Cómo ser lector. Jean Foucambert

Prólogo  de Josep Alcobé

Fue por azar que tuve la fortuna de conocer la opinión de Jean Foucambert  sobre la lectura. La entrevista que publicaba «Le Nouvel Observateur» del  16 de febrero de 1981 abría para mi soluciones a las dudas y problemas que  habían presentado a lo largo de mi vida profesional de educador la  enseñanza de la habilidad lectora y la expresión escrita.

A partir de entonces no hablaría de enseñar sino de ayudar a aprender.

Reviviendo ideas que habíanse basado en el aprendizaje natural  según  Freinet, traté de obtener una información más profunda de las concepciones  que eran el fundamento de la labor de estudio y difusión de la  AFL (Asociación Francesa para la Lectura), a cuya organización pertenece  Jean Foucambert, en primer término «La maniére d’étre lecteur».

También quería conocer cuál era la reacción de los Grupos de trabajo del  movimiento francés ante aquellas concepciones.

Puede explicarse entonces por qué se dan tantos casos de fracaso escolar,  pues si bien casi siempre se lograba enseñar el mecanismo de descifrar los  sonidos escritos no siempre se conseguía que el sujeto que aprende llegara a  ser un buen lector: comprender, obtener una información válida y utilizable.

Fundamentalmente me reafirmaba que la disposición para aprender —no  importa qué— depende del deseo y de la necesidad, de la utilidad inmediata  que se espera del dominio de aquello que se aprende. La imposición externa  y a destiempo —la enseñanza generalmente es así— no consiguen el  objetivo.

Recientemente he visto una película: Galileo, que me ha recordado que los descubrimientos —Copérnico, Bruno, Galileo como ejemplo— topaban con las ideas aceptadas hasta entonces por el mundo civilizado que no desea modificar el «statu quo», oponiendo a  todo aquello que cambia una concepción adaptada a los intereses imperantes.

Algo semejante ocurre con la lectura. En vez de despertar el interés por saber leer —comprender el escrito, adquirir rapidez y las  técnicas y estrategias correspondientes a los diversos tipos de lectura que cabe practicar según las circunstancias y necesidad— y de  facilitar el aprendizaje —que siempre es una opción y un esfuerzo personal— el procedimiento seguido mayormente por quienes tienen la responsabilidad de procurar la adquisición de habilidades y conocimientos es antinatural e impuesto siguiendo normas que  llevan a que el aprendiz ante la posibilidad prevista de fracaso se niegue a proseguir y aceptar su papel, utilizando diversos procederes, activos o pasivos.

De parte del educador, la oposición —o el desconocimiento más o menos voluntario— a una metodología renovadora de lectura real y  efectiva presenta diversos aspectos y se produce a distintos niveles. Pensemos que, según investigaciones hechas con profundidad en  muestras muy amplias y variadas, entre aquellos alumnos que han tenido una escolaridad normal y completa solamente un porcentaje bajo llega a ser realmente un buen lector, lector eficiente y autónomo.

A ello han contribuido las diversas vías impropias, inadecuadas, artificiosas, impuestas, que se han utilizado para «enseñar» a leer. A  ello contribuyen también intereses comerciales que ofrecen procedimientos que se basan en el uso de libros para lectura colectiva y en  voz alta, con contenidos que no solamente no están ligados a las vivencias ambientales y cotidianas del alumno, sino que  frecuentemente presentan temas cuya generalidad y temática no tienen ningún interés para el presunto lector. Como también cabe  citar que desde ciertas esferas de poder se sigue pretendiendo mantener un mandarinazgo elitista. Este último es un aspecto no precisamente pedagógico, sino social, que en este momento no quiero recoger ni profundizar. Pero que es preciso no desconocer, no  olvidar,

Siete movimientos pedagógicos, los más importantes de Francia, preocupados por el aprendizaje auténtico de la lectura y el dominio lector eficaz, llegaron a conclusiones coincidentes y firmaron en diciembre de 1985 un documento conjunto que no puede ignorarse.

Parecidas conclusiones se abren paso también en otros países, al tener preocupaciones semejantes sobre el fracaso escolar y el dudoso  aprendizaje de la lectura.

A la labor de clarificación y de difusión de esta concepción científica de la lectura y de una  metodología racional ha contribuido singularmente este libro, «La maniere d’étre lecteur».

No he de pretender explicar el contenido del libro. Quien tenga interés por conocerlo lo leerá sin duda. y hallará claras y amplias explicaciones. Pero me parece conveniente señalar de antemano, y así no se deje de tener en cuenta esta perspectiva, que leer es un  ejercicio visual que lleva a la mente de forma directa el significado del escrito, sin pasar por la oralización y la escucha. Leer no €s  pronunciar, no es descifrar oralmente el escrito, aunque sea veladamente. Precisa su comprensión y conlleva relacionarlo con  conocimiento previos, ser capaz de anticipar el desarrollo del texto y de utilizar la información.

Si así entendemos la lectura de ello derivará una pedagogía distinta, especialmente si tenemos en cuenta también los mecanismos fisiológicos y mentales que funcionan en el saber leer y en los distintos tipos de lectura —estrategias— que utilizamos según la necesidad concreta.

El libro desarrolla con claridad como se aprende verdaderamente a leer y propugna cuál debe ser el método de aprendizaje, con unas  líneas pedagógicas que difieren fundamentalmente de las ideas hasta muy recientemente indiscutidas.

Leer es todavía un instrumento de trabajo y de goce imprescindible, a pesar de que esta época de audiovisuales parece hacer menos necesario. También la informática requiere lectores veloces y seguros. Asimismo el escrito en carteles y en televisión acompaña y  aclara imágenes que diariamente observamos.

Quien sepa extraer de este libro las consecuencias indispensables a una labor pedagógica eficaz y acertada habrá abierto su camino hacia nuevos horizontes didácticos de liberación cultural y de democracia real de amplias masas populares.

Hemos de ser capaces  también de no contentarnos con saber más sobre la lectura, su ausencia y su adquisición. Precisa ponerlo en práctica con firmeza,  perseverancia y consecuencia.

Me atrevo a esperar que la lectura de este libro de Jean Foucambert sea determinante reactivo en comprender los errores del pasado y  plantear nuestro trabajo futuro como educadores cada vez más conscientes.

Importa, sin embargo, unir esfuerzos, institucionalizar  este nuevo enfoque, intercambiar experiencias para transformar un proceso a menudo difícil en un ancho camino de éxito y  satisfacción.

Comunicación, intercambio, unidad de acción son claves para una transformación, para una nueva realidad.

Josep Alcobé