aplicaciones conformes a estas invariantes, en las cuales los educadores pueden seguir sin aprensión, puesto que están seguros de alcanzar un éxito alentador;
– luz roja para las aplicaciones que no se ajusten a estas invariantes y que hará falta proscribir, por consiguiente, lo antes posible;
– luz ámbar e intermitente para las aplicaciones que, en ciertas circunstancias, puedan ser beneficiosas, corriendo el riesgo de que sean peligrosas, y en las cuales no se podrá avanzar si no es con prudencia con la esperanza de superarlas pronto.