Vanessa lleva 25 años en la enseñanza y encontró en el CEIP Núñez de Arenas, en El Pozo del Tío Raimundo, un lugar donde transformar su manera de entender la escuela. Allí ha aprendido que trabajar desde la pedagogía Freinet no consiste en aplicar técnicas de manera automática, sino en partir de los intereses y necesidades de niños y niñas y buscar, desde ahí, las herramientas que permitan acompañar sus aprendizajes. Proyectos como el restaurante escolar o el Camino de Santiago muestran cómo la cooperación entre alumnado, familias y profesorado puede abrir posibilidades que van mucho más allá del aula. Su primer encuentro con el MCEP en Bañuelos de Bureba terminó de confirmar que había encontrado un colectivo al que quiere seguir perteneciendo y en el que continuar aprendiendo.
Hay trayectorias profesionales que pueden contarse a través de los lugares por los que una persona ha pasado. Otras se entienden mejor si se recuerdan los encuentros que las transformaron.
La de Vanesa pertenece a estas últimas.
Escucharla es asistir al relato de una maestra que, con el paso de los años, fue descubriendo que enseñar no consiste únicamente en preparar buenas clases o encontrar mejores metodologías. Consiste, sobre todo, en aprender a mirar. Porque solo cuando cambia la mirada cambia también la relación con los niños, con las familias, con los compañeros y, en definitiva, con la propia escuela.
Su historia comienza hace veinticinco años en el entonces Colegio Nacional de Sordos de la Comunidad de Madrid, hoy CEIP El Sol. Acaba de incorporarse a la profesión y comparte la tutoría de un grupo de primero de Primaria con Eladia, una maestra próxima a la jubilación. Aquel encuentro marcará profundamente su manera de entender la docencia. De ella aprende que la autoridad no nace de la distancia, sino del difícil equilibrio entre el afecto y la firmeza. También descubre algo que entonces le parece irrepetible: el vínculo que una maestra puede llegar a construir con un grupo de niños. Cuando termina el curso está convencida de que nunca volverá a vivir una experiencia semejante. Años después comprenderá que solo había sido la primera.
Los años dedicados a la Audición y Lenguaje amplían todavía más esa manera de entender la educación. Trabajar con niños y niñas para quienes la comunicación exige otros tiempos y otras formas de escucha le enseña que comprender a una persona empieza mucho antes de las palabras. Aprender a observar, a esperar, a descubrir aquello que el otro intenta expresar aunque todavía no encuentre la forma de hacerlo acaba convirtiéndose, sin que ella lo advierta, en una escuela para la propia maestra.
Cuando regresa a la tutoría lleva consigo todo ese aprendizaje. Como tantos docentes comprometidos con la renovación pedagógica, busca nuevas maneras de organizar la vida del aula. Lee, experimenta, incorpora propuestas que apenas habían llegado a Educación Primaria y comparte con entusiasmo cuanto va descubriendo. Durante un tiempo cree que transformar la escuela depende, sobre todo, de encontrar mejores respuestas. Hoy recuerda aquella etapa con una sonrisa. La experiencia terminará enseñándole que las preguntas son mucho más importantes que las respuestas y que ninguna innovación educativa puede crecer si antes no aprende a escuchar a las personas con las que quiere construirse.
El verdadero punto de inflexión llega con su incorporación al CEIP Núñez de Arenas.
No es un cambio de destino.
Es un cambio de mirada.
Los primeros meses resultan desconcertantes. Hay niños y niñas cuya manera de relacionarse cuestiona muchas de las seguridades que había construido durante años de profesión. Durante algún tiempo intenta comprender aquella realidad desde todo lo que ya sabe hacer como maestra. Poco a poco descubre que el camino es otro. La cuestión no consiste en cambiar a esos niños. Consiste en aprender a mirar el mundo desde el lugar en el que ellos viven. Solo entonces empieza a comprender que detrás de muchas conductas hay historias que piden tiempo, confianza y afecto antes que respuestas inmediatas.
Aprender a mirar de otra manera cambió mucho más que su relación con el alumnado.
Cambió la escuela.
O, al menos, la forma en que ella empezó a habitarla.
Poco a poco dejó de preguntarse qué podía hacer para motivar a los niños y comenzó a preguntarse qué necesitaban aquellos niños para sentirse parte de lo que ocurría cada día en el aula. La diferencia parece sutil. En realidad, cambia completamente el lugar desde el que nace la acción educativa.
También las familias empezaron a ocupar otro espacio. Ya no eran quienes recibían información sobre los proyectos de la escuela. Eran personas con las que construir la escuela. Las conversaciones dejaron de servir únicamente para resolver dificultades y comenzaron a convertirse en una oportunidad para compartir responsabilidades, ilusiones y expectativas. La confianza dejó de ser un resultado. Pasó a ser el punto de partida.
