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 “El problema es que los alumnos se aburren. Eso sí que es un gran problema que hay que evitar a toda costa”. Bruner
“No podemos aceptar una escuela que aburra, que les pida a los niños y niñas que se pasen muchas horas durante muchos días y muchos años haciendo actividades que no les interesan, por las que no consiguen apasionarse. Francesco Tonucci
“Mamá, yo quiero ir a la escuela un día a la semana, porque en ese día puedo aprender todo lo que me enseñan y los demás días me sirven para jugar”. Niño de 6 años en Bogotá

La escuela del futuro

Los primeros días que se empezó a hablar sobre el cierre de colegios, un título de novela rondaba por mi cabeza “Crónica de una muerte anunciada”, la de la escuela caduca y caducada. Pensaba que al quedarse sin las paredes que la ocultaban iba a ser el momento de transformarla, como vienen intentando hacer algunos maestros y maestras a lo largo de tanto tiempo y en distintos países.

El miedo a perder esos «imprescindibles contenidos» en esta tercera evaluación, la obligatoriedad de conectarse tantas horas al día a las plataformas, el desconocimiento de su uso, el atasco en los canales de comunicación, el miedo a no saber qué pasará… todo eso y más ha ido borrando de mi mente esa novela. De mi corazón y e mis ganas no.
La realidad me ha contado que esa escuela no acaba de irse, aunque lleve tantas décadas empezando a hacerlo.

Una madre me llama el otro día para contarme la primera videoconferencia que realiza la profesora de su hija mayor,de 6º. Se conectaban por primera vez tras casi seis semanas en casa. Cuenta que la profesora ha hecho grupos de 7 niños y niñas de 6º de Primaria. El primer grupo se conecta las 9’00, segundo a las 12’30 y el tercero a las 15’00.
La hora y media que pasaron conectados, no pudieron saludarse más allá del hola, ni sonreír.

Tema 6, pagina 120. La materia. María lee.”-dijo la profe. “Nada de perder tiempo que solo tenemos hora y media”. “Atentos que tenéis que leer todos”.
Y mientras María empieza a leer aunque no se oye bien la plataforma, “Niños, no os miréis unos a otros, mirad al libro, nada de risitas, no chateéis, luego no digáis que no entendéis

A mí se me quedó un sabor amargo en la boca. Esta madre me contaba que su hija se tuvo que conectar en los tres grupos porque le fallaba la conexión. En los tres grupos hicieron lo mismo: leer el tema 6 (tres preguntas) con voces entrecortadas por fallos técnicos,  en las que no hubo hueco para la emoción. Sin mirarse, sin saludarse, sin preguntarse por ellos y ellas, ni por el mundo que estaban viviendo, ni por las ocupaciones ni preocupaciones. Ni siquiera pudieron hablar de las dudas de ese tema, o de preguntas que les ayuden a investigar. La materia, ese maravilloso tema que nos cuenta de qué estamos hechos y que tan fácil hubiera sido relacionar con el momento actual.
La despedida fue un “Ejercicios del 1 al 8. Acordaros de copiar las preguntas” Esquema. No subrayéis porque los libros serán para otros niños el curso que viene. Ya sabéis”. Pasado mañana corregimos los ejercicios y leemos las siguientes preguntas.”

No sé. Dicen  que la escuela del futuro ha llegado. Y que lo de avanzar contenidos (o lo que sea leer tres veces lo mismo en 4 horas y media) es lo importante.

Esta escuela del futuro no me gusta.
La escuela que sabe adaptarse a las necesidades del momento vital de  nuestros niños y niñas sin dejar de perder el objetivo del saber ser, del saber hacer, del saber sentir, del saber estar en el mundo, del saber expresar, del saber acompañar, del saber proponer, es la que queremos.

Desde Huelva, pas(e)ando por Bogotá, Nueva Yorrk, Italia, Madrid , y volviendo a ti.
Gracias por tu bella imagen, M. Jesús Feria.
Gracias por vuestras reflexiones Tonucci y Bruner.
Gracias a niño de Bogotá por esas sabias palabras.
LupeMcepMadrid.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.