José Luis Alonso: 40 años construyendo escuela cooperativa desde el aula y la dirección

José Luis Alonso Sánchez ha dedicado cuatro décadas a la escuela pública, 18 de ellas en equipos directivos y toda su vida profesional en diálogo con el Movimiento Cooperativo de Escuela Popular. Su itinerario, atravesado por la pedagogía Freinet, recorre el paso de una vocación nacida casi por azar a un compromiso profundo con la infancia, las familias y el trabajo en equipo. Entre el aula y el despacho, entre la lectura y la práctica, su experiencia ilumina los retos y las posibilidades de construir una escuela verdaderamente cooperativa, democrática y al servicio de la comunidad.

Un encuentro que cambia la mirada

En 1974, en un contexto de profundos cambios sociales y educativos en España, José Luis Alonso Sánchez era todavía estudiante de Magisterio cuando, casi por casualidad, visitó el Colegio de Palomeras Bajas, en Madrid. Allí trabajaban docentes como Paco Lara y Paco Bastida, que comenzaban a poner en práctica las técnicas de Célestin Freinet. Lo que encontró —asambleas vivas, participación real del alumnado, organización cooperativa del aula— transformó de raíz su manera de entender la escuela y marcó el inicio de una trayectoria profesional de cuarenta años, 18 de ellos en equipos directivos, estrechamente vinculada al Movimiento Cooperativo de Escuela Popular y a la tradición de la pedagogía Freinet.

José llegó a la enseñanza “de rebote”, como él mismo reconoce. Las circunstancias socioeconómicas familiares le llevaron a elegir entre Magisterio o Enfermería; optó por la primera opción por ser una carrera más corta y con prácticas remuneradas. Su imagen inicial del oficio era ingenua: pensaba que ser maestro consistía en “leer el periódico mientras los niños trabajaban”. Sin embargo, el encuentro con Paco Lara y Paco Bastida en Palomeras Bajas, y el descubrimiento de una escuela donde la asamblea, la participación y la cooperación eran reales, desmontó rápidamente esa visión. A través de invitaciones a reuniones del colectivo y de la inmersión progresiva en las técnicas Freinet, comenzó un proceso de formación que ya no tendría marcha atrás.

 

El choque entre el deseo y la práctica

Sus primeros años como docente, iniciados en 1975, estuvieron marcados por un fuerte choque cognitivo entre el deseo de ofrecer una escuela democrática, donde el niño decidiera y participara, y la falta de herramientas técnicas para hacerlo posible. La lectura fue un apoyo fundamental en ese tránsito. Obras como “Summerhill” de A. S. Neill, “La sociedad desescolarizada” de Iván Illich, así como los textos de Célestin Freinet o Paulo Freire, abrieron horizontes y ofrecieron un marco ideológico y pedagógico que contrastaba con la escuela tradicional en la que él mismo se había formado. Pero más allá de las lecturas, fue la práctica colectiva la que se convirtió en su verdadero “máster”.

En Getafe, a través de una asociación de padres vinculada a un colegio público tradicional pero con inquietudes transformadoras, participó en la creación de un club de tiempo libre. Allí aprendió a organizar asambleas, a respetar las individualidades, a mezclar expresión, barrio y familia, y a comprender la educación como un proceso comunitario. Esa experiencia, unida al trabajo en equipo con otros docentes, supuso en sus palabras, un verdadero “máster” que le permitió ir superando la etapa inicial de inseguridad. Si los cuatro primeros años fueron de búsqueda y tanteo, a partir del séptimo empezó a consolidarse una práctica coherente, especialmente al coincidir con un grupo de maestros y maestras con los que compartía mirada y compromiso.

 

El MCEP como espacio de formación y esperanza

Los congresos y encuentros del MCEP desempeñaron un papel decisivo en ese proceso. Más que ofrecer recetas, proporcionaban esperanza: la certeza de que otra escuela era posible. En aquellos espacios de intercambio se debatía sobre lectoescritura, matemáticas, organización del aula, educación emocional o investigación del medio; se compartían materiales y se analizaban fracasos y logros. La revista “Colaboración”, nacida en el seno de la entonces Asociación para la Correspondencia e Imprenta Escolar (ACIES), recogía prácticas reales de aula y alimentaba el deseo de publicar, de pensar la práctica y de trasladar los debates a la esfera pública. Aunque José se reconoce inseguro en sus inicios para escribir, participó activamente en talleres como el de Lenguaje, 0 a 8 años, Matemáticas y, más adelante, Coeducación. Para él, el “taller” no era un seminario académico, sino un espacio práctico y cooperativo donde el conocimiento se construía en común.