Escuchándola, uno tiene la impresión de que las experiencias que recuerda con más emoción no fueron planificadas como proyectos extraordinarios. Fueron creciendo de manera casi natural porque existía una comunidad dispuesta a hacerlas posibles. El restaurante escolar, el Camino de Santiago o tantas otras iniciativas aparecen en su relato desprovistas de cualquier gesto de exhibición. Apenas explica cómo se organizaron. Prefiere recordar las personas que las hicieron realidad: los niños que descubrieron capacidades que ni ellos mismos imaginaban, las familias que terminaron sintiendo la escuela como algo propio, los compañeros que compartían el trabajo cotidiano y el barrio que dejaba de ser el entorno del colegio para convertirse en un verdadero espacio educativo.
Quizá por eso resulta imposible escuchar estas experiencias como una colección de buenas prácticas. Lo verdaderamente importante no es que un colegio consiga poner en marcha un restaurante o recorrer el Camino de Santiago. Lo importante es preguntarse qué relaciones hacen posible que una comunidad llegue a imaginar que esas experiencias pueden formar parte de la vida de una escuela.
En ningún momento Vanesa habla de éxito. Tampoco de innovación. Habla de personas. Y ese detalle termina iluminando toda la conversación. Porque, casi sin advertirlo, desplaza continuamente el protagonismo desde la maestra hacia la comunidad. Cada logro pertenece siempre a un nosotros.
Es entonces cuando se comprende que la pedagogía de la que habla no empieza en una metodología. Empieza en una manera de relacionarse con los demás. Las técnicas llegarán después. Los proyectos también. Pero ninguno de ellos tendría sentido si antes no existiera una comunidad capaz de sostenerlos con confianza, cooperación y cuidado.
Quizá por eso el encuentro con el Movimiento Cooperativo de Escuela Popular no aparece en la conversación como un descubrimiento repentino, sino como el paso siguiente de un camino que había comenzado muchos años antes. Después de buscar, experimentar y aprender junto a otras personas, Vanesa encuentra una comunidad donde seguir haciéndose preguntas, compartiendo dudas y construyendo respuestas colectivas. No llega para encontrar un método. Llega porque reconoce en otras maestras y otros maestros la misma manera de entender la educación que ella había ido construyendo desde la experiencia cotidiana.
Al escucharla, resulta evidente que esa comunidad no sustituye a la escuela. La prolonga. La conversación que empieza en el aula continúa en los encuentros, en los congresos, en los talleres y en el intercambio permanente con otros docentes. La cooperación deja de ser únicamente una forma de organizar el aprendizaje del alumnado para convertirse también en una forma de crecer como maestra. Aprender con otros pasa a ser inseparable de enseñar con otros.
Hay un momento de la entrevista que resume con una extraordinaria sencillez todo ese recorrido. Vanesa explica que en el CEIP Núñez de Arenas sintió que había encontrado «su lugar en el mundo». Poco después añade que, al llegar al MCEP, encontró «su planeta en el universo». La imagen nace espontáneamente, pero ilumina toda la conversación. Primero encontró una escuela donde pudo desarrollar plenamente su manera de entender la educación. Después encontró una comunidad donde esa manera de vivir la escuela dejaba de ser una experiencia individual para convertirse en un proyecto compartido.
Al terminar la entrevista queda la impresión de que la historia de Vanesa habla de mucho más que de una trayectoria profesional. Habla del lento aprendizaje de una mirada. De cómo una maestra descubre que educar consiste, antes que nada, en reconocer a las personas que tiene delante. De cómo la confianza termina siendo más importante que cualquier metodología y la comunidad más decisiva que cualquier proyecto.
Tal vez ésa sea una de las enseñanzas más profundas que deja su relato. Las experiencias educativas que permanecen en la memoria rara vez lo hacen por su originalidad. Permanecen porque transforman la forma en que las personas se relacionan entre sí. Los proyectos pasan. Incluso las mejores ideas evolucionan o desaparecen. Lo que permanece son los vínculos que han sabido crear y la confianza que han dejado como herencia.
Escuchar a Vanesa es recordar que una escuela no se construye únicamente con propuestas innovadoras, ni con recursos excepcionales, ni siquiera con grandes convicciones pedagógicas. Se construye, cada día, en la manera en que una maestra mira a sus alumnos, escucha a las familias, trabaja con sus compañeros y acepta que también ella sigue aprendiendo.
Quizá por eso, al cerrar esta conversación, uno no piensa tanto en una maestra concreta como en una posibilidad que toda escuela alberga. La posibilidad de convertirse en un lugar donde nadie tenga que demostrar que merece pertenecer porque la pertenencia nace, precisamente, del cuidado, de la confianza y del trabajo compartido. Y tal vez sea ahí, en esa sencilla aspiración, donde la pedagogía Freinet continúa encontrando su forma más viva de hacerse presente.
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Grabación realizada durante el 52 Congreso del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular, celebrado en Xàtiva. Como en cada encuentro del MCEP, el congreso constituye un espacio para compartir experiencias, contrastar prácticas y seguir alimentando una forma de entender la educación que se construye desde las aulas.
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Esta entrevista forma parte de un proyecto del MCEP dedicado a recoger y difundir las experiencias, trayectorias y reflexiones de docentes que mantienen viva una manera de hacer escuela basada en la cooperación, la investigación, la participación democrática y el compromiso con la transformación educativa.