… Y se quedaron sin el mar, sin los textos, casi sin las palabras

La maestra freinetista Teresa Fraile en 1935 con sus alumnas – Montejo de la Sierra (Madrid)

SUEÑOS
-¿Dónde está el niño?
-Soñando- respondió la madre.
– ¿Ya está durmiendo? Es muy pronto.
– No está en la cama.
– Entonces ¿dónde se ha metido?
– En el desván.
– ¿Ahí? Está lleno de cachivaches.
– Sí, y de sueños….

Salvador Roble

 ¿Qué pasó con todos esos niños y todas esas niñas que iban a las escuelas Freinet?

Sabemos algo de lo que les pasó a sus maestras y maestros, sabemos que  fueron  víctimas de los fusilamientos,  el exilio y la depuración.

Pero… ¿y aquellos cientos de ojos que cada día investigaban, reían, escribían textos y se desarrollaban como seres humanos?

Sabemos algo. Sabemos que hubo quienes subieron a barcos y trenes con la maleta vacía de afectos y cargada de miedo y dolor. Y fueron repartidos por Francia, por Rusia, por México y por otros países.

Sabemos algo. Sabemos que otros llegaron a escuelas donde encontraron amor, afecto y acogida… como quienes llegaron a la Escuela de Elise y Celestin Freinet, aquella escuela modelo y referente de nuestros maestros y maestras republicanos.

Alumnos del maestro Benaiges en Bañuelos de Bureba en 1936

Sabemos de la mayoría de ellos y ellas que se quedaron por los pueblos y ciudades de aquella España de guerra y postguerra. Se quedaron encerrados entre las paredes de las escuelas franquistas, sin aire, sin habla, sin posibilidades de ser. Se quedaron con las preguntas guardadas bajo cementos, se quedaron con la conversación prohibida, con palabras tachadas para casi siempre, con el ruido doloroso de los silencios, con la mirada que quería saltar muros y fronteras. Se quedaron con la boca seca, con las estanterías censuradas, con los crucifijos colgados. Se quedaron con la mente llena de huesos secos y de hambre, se quedaron con frío, con sed, exiliados de la vida, y condenados a otra que en nada se parecía a la que habían vivido esos maravillosos años de escuela.

Y, como nos cuenta la peli, se quedaron sin mar, sin ese  mar que cada día llenaban de risa, de luz, de música, de ciencia, de palabras, de sueños, esas maestras y maestros que, como Celestin y Elise Freinet, aprendían cada día a mirar y escuchar a los ojos y los corazones de esas criaturas.

Hoy, algunas de las personas a las que la vida les regaló un pequeño (o grande, según se mire) paseo por esas escuelas Freinet, recuerdan y nos cuentan, todavía con brillo en sus ojos, algunas de las vivencias, experiencias y sensaciones que vivieron en un curso, dos , tres … de su vida escolar.

Y nos dicen con el corazón rebosante y la voz emocionada que…

En aquellas escuelas Freinet se hacía pensando y se pensaba haciendo.

En aquellas escuelas Freinet había un respeto natural, se hacían asambleas y, cuando se tomaba la palabra, todos se escuchaban.

En aquellas escuelas Freinet  la vida pasaba conversando, se comunicaba y se compartía, hablando, escribiendo.

En aquellas escuelas Freinet la imprenta estaba llena de vida con los textos de las niñas y niños, con sus textos libres.

En aquellas escuelas Freinet aprendían de cada una de las personas, tuvieran a la edad que tuvieran.

En aquellas escuelas Freinet los afectos, los cuidados, las emociones podían salir, expresarse, dolerse.

En aquellas escuelas Freinet se reía y lloraba.

En aquellas escuelas Freinet el arte era otra forma de expresión, se pintaba, se recitaba, se bailaba, se componía vida y sueños.

En aquellas escuelas Freinet la cooperación era el camino, lo colectivo era la meta.

En aquellas escuelas Freinet  las puertas estaban abiertas de par en par para que la vida de alrededor entrara y caminara entre la imprenta, el gramófono, los sonidos y los corazones que allí latían.

En aquellas  escuelas Freinet el entorno era también la  escuela…

Y nos cuentan que muchas noches, durante más de cuarenta años siguieron subiendo al desván de su casa (o de su vida), para tocar (se atrevieron muchos años después a abrirla) aquella maleta que consiguieron rescatar de las hogueras y dolores que les rodearon cuando aquellas maestras y  maestros desaparecieron, llevándose entre sus dedos abrazos, vivencias, mares y horizontes.

Afortunadamente hay repartidos en nuestra geografía maestros y maestras que con ganas e ilusión, siguen haciendo ese tipo de escuela Freinetista. En España forman el M. C. E. P. (Movimiento cooperativo de Escuela Popular)

Lupe Pérez (MCEP Madrid)

 

Película «El maestro que prometió el mar». Basada en la historia real de Antoni Benaiges

3 thoughts on “… Y se quedaron sin el mar, sin los textos, casi sin las palabras”
  1. Como siempre, Lupe nos lleva de su mano amorosa a ver, reflexionar e incluso soñar con la escuela ideal.

  2. Emoción, porque está escrito desde el corazón y desde la razón.
    ¡Cuánto me hubiera gustado pertenecer, en mi etapa escolar, a una de esas escuelas!

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