BEM 03. La formación de la infancia y de la juventud. C. Freinet

Tal vez un día el verano de 1959 aparezca como un hito memorable de la crisis de la juventud francesa.
Todos conocemos a través de la prensa y el cine los duros castigos impuestos a jóvenes de América, tanto individual como colectivamente. Francia, de todas maneras no es América y -se razona-  en nuestro país tenemos unas instituciones sociales y familiares resistentes, capaces de oponerse a la ola de inmoralidad y delincuencia.
Mucho se ha hablado también de los Anderumper de Dinamarca y de los Skunna Folke de Suecia. Aquí las cosas se complican: se trata de una juventud privilegiada, no angustiada por la miseria  popular ni por la guerra, una juventud, en fin, sin reivindicaciones y que extrañamente se lanza a la calle presa de una furia medieval.
En Polonia -democracia popular- los llamados Hooligans amenazan el orden y el trabajo en un país donde el gobierno se interesa especialmente por los problemas de los jóvenes.
En Inglaterra los Teddy Boys, en el Japón los Tokyo Jokum, en Alemania los Halbstarken, Tsotsis en África del Norte, Nozem en Holanda, Vitelloni en Italia, todos los países se ven afectados por  esta epidemia.
Francia contaba, desde luego, con sus gángsters y delincuentes, pero parecía que la juventud se resistía a la contaminación. Súbitamente cundió la alarma y se ensombreció nuestro nítido cielo de  verano.  En un suburbio de París se entabla una verdadera batalla campal entre dos bandas juveniles que destrozan un café y maltratan a sus clientes.
Los periodistas, ávidos de información en esta época estival, dan gran publicidad a este incidente. Algunos sin grandes escrúpulos intentan organizar batallas entre las diversas bandas para  fotografiarlas y filmarlas. La inquietud llega hasta la policía, que anuncia la existencia de 10.000 jóvenes organizados en bandas, sólo en la capital. La policía advierte que el orden se restablecerá y  será salvaguardado…
Sin embargo, nada se hace para averiguar las causas que generaron este fenómeno. La fuerza bruta por si sola es incapaz de resolverlo.
En Bandol (Var) una banda de jóvenes toloneses armados de objetos diversos se lanza sobre una playa. Interviene la policía con vigor -incluso se efectúan varios disparos- para proteger a los  añistas y se practican algunas detenciones.
El mal es cada vez más amenazador.
En Lyon, en una manifestación de «blousons noirs», son apaleados tres italianos mientras en Cannes libran otra batalla campal contra fuerzas de la policía.
Tal vez se trate de una moda, malos ejemplos o intrigas de agitadores que bastaría con apresarlos, pero lo cierto es que todos esos movimientos no son espontáneos. La moda, los malos ejemplos y  los agitadores han existido siempre. Una cierta crisis de la juventud, por otra parte más o menos aguda, ha existido también siempre, resultado de la tradicional oposición entre generaciones. Pero cuando esta crisis genera desórdenes como los citados -entre la multitud de los que podríamos citar-, significa que el mecanismo social no funciona bien.
Debemos intervenir inmediatamente. No es posible por más tiempo enmascarar los peligros y afirmar que la juventud pasa y que la ley prevalecerá.
Es necesario poner al descubierto las causas del mal para remediarlo.
Tal es el objeto de este estudio.