Nuestra posición ante los «especialistas» de la psicoterapia
Cuando hablamos de los efectos terapéuticos de la pedagogía Freinet, no pretendemos en absoluto minimizar la aportación de toda la psicología y ciencias de la educación, pero nosotros, los educadores, no siempre encontramos en ellas la clave práctica que nos permita un conocimiento mejor del niño. Este conocimiento del niño continúa siendo no obstante indispensable para cumplir nuestro trabajo de la forma más eficaz, sin un grave riesgo de error… pues, como destaca Wallon: «El niño sabe únicamente vivir su infancia. Conocerla corresponde al adulto… Pero ¿qué prevalecerá en este conocimiento, la perspectiva del adulto O la del niño?» Freinet tuvo que poner en marcha una pedagogía destinada a los educadores del pueblo, que, «tuvieron que solucionar en la medida de sus posibilidades «las contradicciones inscrítas en el gran problema de la educación, bajo sus aspectos intelectuales~sociales, humanos».
«Resulta siempre difícil, recuerda Freinet en su Essai de psychologie sensible, al novato formado a costa de los hechos irrumpir en el mundo cerrado de una cultura especializada. Su presencia entre los iniciados, que se quiere destacar, amenaza continuamente con propiciar el ridículo, y en el mejor de los casos, con suscitar el escándalo que en seguida marcará al intruso su destino.»
Y las observaciones, justificadas por otra parte, indica Michel Barré, afluirían constantemente:
«En primer lugar, se nos diría, ¿de dónde saca usted el atributo de psicoterapeuta? Los enseñantes no siempre tienen una formación de enseñante… en cuanto a su formación psiquiátrica, en general no existe… y no hay que confundir la curiosidad y el barniz de los estudios psicopedagógicos con una formación sólida. Un mal maestro puede cometer desastres pedagógicos… ¿qué pasaría entonces con un psicólogo incompetente?
»Se nos plantearía otro argumento: los niños de nuestras escuelas no son, en principio, enfermos mentales y los métodos psiquiátricos carecen de utilidad para nosotros.
»Sin pretender, como Knock, que una persona sana es un enfermo mental que se desconoce, resulta difícil establecer una frontera entre lo normal y lo patológico. Por otra parte, todos los grandes teóricos de la psiquiatría moderna han pasado del sector de la enfermedad al de la prevención y han ampliado su teoría de una higiene de la vida mental. Basta con recordar la influencia que tienen sobre la educación y la vida diaria las teorías sexuales de Freud, del complejo de inferioridad de Adler, del psicodrama de Moreno y, más recientemente, de la nodirectividad de Rogers. Esta ampliación de la psiquiatría merecería, sin embargo, ciertas reservas que no siempre tienen en cuenta los entusiasmos pasajeros.
»Por otra parte, los niños no acuden a la escuela para recibir Un tratamiento psicoterapéutico. La escuela es obligatoria, y esta obligación repercute en el éxito de un tratamiento; la escuela tiene unos objetivos distintos, ajenos a la psicoterapia. Aunque fuese deseable un tratamiento, la propia naturaleza de la clase no permitiría una psicoterapia clásica: los grupos suelen ser demasiado numerosos, tanto para una psicoterapia individual como colectiva.
»Por último, dado que el educador es parte interesada en la educación, no puede ser a la vez el que cura y el que forma.» Por·consiguiente hemos de desvelar inmediatamente la ambigüedad que supone el adjetivo «terapéutica» y afirmar que lo vemos desde un cierto ángulo, que carece de parentesco con el que contemplan los psicoterapeutas de profesión.
