Escribo estas líneas con cierta desolación ante lo que se nos avecina. Releo lo que el director de educación de la OCDE Andreas Schleider dijo no hace tanto en una entrevista concedida a un muy conocido diario de nuestro país, y me sorprenden sus elogios del interés chino por la educación, que básicamente parecen resumirse en haber lanzado una plataforma gratuita de aprendizaje en la nube con 7.000 servidores y 90 terabytes, lo que permite que cincuenta millones de estudiantes se conecten simultáneamente. Me alucina lo que dice nuestro ministro de universidades Manuel Castells advirtiendo que el esfuerzo realizado en la enseñanza online abre una inescapable vía de futuro y que tenemos que acostumbrarnos a una enseñanza bimodal; que al profesorado no le queda más remedio que reciclarse y adquirir las denominadas competencias digitales. Me espanta, en fin, observar la alegría de quienes parecen encantados con la teleducación, y que parece estuvieran escondidos esperando a que una pandemia nos arañase, feroz, para decir a continuación que en realidad no la necesitábamos para constatar que nuestro mundo ya era digital. Muchas facultades universitarias idearán de inmediato formas para impartir certificados de competencia digital a sus profesores, y acabarán por solicitar dicha competencia a los candidatos a serlo. No importará ya ni el tamaño de sus bibliotecas ni la calidad de sus lecturas.
Fernando Bárcena, catedrático de Filosofía de la Educación en la UCM
https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/06/04/que-significa-dar-una-clase-sobre-profesores-y-estudiantes/
Una de las grandes conclusiones de mi experiencia docente en tiempos de confinamiento es la necesidad del contacto directo con el alumnado en la clase, en el pasillo, en la tertulia en el patio, las miradas cómplices o esquivas a la entrada y salida del Centro.
También me gusta mucho esa idea de la clase y la lectura como lugar donde recuperar el pasado: «Ya está todo dicho», les recuerdo continuamente, para intentar bajar «los humos» a adolescentes que se creen el centro del mundo. En un sentido lo son, pero lo serán más todavía si dialogan con los que les precedieron. Y el acceso a ello está en la lectura pausada, en esos valores que este artículo defiende con tanta emoción.
Maravillosa y necesaria exposición. Esos cuidados tantas veces no nombrados.