 

La dirección: de la burocracia al compromiso

De sus 40 años de trayectoria, 18 estuvieron dedicados a tareas directivas. Inicialmente asumió la secretaría por razones personales y familiares, coincidiendo con el nacimiento de sus hijos y una reducción de jornada. Lo que comenzó como un trabajo técnico y burocrático evolucionó hacia una reflexión más profunda sobre el sentido de la dirección y fue transformándose en una oportunidad para incidir en la organización del centro. La transformación demográfica del entorno —fusiones de centros, reducción drástica de alumnado, integración de claustros con culturas pedagógicas distintas— convirtió la gestión en un espacio estratégico desde el que intentar garantizar coherencia, continuidad y justicia en la organización del centro. Para José, ser director solo tenía sentido si servía para beneficiar a la comunidad educativa. No se trataba de ocupar un despacho para “vivir mejor”, sino de organizar horarios, apoyos y distribuir recursos con criterios de equidad, de manera que las decisiones favorecieran a los grupos más vulnerables y sostuvieran un proyecto colectivo.

Esa visión implicaba tensiones con parte del claustro y, en ocasiones, con la inspección. Sin embargo, entendía que el trabajo directivo debía estar al servicio de la sociedad. No somos, decía, funcionarios de la autoridad sino de la ciudadanía. Escuchar a las familias, facilitar procesos de escolarización, acoger situaciones complejas y evitar que la burocracia se convierta en una barrera eran formas concretas de traducir la pedagogía cooperativa al ámbito institucional.

 

Las cartas del director y el “li(br)o” de una vida

Durante sus años en la dirección, en la revista trimestral del centro, en la que cada aula compartía experiencias,  publicaba una carta abierta a la comunidad. Esas “cartas del director”, escritas con un lenguaje cercano, se convirtieron en un espacio accesible de reflexión sobre la evaluación, la participación, el respeto a los procesos infantiles y la colaboración con las familias. Con el tiempo, y ya en la jubilación, decidió recopilar esas editoriales y acompañarlas de una reflexión más amplia sobre su concepción de la educación. El resultado fue un libro cuyo título juega con el lenguaje y con el apellido pedagógico que ha marcado su vida: “el li(br)o de un maestro algo fre(i)nético”. En él aborda cuestiones fundamentales que toda persona educadora debería plantearse: qué imagen de infancia sostiene, desde qué posición se relaciona con el alumnado —desde la autoridad o desde el respeto—, qué entiende por enseñar y aprender, cómo garantizar la coherencia entre discurso y práctica, qué sentido tienen los exámenes, los deberes o la organización del aula.

La trayectoria de José Luis Alonso Sánchez es, en definitiva, la historia de una formación permanente construida en colectivo, de una práctica revisada a la luz de la experiencia y sostenida por el compromiso con una escuela pública democrática. Su recorrido demuestra que la pedagogía Freinet no es un conjunto de técnicas aisladas, sino una manera de entender la educación como una tarea cooperativa, crítica y profundamente humana. Su experiencia reafirma que el trabajo en equipo, la coherencia institucional y la participación real de la comunidad son pilares imprescindibles para construir esa escuela pública democrática.

Para las escuelas infantiles, los colectivos educativos y las entidades afines al enfoque Freinet, su testimonio subraya la importancia del trabajo en red, de la coherencia entre discurso y práctica y de la convicción de que cada decisión organizativa tiene un impacto directo en la vida de niños, niñas y familias.

En tiempos de nuevos desafíos, recuperar estas voces y experiencias no es un gesto de nostalgia, sino un acto de responsabilidad y de continuidad con un movimiento que sigue construyendo, día a día, una escuela popular al servicio de la comunidad. Es, también, una invitación a sostener, actualizar y compartir un proyecto que permanece vivo: poner la educación al servicio de la infancia y de la sociedad.

One thought on “José Luis Alonso: 40 años construyendo escuela cooperativa desde el aula y la dirección”
  1. Muchas gracias, José Luis, por regalarnos esta historia de maestro tan lúcida y sugerente. Desde ese «master de maestro», gracias a actividades educativas fuera de la escuela reglada, hasta las cartas y el libro «freinético, pasando por las ideas de fonso sobre el trabajo educativo como algo colectivo y a largo plazo, me he sentido muy retratado en muchas de las cosas que dices, en casi todas, incluso las que tienen que ver con la burocracia y el trabajo en el quipo directivo.
    Para mí eres un referente de honestidad y capacidad. ¡No está malpara alguien que pensaba que iba a leer el periódico y poco más!

Comments are closed.