En el marco del 51º Congreso del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular (MCEP), el Espacio Freinet se convirtió en un punto de encuentro para reflexionar colectivamente sobre la coherencia de nuestras prácticas educativas, la vigencia de la pedagogía Freinet y el compromiso ideológico que debe sostenerlas.
La propuesta partía de una base común: algunos textos previos compartidos con las y los participantes. El primero, firmado por Paco Vaquero, planteaba la necesidad de reflexionar sobre la coherencia como valor esencial: cómo y por qué hacemos lo que hacemos en nuestras aulas, y cómo nuestras decisiones se relacionan con nuestro compromiso ideológico. El segundo, de Catherine Chabrun, abordaba el concepto de ciudadanía desde una mirada crítica, recordando que no puede entenderse desligada de la participación activa y del compromiso con la justicia social. Aunque el texto original fue reducido para facilitar la lectura, quedó abierta la posibilidad de acceder a la versión completa. El tercero, de Juan Platero, ofrecía una declaración de principios sobre los fundamentos de la pedagogía Freinet, insistiendo en su carácter liberador y en su oposición a las estructuras de poder que limitan la autonomía del alumnado.
Desde el inicio, Paco Vaquero recordó que el Movimiento de la Escuela Moderna sigue siendo un referente para quienes buscan una educación transformadora, pero alertó de un riesgo creciente: la apropiación de sus técnicas por discursos neoliberales que las vacían de contenido político y las utilizan para “calmar” o “controlar al alumnado”, sin cuestionar las estructuras de dominación. Recordó que “las técnicas Freinet se usan en muchos casos para crear alumnos más sumisos, más tranquilos, justo para lo contrario de lo que en principio es su propósito”, que su sentido emancipador ha sido a menudo ignorado. Frente a ello, reivindicó que la pedagogía Freinet debe mantener intacta su vocación de cambio social, actuando como herramienta de acción y resistencia, alimentando la solidaridad y la conciencia del conflicto, y formando personas inconformistas y rebeldes capaces de diagnosticar y transformar el presente.
La metodología del taller consistió en organizar a las aproximadamente setenta personas asistentes en ocho grupos de trabajo, cada uno partiendo de un caso real recogido en centros educativos. Estos casos servían como punto de partida para identificar el contenido ideológico subyacente y proponer respuestas colectivas desde la perspectiva del MCEP. Surgieron así discusiones ricas y diversas
Uno de los grupos, por ejemplo, debatió sobre una noticia que cuestionaba si niñas y niños debían participar en manifestaciones con pancartas. La respuesta fue clara: el alumnado tiene derecho a expresarse y a participar en la vida social, pero es imprescindible cuidar el proceso por el que llegan a esa decisión, evitando manipulaciones y fomentando que la iniciativa surja de su reflexión y experiencia. Se recordó una de las invariantes pedagógicas de Freinet: “el niño y la niña son de la misma naturaleza que la persona adulta”, lo que implica reconocer su capacidad de acción y de juicio, siempre acompañada de un trabajo crítico y colectivo en la escuela.
Otro grupo trabajó sobre el papel de las calificaciones y el impacto de las notas en la construcción de la identidad del alumnado. Se cuestionó la reducción del aprendizaje a un número y se propuso reforzar la evaluación cualitativa, vinculando a familias y estudiantes en el proceso, separando la calificación de la valoración de aprendizajes y potenciando el trabajo cooperativo. “Frente a nuestra idea de aprendizaje y de persona compleja, el sistema reduce a cada alumno a un dato y responsabiliza individualmente de sus éxitos o fracasos, sin tener en cuenta el contexto”, afirmaron.
El tema del laicismo generó un intenso intercambio. Partiendo del caso de una directora denunciada por retirar un Belén de un instituto, se discutió sobre la presencia de símbolos religiosos en espacios escolares. Hubo aportaciones desde Francia, donde el laicismo es obligatorio y no admite debate; desde Bélgica, donde algunas escuelas católicas se han abierto a todos los credos; y desde España y México, donde la religión sigue teniendo presencia institucional. Las propuestas incluyeron dejar clara la posición ideológica del centro en su proyecto educativo, recurrir a la Constitución y a los derechos humanos, y trabajar el tema desde una perspectiva cultural e histórica que fomente el pensamiento crítico y el respeto a la diversidad de creencias.
Otro de los debates se produjo en torno a la atención a las necesidades corporales del alumnado, a raíz de la frase “¿Se ha hecho pis? ¿Puedes venir a cambiarlo?”. Algunos participantes recordaron que en la Carta de Derechos del Niño de UNICEF se afirma que “el interés superior del menor debe estar siempre por encima de cualquier norma o comodidad del centro”. El consenso fue que los cuidados —incluyendo la atención a necesidades corporales y emocionales— forma parte inseparable de la tarea educativa y deben estar en el centro de la vida escolar, y que negarse a atenderlos supone no solo una mala práctica, sino una vulneración ética y legal.
En cada caso, las respuestas elaboradas por los grupos recogieron la esencia de la pedagogía Freinet: compromiso ético y político, construcción de comunidad, defensa de los derechos humanos, apertura a la diversidad y promoción del pensamiento crítico. Hubo coincidencia en que la neutralidad es imposible en un sistema que fomenta el individualismo y la competencia, y que el MCEP debe sostener sin ambigüedades una ideología de compromiso social y cooperación por el bien común. También se subrayó la importancia de aprovechar las legislaciones vigentes y los marcos internacionales para defender una escuela laica, inclusiva y democrática.

El debate colectivo que cerró el taller confirmó la riqueza de las aportaciones y la necesidad de seguir generando estos espacios. Se insistió en que la neutralidad no existe: “el sistema no es neutral, es profundamente individualista y competitivo, y nosotros no podemos ante eso ser neutrales. Nuestra ideología es la del compromiso social y la cooperación por el bien común”, afirmó una de las intervenciones
El cierre del Espacio Freinet del 51 Congreso dejó claro que, más allá de las situaciones concretas debatidas, lo verdaderamente en juego es preservar la esencia transformadora del movimiento: una pedagogía que no se limita a introducir métodos innovadores, sino que apuesta por una educación comprometida con el feminismo, el ecologismo y los derechos humanos —frente a quienes descalifican estas luchas como adoctrinamiento—; una pedagogía que emancipa, que vincula la práctica con la reflexión crítica y que asume el compromiso de transformar la sociedad, enfrentando las estructuras injustas. Una educación que forma personas críticas, solidarias y libres; que construye comunidad y defiende la dignidad de todas las criaturas.

El MCEP, como movimiento socioeducativo, reafirma así su singularidad: la de tejer una red de educadoras y educadores que, desde sus aulas y comunidades, resisten la homogeneización, cuidan la vida en todas sus formas y mantienen encendida la esperanza de que otra escuela —y otra sociedad— son posibles.
Nuestro trabajo colectivo no es solo una defensa de la pedagogía Freinet, sino un compromiso con la construcción de una escuela pública, inclusiva, cooperativa y profundamente humana. Porque “solo si el presente puede cambiar, el futuro podrá ser de otra manera”.

